Domingo, 02 de Noviembre 2025
Suplementos | Jesús alentaba a sus discípulos para que se mantuvieran haciendo lo que deberían hacer

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El dueño de una casa se fue de viaje, y encargó a sus sirvientes para que todo estuviera en orden cuando regresara

Por: EL INFORMADOR

El dueño de una casa se fue de viaje, y encargó a sus sirvientes para que todo estuviera en orden cuando regresara; el asunto es que no les avisó el día y la hora en que regresaría, sino que simplemente les pidió que estuvieran atentos para cuando volviera, no fuera que los encontrara dormidos y sin haber hecho la tarea que les correspondía. Esta historia, contada por Jesús, alentaba a sus discípulos no sólo para que esperaran el regreso de su Señor, sino para que se mantuvieran haciendo lo que se supone deberían hacer.

Algo que me llamó la atención cuando leí la historia en San Marcos 13, 33-37 fue que cuando Jesús mencionó las posibilidades del regreso del dueño de la casa, se refirió a las partes en las que se dividía la noche, las cuales eran llamadas vigilias: anochecer, medianoche, canto del gallo y madrugada. La costumbre judía dividía la noche en cuatro períodos de tres horas cada uno, comenzando a las seis de la tarde, hora oficial del inicio de la noche, de manera que el anochecer comprendía de seis a nueve de la noche, la parte de la medianoche abarcaba de las nueve a las 12, mientras que el canto del gallo se daba entre las 12 y las tres, y la vigilia de la madrugada se contaba entre las tres y las seis de la mañana, al final de la cual se anunciaba el inicio del día.

Es obvio que el dueño de la casa podría volver en cualquier momento, incluyendo las 12 horas que duraba el día, pero el énfasis del Señor estuvo en las 12 horas que dura la noche. ¿Por qué? Porque durante el día tanto el portero como los siervos podrían fácilmente percibir el regreso del dueño de la casa, y pretender que estaban haciendo su tarea, pero por la noche no sería tan sencillo hacerlo.

Al considerar la historia, y poner atención en los detalles, nos damos cuenta de que, por lo general, durante la noche la gente descansa, y si es despertada repentinamente, posiblemente sea tomada por sorpresa, pero si hizo su trabajo durante el día, no hay razón para reprenderla; por otro lado, quien no ha hecho su trabajo durante el día, no sólo será despertado repentinamente en la noche,sino que además quedará en evidencia que no ha hecho la voluntad de su señor.

La lección subyacente en esta historia es que los siervos que desean agradar a su Señor, tienen que vivir de un manera diferente al resto de la gente, la cual vive para sí, ajustando sus horarios y prioridades a ellos mismos, sin tomar en cuenta la voluntad divina. Es evidente que durante la noche toda la gente duerme (incluyendo a los siervos que trabajan adecuadamente para su señor), pero la diferencia implícita es lo que cada uno de ellos hizo durante el día, y es aquí donde el grupo se divide en dos: unos se comportaron de manera que hicieron la voluntad de su Señor, mientras que otros simplemente vivieron para ellos mismos.

El uso de nuestra vida, nuestro tiempo y nuestros recursos demuestra claramente si estamos tomando a Dios en cuenta para ello, o si simplemente estamos viviendo como si nunca fuéramos a dar cuenta de lo que se nos ha dado.

Es muy probable que nuestro encuentro con Dios se va a dar de manera inesperada, lo que coincide con la idea de que será en una de las vigilias de la noche, pero aunque sea así, no necesariamente tiene que tomarnos por sorpresa. La recomendación que Jesús hizo a sus oyentes fue que velaran, es decir que estuvieran atentos. Personalmente creo que la idea de velar no significa que no durmamos nunca, sino que nos mantengamos constatemente enfocados en que hemos de vivir conforme a la voluntad de Dios, participando en su obra, ya que esa es su voluntad para nosotros. Viviendo así, seremos hallados como siervos fieles, que estuvieron preparados para el   regreso de su Señor.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com       

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