Lunes, 24 de Noviembre 2025
Suplementos | Por: Sergio Oliveira

Momento de (e) lecciones

Motor de arranque

Por: EL INFORMADOR

Esta semana comenzó con dos fuertes noticias. Ambas deben ser aprovechadas por sus protagonistas, para hacer una fuerte reflexión sobre el pasado y el consecuente cambio de actitud hacia el futuro, bajo pena de no sobrevivir. Una de ellas es, por supuesto, el comicio que se celebró el pasado día 5 en México, que dejó al PRI mucho mejor parado que antes y transformó totalmente algunas áreas, como la zona metropolitana de Guadalajara. La otra, es el hecho de que la corte de la bancarrota de Nueva York, haya permitido que se vendan los activos de General Motors a la nueva empresa que saldrá de ella, General Motors Co. Ambos sucesos son, para el PAN y para los fabricantes de automóviles en Estados Unidos, una lección y una oportunidad. Ojalá la sepan aprovechar.

Poco hay más saludable para una ciudad, un país o una empresa, que la alternancia en sus puestos altos. El poder cambia mucho la visión y el comportamiento de las personas. Los que a él llegan, con frecuencia a él se aferran. Podemos nombrar a muchos motivos que hicieron que el elector mexicano —y el tapatío en particular—  haya mostrado su descontento con el gobierno del PAN, pero como éste es un espacio sobre autos, nos vamos a enfocar exclusivamente a los temas relacionados con los coches.

México ha sufrido mucho más que otros mercados por la actual crisis financiera mundial. Con la producción interna volcada casi exclusivamente para abastecer a Estados Unidos, la baja de ventas del vecino del norte nos pegó muy duro. Sería el momento de fortalecer el mercado interno, pero lo que vemos es un mercado que se va contrayendo fuertemente, con previsiones de terminar el año cerca de 30% menor de lo que fue en 2008. Muchos países han incentivado la venta de vehículos nuevos, con excelentes resultados. Para no mencionar a Alemania, que sería un ejemplo que algunos podrían descartar en función de la abismal diferencia de capacidad adquisitiva entre ambos pueblos, vamos a hablar de Brasil, que tiene un nivel de desarrollo muy similar al nuestro. En lo que va del año, el mercado interno brasileño no sólo no cayó, sino que creció cerca de 3%. En junio, las ventas fueron para arriba 17.2 %, comparado al año pasado.
Los brasileños ya prevén terminar el año incluso venciendo la barrera psicológica de los 3 millones de unidades. ¿México? Estaremos contentos si vendemos más de 700 mil.

¿Qué hizo el gobierno brasileño? Bajó los impuestos sobre los autos nuevos. El incentivo hizo que la gente comprara más de lo que hubiera comprado, en esta época de incertidumbre. Como resultado, Brasil impulsó los empleos en una de sus fuentes más generosas, ayudó a renovar su parque de vehículos, lo que genera menos contaminación y más seguridad y, por último pero no menos importante, compensó por volumen la pérdida de ingresos que hubiera tenido con la menor venta de vehículos nuevos.

Mientras tanto, aquí  seguimos sin acciones concretas. Seguimos pagando IVA, ISAN y Tenencia, en los mismos porcentajes de siempre.

Por otro lado, General Motors vivió los días más peligrosos de sus 100 años de historia. Y se salvó el mismo día 5 de julio en que aquí se realizaron las elecciones. En la noche de ese domingo, el juez Robert Gerber autorizó la venta de los activos de la empresa a la “nueva GM”, dejando allanado el camino para su salida de la bancarrota. Se temía que la presión ejercida por algunos —que veían en la estrategia del gobierno de Barack Obama una forma de burlar la legislación y nacionalizar a GM— obligara a Gerber a ordenar la liquidación de la empresa, algo sobre lo que el Jefe Ejecutivo de GM, Fritz Henderson, alertó.

Ya libre de esa dura amenaza, queda a General Motors mirar hacia atrás y ver qué hizo para llegar a este estado.

General Motors, al menos los más recientes 30 años, descuidó la calidad, el diseño y el servicio ofrecido en sus distribuidores. Quiso tragarse el mundo y tener un abanico de marcas mayor que el catálogo de una tienda de departamentos. Durante mucho tiempo, miró sin ver, oyó sin escuchar, leyó sin poner atención a las críticas de los medios que probaban sus autos. Peor que esto, dejó que los clientes se alejaran poco a poco, sin hacer nada para frenar o revertir esa tendencia. Su arrogancia no admitía críticas.

Ahora, General Motors tendrá  una segunda oportunidad. Ojalá sepan aprender de sus errores. Esperemos que se hayan cubierto de la indispensable humildad y comiencen a hacer, de nuevo, los magníficos autos que hacían hasta los años 70. Ojalá también, Chrysler y Ford hagan el mismo ejercicio de humildad. Porque el cliente, al igual que el elector, siempre puede comprar un auto diferente. O votar por un partido distinto. Esta segunda semana de julio, nos volvió a enseñar esta lección.

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