Suplementos | Todas las palabras de Jesús estaban llenas de gracia y eran muy bien recibidas ¿Qué dijo? Todas las palabras de Jesús estaban llenas de gracia y eran muy bien recibidas por la gente Por: EL INFORMADOR 19 de febrero de 2011 - 13:19 hs Todas las palabras de Jesús estaban llenas de gracia y eran muy bien recibidas por la gente, especialmente cuando contaba historias de la vida diaria; no pocas veces la gente se iba a sus casas reflexionando, o recordando las historias que el Maestro les había contado; incluso en algunas ocasiones se habían asombrado de la manera tan sabia en que contestaba a las preguntas de los doctores de la Ley, muchas de las cuales estaban impregnadas de astucia y trampas para hacerlo caer en algo de lo que lo pudieran acusar. Con todo, Mateo 5, 38-48 nos relata una ocasión en la que las palabras de Jesús causaron alboroto y revuelo entre la gente, al grado de que muchos probablemente se preguntaron ¿qué dijo?, refiriéndose a que no creían haber oído correctamente las palabras de Jesús. ¿Cuáles fueron esas palabras? El Maestro dijo: “Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Yo, en cambio, os digo: ‘Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen’”. Hasta ese día, era evidente que la Ley les permitía amar al prójimo, y de alguna manera también era aceptable tener rivalidad con los enemigos. En ese tiempo, la nación entera vivía bajo la opresión de alguien que estaba muy cerca de ser considerado enemigo, por lo que era muy natural entre todos los judíos experimentar sentimientos adversos contra los romanos. Por eso las palabras de Jesús fueron tan revolucionarias. Él no dijo “toleren a sus enemigos” o “tengan algo de simpatía por ellos”, ni siquiera dijo “busquen aquellos puntos de concordancia, y sean flexibles y tolerantes con ellos”. De hecho, había un acuerdo entre Roma y los judíos, por medio del cual se les concedía autonomía religiosa (eximiéndolos de adorar a los dioses romanos), y una forma de gobierno local, bajo la supervisión de procuradores romanos. Esta condición podía considerarse como una forma de convenio entre conquistadores y conquistados, y para muchos era más que suficiente para demostrar cierta deferencia hacia sus enemigos. Pero Jesús fue más allá. Él ordenó amar a los enemigos. Claro, conciso, contundente. Sin ambigüedades, ni falsas interpretaciones. No hay vuelta de hoja, ni siquiera es una sugerencia, se trata de todo o nada; si queremos estar con Jesús, es necesario creer y obedecer todas y cada una de sus palabras. El punto es ¿por qué nos pide algo que está en contra de nuestra naturaleza?, ¿por qué llevar las cosas a tales extremos? Quizá la respuesta está en la pregunta misma: se trata de ir contra de “nuestra naturaleza”. Nuestra naturaleza es aquello que nos nace de pronto, lo que nos viene fácil. Algo así como la respuesta más frecuente que tenemos hacia las cosas que nos pasan, como por ejemplo gritar a quien nos grita, o maltratar a a quien nos maltrata. Sin embargo, algunas de las cosas que “nos nacen”, que hacemos sin pensar, después se convierten en dolores de cabeza, como cuando respondemos incorrectamente a algo quenos irrita, y luego nos sentimos culpables por ello. Aunque Jesús murió en la cruz por salvarnos de la condenación eterna, después de que nos salva tiene en nosotros una tarea formidable: cambiar nuestros impulsos y pensamientos, por la manera en que Él vivió aquí en la tierra; por eso dijo: “Les he dado ejemplo, para que como yo hago, así también ustedes hagan”. A partir de que lo conocemos de manera personal, Jesús inicia un proceso para convertirnos en hijos obedientes de Dios, de la manera que Él lo fue, y eso incluye conquistar nuestras reacciones en contra de los enemigos y convertirlas en amor. Angel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones