Suplementos | El seguimiento de Cristo es siempre un llamado a la conversión Primero llevar la cruz, después vendrá la gloria El seguimiento de Cristo es siempre un llamado a la conversión Por: EL INFORMADOR 7 de septiembre de 2013 - 23:17 hs Cruz atrial del templo de San Sebastián de Analco. EL INFORMADOR / LA PALABRA DE DIOSPRIMERA LECTURA:Sabiduría 9, 13-19 “Sólo con esa sabiduría lograron los hombres enderezar sus caminos y conocer lo que te agrada”. SEGUNDA LECTURA:San Pablo a Filemón 9-10. 12-17 “Por tanto, si me consideras como compañero tuyo, recíbelo como a mí mismo”. EVANGELIOSan Lucas 14, 25-33 “El que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. GUADALAJARA, JALISCO (08/SEP/2013).- Porque el hombre es libre, Jesús, el Hijo de Dios, invita pero no impone su autoridad para que lo sigan. En este domingo XXIII ordinario, el evangelista San Lucas narró que “en aquel tiempo caminaba con Jesús una gran muchedumbre”. Lo seguían porque era un profeta poderoso en obras y en palabra, y muchos de ellos habían sido favorecidos por los sorprendentes milagros que brotaban de sus manos, o porque todavía esperaban algo de Él. En el caminar de ese día hizo un acto para dejar caer sobre ellos, para ellos, para todos, una enseñanza luminosa con proyección hasta el fin último del hombre, creado por Dios para ser eterno y eternamente feliz. Hablo de otra manera de caminar, que es vivir. Porque cada minuto, cada hora, cada día, es algo que atrás se deja para ya no volver a tenerlo, pues adelante, y siempre adelante, es la dirección de esto que como vida se conoce. Y la mejor manera de caminar —de vivir— es seguir a Cristo. Mas Él solamente invita. Cada ser humano lleva en su mano el timón de su propia nave. Seguirá a Cristo quien quiera seguirlo. Éste es el profundo misterio de la justificación. Cómo, en un asunto tan grave como es la propia salvación, entra en juego, en forma determinante, la libertad del hombre: si él quiere y si así lo quiere, poner luego los medios para lograr su salvación. El seguimiento de Cristo es siempre un llamado a la conversión, y ésta es cambio, renuncia, verdadera generosidad, lo mismo que total entrega. Es duro seguir a Cristo. Quien afirme que es fácil, es señal que no lo ha seguido en verdad, porque antes debe llegar un desprendimiento. El evangelio de este domingo induce al cristiano a entrar dentro de sí, a examinarse; a ver si su seguimiento de Cristo es de verdad, y a hacer un balance espiritual de su vida. Jesús llama a la renuncia e invita a llevar la cruz y a seguirlo. Primero llevar la cruz, después vendrá la gloria. José R. Ramírez M. VOX POPULILa Cruz La cruz que surge como un instrumento de tortura en muchas civilizaciones, se transforma, en la cultura cristiana, en instrumento de redención, llegando a ser juntamente con la muerte, el sufrimiento y la sangre uno de los términos esenciales que sirven para evocar la salvación, particularmente para los creyentes en Cristo. A lo largo de la historia de la Iglesia, el misterio de la cruz no se ha dulcificado, ya que es el que nos ayuda a entender el significado de todo lo que encierra el misterio de la redención, efectuada por Cristo. Antes de la pascua era Jesús el único que afirmaba su necesidad, para obedecer a la voluntad del Padre. Después de pentecostés los discípulos, que han visto al resucitado, proclaman a su vez esta necesidad de la cruz, quitándole la connotación de escándalo para darle aquella que Cristo tuvo, donación para salvación de los hombres. La cruz no es sólo un sufrimiento del hombre, es visto desde la óptica de Cristo, el camino del creyente, y es sólo así que se entienden las frecuentes alusiones de Cristo a la cruz, aun antes de padecer en el monte Calvario, porque él ha entendido, que es el único camino cierto al cumplimiento de la voluntad del Padre, que nos lleva a la gloria de la resurrección, como lo refiere el texto de san Lucas: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. Cruz atrial del templo de San Sebastián de Analco El templo de San Sebastián de Analco es una de las primeras edificaciones de la metrópoli tapatía que aún conserva la cruz conventual, propia de las misiones de los frailes mendicantes. Colocada nuevamente en el espacio del atrio, como muchas de las cruces de este tipo, conserva los símbolos propios de la crucifixión, corona de espinas, clavos, el letrero superior INRI, y bellos labrados sobre la piedra, colocada en una peana también de piedra. Esta cruz data de la segunda mitad del siglo XVI. Hoy por hoy el testimonio de muchos 'creyentes' deja mucho que desear, y es por ello que hay católicos que abandonan su vida de piedad, sus creencias, su iglesia y hasta el mismo Dios. Y es que habiéndose dejado envolver por este mundo enajenante, el cual ofrece una falsa y aberrante felicidad, basada en el poder, el poseer, el placer y el parecer, o tal vez influenciados por la avalancha de corrientes de espiritualidad extrañas a nuestra cultura cristiana, han convertido aquella fe recibida como un gran don en su bautismo, en una caricatura, en una religión ligera, superficial, que busca sólo lo confortable, lo fascinante, lo sensiblemente agradable. Una religión basada en prácticas y ritualismos que no representen esfuerzo, ni sacrificio, y mucho menos renuncia a nada; de arriesgar la vida por la fe, ¡ni hablar! Y Jesús nos habla muy claro y preciso en el pasaje evangélico que hoy recordamos en la Eucaristía dominical: "El que no carga mi cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo"; es decir, el que no acepta los riesgos y las consecuencias que surgen por creer en Él, vivir como Él y seguirlo, no puede ser su discípulo, o lo que es lo mismo, no puede tener parte con Él, en este mundo y en la vida eterna, y Él lo desconocerá en el día final. Cargar la cruz significa pues, el sacrificio y la entrega de la propia vida. La Eucaristía siendo un memorial de la Pasión y muerte de Jesús y así como de nuestra redención, simboliza también la inmolación espiritual del cristiano, la penitencia y la unión con los padecimientos de Cristo, fundamento y raíz de la verdadera alegría. Afirma al respecto el Papa Juan Pablo II, testigo fiel de lo que es cargar con amor y sumisión la cruz: "Símbolo de la fe, la cruz también es símbolo del sufrimiento que conduce a la gloria, de la pasión que conduce a la resurrección. 'Por la Cruz, llegar a la luz': este proverbio, profundamente evangélico, nos dice que, vivida en su verdadero significado, la cruz del cristiano es siempre una cruz pascual..." La cruz es el gran símbolo de la caridad. Tal fue la caridad de Jesús que dio su vida por nosotros, y 'no hay mayor amor que dar la vida por la persona a la que se ama. Afirma el refrán: 'Donde el amor golpeado no suena a sacrificio, no es amor sino egoísmo'. Así pues, el verdadero amor y la auténtica cruz, no la que nos inventamos, sino la que hemos de cargar por el genuino seguimiento de Cristo y el cumplimiento cabal de la voluntad de Dios, están íntimamente relacionados. Seguir a Jesús, ser su discípulo fiel, ciertamente es muy sencillo, ya que basta con confiar en Él, obedecerle y depender de Él, mas, al mismo tiempo es muy difícil, -imposible diríamos, sin su Gracia- precisamente porque es imprescindible esa renuncia a nosotros mismos, a nuestros gustos, caprichos, y todo lo que vaya en contra de su plan de salvación. De nosotros depende… FRANCISCO JAVIER CRUZ LUNA. Temas Fe. Lee También Evangelio de hoy: El justo vivirá por su fe Evangelio de hoy: El inmenso abismo Evangelio de hoy: La lógica del mundo y la lógica del Reino Evangelio de hoy: Alegría, signo de perseverancia y misericordia Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones