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Viernes, 22 de Noviembre 2019
Suplementos | La controversia de los usados

Motor de arranque

Sergio Oliveira

Por: EL INFORMADOR

Como usted, lector, seguramente ya sabe, a partir de 2009 se abren las fronteras mexicanas a la entrada de los vehículos usados de Estados Unidos y Canadá, con más de 10 años de uso. En 2011 se podrán importar vehículos con más de ocho años de uso, en 2013 con más de seis años y así sucesivamente hasta que, en 2019, la apertura sea total. Esto ha generado protestas y presiones al Gobierno mexicano de parte del sector productivo desde que Vicente Fox, adelantándose al Tratado de Libre Comercio, abrió las puertas del país a los usados con más de 15 años de uso, en 2005. Es natural que existan esas protestas, ya que merman las pesadas inversiones de los grupos instalados en el país. Se estima que desde 2002, han entrado legal o ilegalmente a México, alrededor de 6 millones de vehículos usados originarios de América del Norte. El problema no es sólo de un sector productivo, es de todo el país y de esa manera debería ser tratado por las autoridades.

En esta semana, durante la celebración de la décima segunda edición de la Expo Transporte, el Presidente de la ANPACT, Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tracto-camiones, Juan José Guerra Abud, tocó el tema varias veces. Guerra Abud propone posponer la abertura por dos o tres años, tiempo que sería necesario, según sus cálculos, para crear una estructura de fiscalización de los vehículos que entren al país. Esto sería un filtro para evitar el ingreso de los llamados vehículos chatarra, cuyo daño al medio ambiente es equivalente a la inseguridad que genera en las arterias de nuestro país.

Sin embargo, el Gobierno mexicano parece insistir en mantener lo que está escrito en los acuerdos, independiente de si esto es bueno o malo para el país.
Por más loable que sea mantener la palabra, en función de que se conserva la confiabilidad del país como un todo, lo que facilita acuerdos futuros e inversiones, una cosa no está peleada con la otra. Es decir, se puede abrir las fronteras, tal y cual está escrito en el Tratado de Libre Comercio, lo que no debe hacerse, es dar a estos vehículos usados, privilegio sobre los nuevos que son producidos en México.

Porque usted y yo sabemos que al comprar un auto nuevo, hay que pagar tenencia, IVA e ISAN. Hay también que verificarlo a cada año. Con los usados con más de 10 años, sólo hay que pagar el IVA. Ya no paga tenencia, por su edad. Mucho menos ISAN. Y la verificación, bueno, como en la frontera nada se exige y esos autos, en su gran mayoría, no llegan a la ciudad de México, van circulando sin problemas, como Pedro por su casa.

No está mal dar a quienes menos tienen la posibilidad de tener un vehículo, que es más barato si es un usado importado de Estados Unidos. Pero el hecho de que no haya ninguna fiscalización sobre su estado general, tanto con respecto a las emisiones como a sus condiciones de operación, dejamos que entren al país vehículos que dañan la salud de todos, además de poner en peligro las vidas de mucho en su circulación en calles nacionales. En muchos casos, son vehículos recuperados de pérdidas totales, sea por choque o inundaciones, que fueron rehechos para venderse a muy bajo precio, pensando exactamente en el receptivo mercado mexicano. Es cierto que el Gobierno de Felipe Calderón ya dijo que no se iban a permitir, a partir de enero, el ingreso de esas unidades “chatarra”. El problema es que no dijo cómo se hará esto. Las fronteras mexicanas siguen siendo muy “porosas” y de no crearse una estructura capaz de frenar el paso de esos vehículos, estos seguirán entrando por la puerta ancha.

Lo más grave de todo, empero, puede estar porvenir. Porque hay en la Secretaría de Economía, la idea de permitir también el paso de vehículos usados desde Europa y Japón. Los tratados con los orientales y europeos no contempla la apertura a usados, pero el argumento de la SE es que las leyes internacionales no permiten tratar de manera diferenciada un país de otro. Si esto es cierto, entonces todos los tratados pierden validez, ya que firmarlos con Estados Unidos, Europa y Japón y no con Sudáfrica, por ejemplo, es diferenciarlos. “Todos coludos o…” ya saben a qué me refiero. Si esta idea se concreta, como dirían algunos: “Qué Dios nos agarre confesados”.

Perú, que abrió sus fronteras a los usados en la época de Alberto Fujimori, ya no tiene industria automotriz, ni los empleos e impuestos que esto representa, además de las calles sucias e inseguras con las que tiene hoy que convivir el bello país sudamericano.
Una cosa es ser cumplidos, otra, es ser dejados. Ojalá y sepamos reconocer la diferencia.

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