Sábado, 25 de Octubre 2025
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Navidad es Cristo III

Qué fácil es olvidar este gran misterio y esta gran verdad: Dios, Trino y Uno, vive de manera especial en la persona de los más pobres, despreciados y necesitados

Por: EL INFORMADOR

Qué fácil es olvidar este gran misterio y esta gran verdad: Dios, Trino y Uno, vive de manera especial en la persona de los más pobres, despreciados y necesitados.

Nos encerramos en nosotros mismos, en nuestro propio mundo, y lo que es peor, en nuestra propia religiosidad, y nos pasa desapercibido todo lo que viven y les sucede a los que viven a nuestro alrededor, quizá en nuestra propia casa, en el vecindario, en la colonia, en la ciudad...

Se podría decir que es algo de esperarse de quienes de plano son indiferentes a Dios, por el afán de buscar ser más, de tener más, de destacar más, de gozar más, no tomen en cuenta al Señor y a sus mandamientos, y, mucho menos a los demás.

Pero de quienes  dicen ser cristianos y amar a  Jesucristo, y por ello asisten a Misa regularmente, suelen ser devotos de la Virgen, y rezar diariamente el Rosario y otras devociones, y sin embargo no se preocupan por cumplir el mandato nuevo del amor mutuo,  no se puede más que afirmar lo que la misma Palabra de Dios en la primera Carta del Apóstol san Juan, dice: que son mentirosos; así lo afirma en forma categórica: “El que dice: ‘Yo amo a Dios’, y desprecia a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ve, si no ama a su hermano a quien ve?” (1Jn. 4, 20)
Es pues una incoherencia proclamarse cristiano y llevar a cabo cierto tipo de ritos y prácticas, y aun participar en los sacramentos, y por otro lado permanecer indiferentes a lo que les sucede al anciano moribundo y abandonado; al trabajador explotado; a la muchacha calumniada; a la viuda engañada y estafada; a nuestros hijos necesitados de diálogo, comprensión y cariño; de nuestros vecinos que viven en la desesperanza y en la frustración, etc. El tiempo de Adviento, como preparación a la Navidad es propicio para reflexionar en esto y recapacitar, cambiando de actitud.

Ahora bien, Navidad es encuentro con Jesús, sí; pero no un encuentro con un dios de barro, como el que se pone en el “Nacimiento”; ni tampoco con ese “dios” mercantilista que disque trae regalos solamente a aquellos que los “merecen” porque se portaron bien durante la año; ni con ese “dios mágico” que hace de estas fiestas algo tan especial, con ese “toque de ternura y de nostalgia”; ni con un dios del que nos apropiamos para que nos cumpla nuestros caprichos, sino con Jesús, quien se nos manifiesta en su Palabra, en la Biblia; en la Eucaristía en la que se quedó en el pan y en el vino transformados en su Cuerpo y su sangre; y de manera especial, en los hermanos más necesitados; ¿necesitados de qué? De amor, de un amor concreto en obras de justicia y de misericordia.

El Evangelio de este domingo, destaca a alguien que es modelo y ejemplo por excelencia de amor, entrega y servicio a los demás: María, la madre de Jesús y madre de todos los cristianos (aunque algunos de ellos no lo creen ni la aceptan, porque interpretan o modifican las Escrituras con sus propios criterios o los de otros). Ella en su visita a Isabel, su prima, nos da una muestra de lo que es acudir desinteresadamente en ayuda del necesitado, y sobre todo de hacerlo por amor a Jesús, de Quien, por lo demás, fue portadora al llevarlo en su seno para toda esa familia, con tal impacto y fecundidad, que hasta el mismo Juan el bautista, brincó en el seno de Isabel al sentir la presencia del Salvador.

Es pues urgente que todos los cristianos tomemos conciencia de que la Navidad es Cristo, y denunciemos, al menos en lo que esté de nuestro alcance, la sarta de mentiras y engaños con que se ha envuelto a esta celebración; y la mejor manera de hacerlo, insistimos, es empezar por nosotros mismos, por nuestras familias viviendo auténticamente este acontecimiento en el amor fraterno y renunciando a todo tipo de celebración paganizada que nos arrastre a un consumismo incontrolable. Ésta es una manera adecuada de vivir el tiempo del Adviento, el cual es de preparación para vivir la Navidad.

Francisco Javier Cruz Luna

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