Suplementos | Cristo ha venido a predicar el amor de Dios, no ha ser juez entre dos que riñen Pobre avaricia del hombre Cristo ha venido para hacernos descubrir que Dios nos ama, no para establecer quién tiene razón entre dos hermanos que riñen y se despedazan por un puñado de dinero Por: EL INFORMADOR 3 de agosto de 2013 - 23:02 hs ''La seguridad no viene de los bienes, sino de los valores sobre los que se plantea la propia vida''. EL INFORMADOR / LA PALABRA DE DIOSPRIMERA LECTURA:Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23 “Todas las cosas, absolutamente todas, son vana ilusión”. SEGUNDA LECTURA:San Pablo a los colosenses 3, 1-5. 9-11 “Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios”. EVANGELIO:San Lucas 12, 13-21 “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”. REFLEXIONANDO LA FE...¿Qué es la bendición? Es una acción divina que da la vida y cuya fuente es el Padre. La bendición es a la vez palabra y don. Aplicado al hombre, esta acción significa la adoración y la entrega a su Creador en la acción de gracias. El bien que aporta la bendición no es un objeto preciso un don definido, porque no es de la esfera del tener, sino de la del ser, porque no depende de la acción del hombre, sino de la creación de Dios. Bendecir es decir el don creador y vivificante, sea antes de que se produzca en forma de oración, sea posteriormente, en forma de acción de gracias. Pero el paso de la oración de bendición afirma anticipadamente la generosidad divina y expresa la acción de gracias. La acción de bendecir es remontarnos a Dios y su generosidad, evoca a la vez una imagen de sana prosperidad, pero también de la generosidad para quien sufre o necesita, desde la benevolencia de Dios. La bendición, como lo conciben los hebreos, es un don de paz, es la razón por la cual estas dos palabras, bendición y paz, suelen estar unidas. Por lo cual también se entiende que el que bendice siempre es Dios y hace brotar la paz auténtica y la vida como un don único de Dios. • Compartir Jesús nos enseña a compartir, y no sólo en el pasaje de este domingo, sino en todas sus intervenciones, Él no puede ser demandado como testigo neutral en una discusión, Jesús siempre toma partido y su decisión es el amor, y todo lo que sea contrario a éste, será rechazado por Él, es así como se entiende que nos invite a saber compartir, y sabiendo lo que implica y significa compartir, hacer de nuestra vida una constante donación de nuestras cosas y de nuestra vida. Este mandamiento del amor, que Dios nos da, no es una recomendación, una bonita sugerencia o algo que enmarca el resto de un discurso, es un mandato, algo a lo que estamos obligados a vivir, por eso es que encontramos un Jesús muy contestatario, aun con ciertos rasgos de regañón, pudiéramos decir, porque con decisión y firmeza, rechaza todo aquello que es contrario al amor, y la avaricia que se apodera de todos los hombres, en mayor o menor grado, nos obstaculiza amar. El diálogo que se suscita entre un hombre y Jesús, termina mal para el primero, éste acude buscando la autoridad de Cristo para reprender al hermano: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Aun cuando la petición solicita que el hermano comparta, Jesús vislumbra la avaricia: “Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?”. Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”. Esta petición sesgada, lleva a Jesús a través de una parábola a identificar la avaricia con la insensatez: “¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’. Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”. • La verdadera riqueza La parábola con la que Jesús quiere disuadir la avaricia del hombre que le invita a ser árbitro entre él y su hermano, presenta una imagen además de clara verdaderamente tajante: “Esta misma noche vas a morir”. Todas sus consideraciones, planes y proyectos se verán truncados esta misma noche. Frente a la muerte, no tendrán ningún valor todos sus balances y acumulados en especie en sus amplios graneros, la obscuridad de la noche hace imperceptibles sus pobres esfuerzos que sólo los condujo la avaricia. Ante esta realidad de la noche, siguiendo con esta imagen, sólo podrán ser perceptibles otros acumulados que no se guardan en graneros y es todo aquello que se desprende del amor: la fraternidad, la alegría, la fidelidad, la generosidad… Y si por casualidad lo estábamos pensando, en esto de ninguna manera aplica la mordida. Estos registros no se llevan en libros contables, no se debe pagar ningún impuesto y mucho menos requieren de un contador, se simplifican en el mandamiento ya dado con antelación por Jesucristo: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo, en esto se resumen la ley y los profetas”. Es necesario dar cuenta de la vida y no de aquello que hemos acumulado, hemos de preguntarnos ¿Qué he hecho con mi vida? • La pobreza del rico El rico de la parábola es despreciado no por su riqueza, sino por su torpeza al equivocar el camino, se sujetó a sus bienes olvidándose de amar, aun cuando la parábola situara la noche de su muerte muchos años después, continuaría comportándose de igual manera, dada su insensatez. No se le acusa por su riqueza, sino el haber divinizado sus bienes, ya que con ellos sustituye el lugar de Dios y muy probablemente el de la familia, los amigos y la sociedad. Con esto Jesús no está enseñando el desprecio de las riquezas y mucho menos alentando la mediocridad a no buscar en el trabajo un sano desarrollo, sino que nos propone la superación como una manera del crecimiento que todos hemos de tener, que ciertamente nos ha de llevar al radical compromiso de vivir el mandamiento del amor. La avaricia empobrece al hombre, lo hace menos hombre, menos humano, incluso inhumano y, por último, lo convierte en ciego y por consiguiente desprovisto de la única luz capaz de aclarar la noche inevitable. DESDE LAS LETRAS¡Está bien! Porque contemplo aún albas radiosas y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas en que tiembla el lucero de Belén, y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas gracias, ¡está bien! Porque en las tardes, con sutil desmayo, piadosamente besa el sol mi sien, y aun la transfigura con su rayo: gracias, ¡está bien! Porque en las noches una voz me nombra (¡voz de quien yo me sé!), y hay un edén escondido en los pliegues de mi sombra: gracias, ¡está bien! Porque hasta el mal en mí don es del cielo, pues que, al minarme va, con rudo celo, desmoronando mi prisión también; porque se acerca ya mi primer vuelo: gracias, ¡está bien! Amado Nervo Temas Fe. Lee También Evangelio de hoy: ¿Acaso Dios encontrará fe en la tierra? 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