Martes, 09 de Diciembre 2025
Suplementos | La crisis en Estados Unidos es una oportunidad para México

Motor de arranque

Por Sergio Oliveira

Por: EL INFORMADOR

Para pocos es noticia el hecho de que las ventas de vehículos nuevos están a la baja en Estados Unidos. El todavía mayor mercado del mundo, hace un par de años, presumía ventas totales por 17.5 millones de unidades, entre vehículos de pasajeros y camiones ligeros. Hoy, la previsión es que terminen 2008 con ventas por debajo de los 15 millones de unidades. La crisis es consecuencia del mal estado de la economía en Estados Unidos, pero también y tal vez principalmente, por el aumento imparable de los precios del petróleo a escala mundial.

La gasolina en la Unión Americana, aumentó casi cuatro veces su valor en los últimos dos años. Con esto, los consumidores estadounidenses, quienes siempre han preferido los vehículos grandes, con motores poderosos, están inclinándose hacia autos chicos y económicos, rehusándose a pagar un precio por la gasolina que aún es bajo, comparado a Europa, por ejemplo. Hoy en día, la gasolina en Estados Unidos cuesta alrededor de 11 pesos por litro, no mucho más que en México, pero para quienes estaban acostumbrado a pagar tres pesos por litro, es un aumento considerable.

Ese giro que se da en el comportamiento del consumidor de autos en el vecino país del norte, es probablemente el más fuerte de los últimos 50 años, si no el más poderoso en la historia. Está generando un cambio de hábito que obliga a todos los americanos a dejar atrás su costumbre de ser diferente. Ahora deben alinearse con el resto del mundo.

La palabra clave del momento, es adaptación. Los “Tres Grandes”, GM, Ford y Chrysler, tienen que abandonar lo que los había estado alimentando por las pasadas décadas. Las pickups y SUV tienen el mayor margen de utilidad de la industria y por ello, los americanos se lanzaron con todo a fabricarlas. Ahora, tienen que cambiar y hacer lo que hacen los demás.

En este terreno distinto y pantanoso, quien está ganando en la Unión Americana es Honda, empresa que siempre se ha inclinado a hacer coches sensatos, con bajo consumo de combustible, comparado a su competencia.

Para cambiar y estar acorde a los nuevos tiempos, los estadounidenses se ven en la obligación de provocar el cierre de plantas. Hace cerca de un mes, se anunció el corte de la producción de la línea Kodiak, en la fábrica de GM, en Toluca. La planta sigue, empero, produciendo una cantidad relativamente pequeña de pickups Silverado, entre 12 y 15 mil al año. Es tan baja esa producción, que deberá acabarse más temprano que tarde. Esa planta de Toluca, o se adapta, o morirá. Ford, con Cuautitlán, ya hizo el movimiento necesario. Cambió la línea de producción de pickups y camiones ligeros, para el subcompacto Fiesta, lo que ocurrirá en 2010.

Claro que esas decisiones son tomadas en Estados Unidos, pero México tiene amplias posibilidades de conseguir mayores inversiones, si hace una lucha política correcta. Una de las ventajas de México es la calidad, ya comprobada. Otra, la ausencia de problemas con sindicatos, salvo en el caso de Puebla. Otra más es la posición estratégica en función de los acuerdos comerciales con Estados Unidos, Canadá, Europa, Mercosur y Japón, entre otros. Esto hace que producir en México, sea hacerlo en una autopista, lista para entregar la mercancía globalmente.

Al fabricar autos como el Tiida, el Bora o el Fusion, México aumenta sus posibilidades de exportación a Estados Unidos. Hay que recordar que a pesar de la baja, el mercado americano aún es el mayor del mundo. El problema va a ser con las plantas que producen vehículos como las Escalade, en Silao, Guanajuato; o las pickups RAM, en Saltillo.

Pero si bien es cierto que México tiene fuertes posibilidades de mejorar su posición al fabricar autos más económicos, también lo es que Brasil está más preparado para eso que nosotros. Ellos hacen coches chicos en mayor número y podrían ganarnos esa lucha por conquistar una importante rebanada del pastel estadounidense. Tenemos la gran ventaja de la cercanía y del TLC, es verdad, pero si no nos ponemos las pilas en un punto fundamental, que es la infraestructura que nos hace falta (puertos, aeropuertos, carreteras, ferrovías, etcétera), podemos estar tirando a la basura una gran oportunidad de crecer económicamente. Si logramos que el Gobierno invierta mucho —y pronto— en este rublo, lo que tendremos para ofrecer a Estados Unidos en esa su nueva etapa, será tan atractivo, que no tendrán como rehusarlo.

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