Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | Lo sobrenatural y eterno se ha de conquistar con lo natural y cotidiano

''Pasa como las naves, como las nubes, como las sombras''

La cumbre, en el nivel de lo sobrenatural y eterno, se ha de conquistar con lo natural y cotidiano

Por: EL INFORMADOR

''Vivir un poco cada día''. Obra del argentino Rómulo Maccio. EL INFORMADOR /

''Vivir un poco cada día''. Obra del argentino Rómulo Maccio. EL INFORMADOR /

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA:

Amós 8, 4-7


“Escuchen esto los que buscan al pobre sólo para arruinarlo. El Señor, gloria de Israel, lo ha jurado: No olvidaré jamás ninguna de estas acciones”.

SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a Timoteo 2, 1-8


“No hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre Él también, que se entregó como rescate por todos”.

EVANGELIO:

San Lucas 16, 1-13


“El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes.

GUADALAJARA, JALISCO (22/SEP/2013).- De nuevo el mensaje evangélico viene con la sencilla narración de una parábola.

Es una profunda lección sobre el trascendental tema de la propia salvación, asunto personal de cada hombre.

Es misterio, como todo lo de Dios; porque la cumbre, en el nivel de lo sobrenatural y eterno, se ha de conquistar con lo natural y cotidiano.

En la figura del administrador está la historia de cada hombre. Todos han recibido solo por un tiempo y en administración, cuánto son y cuánto tienen: vida, salud, tiempo, dotes personales, inteligencia, las cosas materiales y muchos etcéteras más. Todo para que disponga de ellos en un espacio de años, meses y días; mas llega para cada uno el final y el compromiso de rendir cuentas de esa administración.

Para este momento, que ineludiblemente llegará, se requiere el uso de gran sabiduría, la de los verdaderos sabios que todo lo han dispuesto hacia ese fin.

Un breve espacio temporal es la vida; tiene su principio y su final, porque es temporal. Es decir, está en el tiempo, y todo lo que está en el tiempo no está, no es permanente, sino que va; y en su ir tiene el signo de pasajero, que “pasa como las naves, como las nubes, como las sombras.”

Los peligros que agobian a la presente generación, no son nuevos; son los mismos de hace un siglo y dos y más. Son el desordenado amor a las cosas materiales, y a eso se le da el nombre de materialismo; una insaciable búsqueda de los placeres de la carne, de la vida fácil, del menor esfuerzo, y a esto se le llama hedonismo; y un exagerado aprecio de sí mismo, con menosprecio de los demás, y esto es la soberbia de la vida.

Se la da el nombre de virtudes cardinales, a las cuatro consideradas como los pilares de las demás virtudes morales; prudencia, justicia, fortaleza, templanza.

La ausencia de esos valores se ha manifestado singularmente entre muchos jóvenes, porque una vida fácil, con todo al alcance o por lo menos cercano, les ha impedido elevarse más arriba, al mundo del pensamiento.

Quien sabe pensar ya tiene o tendrá esa virtud, la prudencia, y conforme esta, pensará y actuará.

José R. Ramírez M.

Fidelidad

El poeta español Francisco de Quevedo, expresaba que “sólo el que manda con amor es servido con fidelidad”, ya que la fidelidad no es un compromiso para garantizar el amor, se vive día a día fielmente en razón del amor que se tiene, es el amor el que nos mueve y nos mantiene en la fidelidad, sea del ámbito que sea.

La fidelidad como atributo mayor de Dios, no se ha de desvirtuar en nuestras vidas y muchos menos reducir a criterios netamente tecnológicos, como la fidelidad de recepción de algunos teléfonos, la fidelidad en el sonido e imagen de algunos componentes del hogar, la fidelidad es una expresión del amor y la responsabilidad, primero a nosotros mismos y después a las personas que nos rodean y con quienes vivimos.

La fidelidad es vivir un poco cada día lo que somos y deseamos ser, pero en plenitud, es darle colorido a nuestra vida, en donde se destacan el amor y la responsabilidad, no como una obligación ciega, sino como una expresión de nuestro ser, ya que podemos parafrasear diciendo que la fidelidad tiene un alma que es el amor; y la fidelidad es la prueba del amor auténtico, como Jesús insiste: “El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes”.

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