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Jueves, 14 de Diciembre 2017

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Suplementos | Sergio Oliveira

Motor de arranque

Estemos atentos al futuro de Chrysler

En 1987, la más chica de las compañías estadounidenses productora de automóviles, estaba en problemas. Era American Motors, que había hecho hasta entonces autos muy bien aceptados y que son hasta hoy recordados por muchos, como el Rambler, el Gremlin o el Pacer. Sin embargo, un año antes, las ventas de la empresa habían bajado casi 20 por ciento. Su acuerdo con la francesa Renault, que permitió la fabricación de autos galos en Estados Unidos y el desarrollo de productos exclusivos para el mercado de este lado del Atlántico, como el Alliance, estaba por acabar, debido a que Renault también tenía problemas en su casa. Fue entonces cuando llegó la ayuda que American Motors necesitaba. Chrysler, la tercer mayor compañía automotriz americana, estuvo de acuerdo en inyectar capital en American Motors, para que ésta desarrollara algunas plataformas de autos grandes, pedidos por un mercado sediento por sus autos inmensos y poderosos, que habían quedado en el olvido debido a las crisis del petróleo del final de los años 70. En poco tiempo, empero, la unión llegó a ser lo que todos en Chrysler querían desde el principio, la compra de todas las acciones de American Motors. Una vez que esto se hizo, la línea de productos de esa compañía se transformó en la división Jeep-Eagle, que al poco tiempo se redujo sólo a Jeep.

Ahora, 21 años más tarde, la historia parece repetirse de una manera tan similar, que es difícil de creer. Chrysler se encuentra en serios problemas. Tiene un acuerdo con la Alianza Renault-Nissan, un intento desesperado para llenar uno de sus huecos que es tener presencia fuera de Estados Unidos y en mercados emergentes. Las ventas de Chrysler cayeron 25 por ciento en lo que va del año, un periodo en el que el precio del petróleo llegó a 147 dólares por barril, para volver a cifras por debajo de 60 dólares. En este contexto Chrysler, que ahora es propiedad de Cerberus —una compañía ajena al mundo de los autos— ya que se dedica a los capitales, necesita de ayuda de nuevo. Toda la que pueda conseguir. Y ésta parece venir de nueva cuenta, de un competidor más arriba, en el caso, General Motors.

Hace un par de semanas, llegó a la superficie el rumor de que General Motors y Chrysler están discutiendo una posible fusión. A pesar de que ninguna de las empresas habla del tema, no pasa un día sin que surjan nuevas noticias y especulaciones sobre este asunto. Algunos dicen que la unión es algo tan complejo, que las discusiones preliminares pueden tardar meses. Otros afirman que es tan urgente que debe definirse aún este mes de noviembre. En lo que la mayoría está de acuerdo es que, para General Motors, no tiene sentido absorber a Chrysler para mantenerla viva, ya que la mayoría de sus productos compiten unos con los otros. Como ocurrió con American Motors, el único sobreviviente del grupo Chrysler, podría ser Jeep.

Las implicaciones de esto son muchas. La desaparición de Chrysler implica la pérdida de muchos empleos y de una poderosa fuente generadora de impuestos, tanto en Estados Unidos como en México, país que ha sido, tal vez, la única verdadera fuente generadora de utilidades para la empresa, pero que no tiene el tamaño suficiente para mantenerla viva.

Chrysler es, probablemente, la más “americana” de las compañías estadounidenses. No tiene, como Ford o GM, filiales fuera de Norteamérica que pudieran ser fuente de desarrollo de autos chicos que pide el mercado, sea por el precio del combustible o por arrojar menos contaminantes al aire. Su dependencia del mercado local es absoluta. De ahí que, ante una competencia muy dura como la de los japoneses, y frente a un mercado cada vez más chico, que debe caer de 16.5 millones de unidades vendidas el año pasado a menos de 14 millones este año, no tenga muchas fuerzas.

Todo esto nos debe dejar muy atentos. No es la primera vez que ocurre que el auto que traemos deja de existir, pero es más grave cuando su fabricante desaparece. Ocurrió con American Motors en los años 80, como ya vimos anteriormente. También ocurrió con la inglesa Rover, hace un par de años. Puede ocurrir con Chrysler ahora. Tener hoy un Rover 75 significa haber perdido mucho dinero y adquirido un fuerte dolor de cabeza con la necesidad de refacciones.
El gobierno de George W. Bush parece haber dicho no al pedido de ayuda financiera por parte de GM para completar el acuerdo. Esto pone en espera las pláticas, al menos hasta el próxima martes, cuando se realizan las elecciones para Presidente en la Unión Americana. También vuelve a abrir las puertas para un posible acuerdo con Renault-Nissan, pero Carlos Ghosn ya declaró ver difícil que un acuerdo de este tipo se haga con alguna parte poniendo dinero, a menos que éste el financiamiento, venga de otra parte, como el Gobierno, por ejemplo.

La empresa de la estrella de las cinco puntas, que arrogantemente se deshizo de un rival más chico hace dos décadas, probablemente esté a punto de probar una sopa de su propio chocolate

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