Suplementos | Sergio Oliveira Motor de arranque El caótico tránsito del centro de Guadalajara Por: EL INFORMADOR 12 de diciembre de 2008 - 18:52 hs Uno de los privilegios de trabajar en El Informador es tener la oportunidad de disfrutar el centro histórico de Guadalajara. Estar al lado de edificios que cargan con la belleza que sólo el tiempo les confiere, andar por las amplias plazas como la Liberación y limpiar la vista ante marcos arquitectónicos como la catedral, el ayuntamiento, el teatro Degollado y otros, es un verdadero placer. Al menos lo es cuando ya estamos caminando, con el auto estacionado en algún lugar seguro. Porque mientras llegamos a nuestro destino, el centro de esta Noble y Leal Ciudad nos pude sacar de quicio con tanta facilidad, que más vale que estemos armados de mucha paciencia y, de preferencia, con los vidrios cerrados, el aire acondicionado puesto y una música relajante en el sistema de sonido del auto. Uno de los ejemplos del tránsito en el centro de la ciudad, es la calle Independencia. Y no me refiero a la calzada homónima, sino la calle. Perpendicular a la Calzada Independencia, la calle de mismo nombre encuentra entre su cruce con la Calzada y la calle Belén, uno de sus mayores problemas. Todo se debe a que todos los días, más que nada por las mañanas, algunas decenas de automóviles se estacionan en la acera izquierda de dicha arteria, robando con esto la mitad del espacio para la circulación. Obviamente, el tráfico se pone muy pesado, lo que produce pérdida de horas de trabajo y contaminación. Por no hablar en el aumento del estrés colectivo. La actitud de la gente de aparcar en espacios prohibidos, como lo es toda la extensión de la calle Independencia, viene en función de la necesidad, más que de la rebeldía. Sin embargo, se mantiene debido a la gran posibilidad de que su infracción no sea sancionada. Es verdad que las autoridades, con relativa frecuencia, realizan operaciones de “limpieza” en la zona, en las que, armados con grúas, remolcan a los autos que están mal estacionados, buscando generar con esto, probablemente, un ejemplo para los ciudadanos que cometen la infracción. Desafortunadamente, la medida es inocua. Tanto, que en uno de estos operativos, presencié a un señor aparcando a su Platina justo adelante de las tres grúas que remolcaban autos que cometieron el mismo pecado que él estaba cometiendo. Alguien de una tienda cercana le gritó: “Cuidado. Ahí están las grúas”. El hombre, cerrando su coche y alejándose, contestó sonriendo: “Ya no pueden llevar el mío. Ya están ocupadas con otros”. Claro, la gente ya apuesta por la intermitencia de la acción de la autoridad. Ser multado o tener a su coche remolcado, es una lotería. Como en la mayoría de las veces los infractores salen beneficiados al no recibir ni siquiera una multa, siguen rompiendo la ley. Parte del problema viene exactamente de los lugares que, se supone, ayudan a solucionar la carencia del lugar: los estacionamientos. Al dejar entrar a más vehículos que la capacidad de su local permite, los “maniobristas” sacan a uno de los vehículos a la calle y tapan todo el tráfico detrás de sí, para permitir el acomodo o la salida de otros autos. Esta operación puede durar hasta cinco minutos (tal vez más, es posible que yo haya tenido suerte hasta ahora) y repetirse dos o tres veces en un par de cuadras, en diferentes establecimientos. Este problema hace que un recorrido que en condiciones normales duraría dos minutos o menos (estamos hablando de tres o cuatro cuadras), se pueda transformar en una pesadilla de unos 10 ó 15. Multiplique este ejemplo por una gran cantidad de calles y tendremos una receta perfecta para el caos. Resolverlo no es fácil. Nada lo es. Las autoridades saben qué deben hacer: prohibir el estacionamiento en calles del tipo e importancia de la calle Independencia. Y está prohibido, como debe de ser. Sin embargo, su fiscalización es mucho menor de lo que debería ser para solucionar el problema. Tal vez una operación con grúas hecha todos los días durante un par de meses, lograse educar a la gente que frecuenta el lugar. Pero no sé si existe personal o presupuesto para esto. Exigir a los estacionamientos (y hacerlos cumplir) que sólo dejen entrar a un número máximo de vehículos, para que puedan maniobrar dentro de sus locales y no en la vía pública, seguramente disminuiría el problema. Otra vez, falta fiscalización. Alguien lleno de razón ya dijo que el problema no es la falta de leyes, sino hacerlas cumplir. En este caso al menos, estoy de acuerdo. Porque mientras las multas y los remolques sean más cercanos a la excepción que a la regla, el problema no sólo seguirá vivo, sino en aumento, gracias al irrefrenable crecimiento del número de vehículos en la ciudad. Temas Autos Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones