Suplementos | Por: toni Guerra Mirar distinto Danza y pincel Por: EL INFORMADOR 20 de diciembre de 2008 - 11:57 hs Los cuadros nacen de la acción de las manos sobre el espacio virgen de la tela con un plan y una coreografía -lo mismo que sucede en el baile- y se desarrollan por medio de un verdadero movimiento danzante. Ritmo, armonía, composición, línea, color, hacen a bailarines y pintores, cómplices de búsquedas y trayectoria. Como el cuadro, la danza es una apariencia o si se prefiere, una aparición viviente. Lo que vemos en ella, es un despliegue de tensiones en interacción continua como sucede en las artes plásticas. A través del baile, un sólo humano puede presentar toda la acción de fuerzas misteriosas flotantes en el espacio, las mismas que son creadas para nuestra percepción y sólo para ella existen. La danza constituye una entidad virtual como el arco iris, que parece estar sobre la tierra y no está en ninguna parte; sólo es visible, no tangible; de ahí su magia. Los bailarines crean la danza como imagen dinámica que nos deleita y lo que se expresa en el baile es una idea (aunque se diga que predomina lo sensible); una idea en la que los sentimientos, emociones y todas las demás experiencias subjetivas vienen y se van. Como cualquier obra de arte, la danza es una forma perceptible que expresa la naturaleza del sentimiento humano a través de ritmos y conexiones, de crisis y rupturas. Su substancia consta de fuerzas no físicas que atraen, impulsan, mantienen y modelan. Las fuerzas físicas reales que poseen, desaparecen como tales en el momento del acto creativo dando lugar al misterio y a otra luz. Si alguien conoce y percibe el espacio y la composición plástica, es un bailarín; con él los pintores podemos hablar de tensiones, ejes, y formas en un cuadro por más abstracto que este sea. El lienzo en blanco es para el pintor, lo que el binomio aire–tierra, es para el que danza. El espacio bidimensional puede convertirse en tridimensional por medio de recursos ópticos y táctiles, si el artista plástico lo desea. Para muchos pintores, la conquista de lo tridimensional es una obsesión que los acompaña durante toda su travesía profesional; para otros, la conciencia de la superficie bidimensional y el abordaje de ella por medio de planos y yuxtaposiciones de color, es lo que los motiva a permanecer en el oficio. Un bailarín también dibuja y traza formas con su cuerpo. La coreografía, escritura de la danza, es el arte de crear estructuras y composiciones en movimiento, dentro de un tiempo limitado. En la plástica, algunas corrientes como el cubismo, el futurismo, o el dinamismo plástico, han intentado introducir la dimensión del tiempo en el lienzo estable. Los móviles de Calder y Munari, así como obras de Vasarely y Bury buscaban elementos dinámicos o por lo menos vibratorios, jugando con artificios de textura que hacen inestable la imagen y de este modo, la dinamizan. El artista que pinta, esculpe o dibuja, puede afirmar que una obra se va construyendo paso a paso como la danza. La construcción suele hacerse en jornadas de trabajo físico constante, que si no son iguales cada vez, el artista debe procurar mantener la armonía, el ritmo y “toque vital” sobre la superficie, con el fin de que la obra, no pierda su carácter expresivo y su unidad en la manufactura. El bailarín, busca un espejo que le refleje los movimientos de su cuerpo externo, con el fin de encontrar las resonancias de lo visto, sentido y vivido en el tiempo y el espacio. El artista plástico trata de encontrar en la tela, papel, arcilla, madera, lente, etcétera, el espejo que le revele lo que no ha visto nunca antes objetivado aunque lo haya presentido. La danza, desde el “aquí y ahora”, nos remonta a vivencias múltiples y nos transporta en el tiempo, representando siempre el pulso del ser humano, y la memoria corporal que todos llevamos dentro. El pintor se detiene a observar, pensar y sentir, si la obra que ha concebido, está lista para la contemplación de otros ojos distintos a los suyos y si lo constata: pasa a firmarla liberándola de su presencia. De alguna manera, le concede la autonomía. En adelante, la obra ya no será suya y solo le habrá pertenecido el proceso mismo de la creación. En la danza, el cuadro que se muestra es viviente, se va construyendo, dibujando, diluyendo y transformando frente al espectador. Son múltiples cuadros, los que forman la composición global. Quizá algunas personas, consideran que la danza y las artes plásticas tienen poco en común, si tomamos en cuenta que a la pintura se le tiene clasificada como una expresión “contenida” en un espacio limitado, mientras a la danza, se le asocia con la libertad y la apertura. Lo que no debemos olvidar es que las manos de un pintor que trabaja dentro de su obra nunca deberán ser esclavas de los ojos, sino compañeras inteligentes que abonarán su luz -sumada a los demás elementos-, con el fin de enriquecerla. “El laberinto es el símbolo de la vida, del ser, de la existencia humana. No se puede escapar de ella y es lo que más tememos. Sólo siendo bailarines y por medio de la danza, sortearemos los obstáculos o detenimientos intentando nuestra propia ‘liberación’”, Hann Trier Temas Tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones