Suplementos | Veredas Playa Chileno Lleva su nombre tras un hecho histórico que se cuenta en este espacio Por: EL INFORMADOR 9 de marzo de 2013 - 21:07 hs Descanso. La mezcla de arena, mar y Sol ofrece un escenario ideal para el solaz. EL INFORMADOR / GUADALAJARA, JALISCO (10/MAR/2013).- Al sureste del cerro Los Copales, allá por donde corre el arroyo El Tule, se encuentra la paradisiaca playa Chileno. Un día más en Los Cabos, lo iniciamos en una hermosa playa, que Memo Murillo me la recomendó. Tomamos la carretera a Cabo San Lucas, que nos fue mostrando parajes de lomas, de cerros, de desarrollos, de un campo de golf, de puntas y de mar. Pasando el cerro El Bledito, vimos un campo de golf, que contrastaba con los llanos arenosos, enseguida de unas fincas de Puerto Chileno nos desviamos a Playa Chileno y a una corta distancia llegamos al estacionamiento de la playa, delimitado por una malla, la puerta a la playa, estaba abierta. Unos bambús y unas palmeras nos dieron la bienvenida. Michel Mathes y Andrés Cota nos dicen: “El 17 de febrero de 1822 el navío chileno Independencia bajo el mando de William Wilkinson llegó a Cabo San Lucas. El Independencia y el Araucano, que habían procedido hacia Loreto bajo el mando de Robert Simpson, fueron mandados a aguas mexicanas por el almirante chileno Lord Thomas Cochrane, bajo el pretexto de auxiliar a los insurgentes en las guerras de independencia. En Cabo San Lucas, Wilkinson, con las puertas de cañones tapada y la bandera británica izada, encontró la goleta mexicana de abastecimiento San Francisco Javier, y al rendirse ésta, izó la bandera chilena y la echó a pique. Aquella noche los chilenos marcharon a San José, donde saquearon y quemaron el pueblo. Para evitar más daños, el 25 de febrero, fray José Duró, reunió a los residentes y proclamó la adhesión al Plan de Iguala y la independencia mexicana. Aparentemente esta proclamación satisfizo a los chilenos que partieron para Loreto, donde el Araucano había encontrado bastante resistencia de José María Mata y la tropa del presidio. El episodio chileno termino el 7 de marzo cuando ambos navíos tomaron provisiones en Guaymas y zarparon para Guayaquil”. Volviendo a la playa, de la puerta continua un fabuloso camino de tablas, me recordó a los de Cuyutlán, el camino contrastaba con arenas blancas y serpenteaba con gracia entre palmeras, luego de las palmeras se bifurcaba, a la izquierda conducía a los baños y vestidores (de planta circular y techado en cono por hojas de palma), y a la derecha a las palapas, donde unos bañistas contemplaban el horizonte a la sombra, otros preferían el sol. La infraestructura instalada, la hace una playa modelo, servicios que brindan comodidad e invitan a que el sitio sea más visitado. Ocupamos una de esas palapas y admiramos con gozo aquella playa de arenas blancas, besadas por suaves oleajes azules, azul claro en la orilla y fuerte en lo profundo, manifestándose gamas intermedias, era el Mar de Cortés. En la punta izquierda, se dejaban ver rústicas moradas de El Tule, sombreadas por palmeras. Y en la punta derecha, el cerro Santa María, con sus pliegues rocosos, que acariciaban el océano, tierra adentro, unas yucas le daban vida. Después de apreciar la playa, percibimos su fresca agua y chapoteamos un inolvidable rato. Un catamarán, “Cabo Escape” y un galeón de tres mástiles, “Buccaneer Queen”, fondeaban en la playa, ambos traían a turistas a disfrutar la playa, un área estaba acordonada para nadar. Aparte ofrecen observar ballenas, tours de buceo libre y tours de puesta de sol. Más tarde caminamos rumbo al cerro Santa María, animado por pardelas. En la cima de la primera loma, vimos una escultura prehispánica, sobre un pedestal de piedras aparentes, mirando a la playa. Más adelante apreciamos la playa aledaña, donde varias piedras impedían que llegara el oleaje, espacio cobijado por parajes marinos salpicados de peñas, una pareja percibía sus finas arenas y su novelesco entorno. A Cristina, en un principio no le latió ir a la playa, luego que la conoció, quería permanecer más tiempo en aquel rincón, se quedó encantada, no cabe duda que: “de la vista nace el amor”. PARA SABER Vuelos Los velos a los cabos varían entre dos mil y siete mil pesos, según la aerolínea y disponibilidad. Temas Turismo Pasaporte Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones