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Jueves, 15 de Noviembre 2018

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Suplementos | Sergio Oliveira

Motor de arranque

El posible final de una era

Por: EL INFORMADOR

Los actores son los mismos. La trama, también es igual. Los únicos cambios en esta telenovela en que vive la industria automotriz estadounidense es en la actitud de los tres protagonistas, General Motors, Ford y Chrysler, que ahora buscan transmitir una imagen de buenos mozos, luego de salir de la anterior recepción en el Congreso local, como villanos de la película, acusados del pecado de despilfarrar los dólares que piden con vuelos en aviones privados y sueldos multimillonarios.

En esta semana, Rick Wagoner de GM; Bob Nardelli de Chrysler y Alan Mullaly, de Ford, en lugar de tomar sus lujosos y rápidos aeroplanos, fueron conducidos en autos desde Detroit a Washington, una distancia de unos 640 kilómetros en la que, por los precios de un boleto de avión convencional, hubiera sido más lógico volar. También juraron aceptar un sueldo de un dólar por año, aunque no dijeron nada sobre no recibir los famosos bonus, costumbre arraigada en la industria.

Pero nada es exactamente lógico en este drama, como quieren describir los “Tres Grandes” de Detroit (que no se ven exactamente grandes ahora) su situación actual. Primero, porque empresas y Gobierno estadounidense, pelean por dinero para corregir errores que ambos cometieron. Los fabricantes de autos se equivocaron al descuidar su calidad; apostar casi exclusivamente por el mercado local ante una economía cada vez más globalizada; pagar regalías insostenibles a sus sindicatos, como planes de salud que ni el gobierno es capaz de ofrecer y planes de retiro con 30 años de servicio (sin importar la edad) y 90 por ciento del sueldo. El Gobierno, por su parte, incentivó la fabricación de grandes camionetas al mantener demasiado bajos los precios de los combustibles y al exigir menor contaminación a través de una regla (llamada CAFÉ) que miraba el promedio de los vehículos vendidos, no la producción ni el total de autos puestos en el mercado por cada fabricante. Así, para tener derecho a vender una Expedition, Ford ponía en el mercado a un frugal Focus y con esto libraba la ley y lavaba su conciencia ambiental. GM y Chrysler hicieron lo mismo y era lógico. La gente quería autos grandes y poderosos y con la gasolina barata, podía comprarlos y mantenerlos.

Ante la crisis actual, las cosas cambian completamente. Ya no se trata de gasolina cara, porque el precio del petróleo bajó con el menor consumo. Tampoco es un problema de cuidar el ambiente, ya que históricamente la gente no se preocupa con esto realmente, más bien, defiende su bolsillo antes de cualquier otra cosa. La crisis es de crédito y de confianza. El primer problema hace que los compradores de vehículos, principalmente los más baratos y los más caros (los de precio intermedio sufren menos ante esta situación), tengan menos acceso a ellos. El segundo, hace que aún los que pueden comprar, frenen su ímpetu, ante la inseguridad sobre qué pasará en el futuro inmediato.

Extremadamente dependiente de su mercado interno, que en 2006 fue de 17.5 millones de vehículos y para este 2008 se calcula poco arriba de los 13 millones, la industria estadounidense agoniza. GM y Chrysler, principalmente, dicen no tener dinero para enfrentar 2009. GM afirma que sin un préstamo inmediado de al menos cuatro mil millones de dólares, no será capaz de terminar este año. La marca pide un total de 18 mil millones de dólares en préstamos, para sobrevivir en 2009. Chrysler, que pide siete mil millones, habla de nuevo de una fusión con GM, que generaría ahorros, según sus propias cuentas, de entre ocho y diez mil millones de dólares anuales a ambas empresas. El problema es que, de acontecer esa fusión, ya no habrá “ambas empresas”. GM tomaría cuenta de Chrysler para, en el mejor de los casos, dejar viva solo la marca Jeep y las minivanes de Chrysler.

En el Congreso, hay senadores que dudan de la capacidad de supervivencia de Chrysler, caso ésta no se una a otra empresa. Es una duda razonable. No se ve nada, ni en la realidad actual ni en el futuro cercano, que muestre que Chrysler puede sobrevirir a un mercado que algunos estiman puede ser de poco más de 10 millones de unidades el año que viene. No hay un producto salvador, como fueron en su tiempo el K, o los Cab Forward (Neon, Stratus, Cirrus, Intrepid y Concord), o el PT Cruiser, o aun el 300. Tampoco hay nada que ni remotamente recuerde el éxito que tuvieron las miniván en su momento. Ojalá y tengan un as bajo la manga y lo muestren en Detroit, en unos 30 días, si es que sobreviven hasta entonces.

GM tampoco anda bien de las piernas y Wagoner ya ha, finalmente, mencionado la posibilidad de acudir a la bancarrota.

Ford está en una mejor situación, es cierto, pero si el mercado de 2009 es menor que 11.5 millones como ellos preven, también necesitará ayuda para sobrevivir.

Esta ayuda debe venir, bajo amenaza de desestructurar a toda la economía estadounidense. Pero ya sabemos que no siempre las cosas sensatas son las que ocurren y si los congresistas estadounidenses deciden que los “Tres Grandes” no deben recibir dinero, inmediatamente, podríamos estar viviendo, de aquí al final de este mes, el crepúsculo de los mayores fabricantes de autos que jamás existieron. Aunque ojalá y las cosas no sean así.

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