Suplementos | Parte final Mazatlán Disfrutamos un día más en la alegre Perla del Pacífico, lo iniciamos observando complejas conchas Por: EL INFORMADOR 16 de diciembre de 2008 - 05:27 hs Tomamos un ventilado auto de alquiler llamado “Pulmonía”, a mis hijos les encantó, nos dirigimos a la zona dorada por la calle Rodolfo T. Loaiza, después de la plaza Maya llegamos al fabuloso museo “Sea Shell City”. Fuimos cautivados por vitrinas con conchas marinas de diversas especies de abulones, lapas, múrices, conos, porcelanas y conchiles, bonitas cubiertas de moluscos. Miramos fascinantes caracoles de espectaculares diseños, con espiras para sus moradores, unos con estrías radiales y otros con agujas protectoras. Había también unos caparazones de distintas tortugas, en tamaño y en forma. Nos impresionaron los picudos dientes de unos tiburones, detrás de los primeros dientes, una serie de más dientes. Posteriormente fuimos al maravilloso “Acuario Mazatlán”, ubicado en la Avenida de los Deportes # 111. Admiramos varias peceras con hermosos peces de agua dulce y salada, de llamativos colores y de atractivas formas, caminamos pausadamente de una pecera a otra, sorprendiéndonos de bellas formas en movimiento. Luego apreciamos un show realizado por unas simpáticas focas, que jugaban con pelotas y aros, hablaban, cantaban, aplaudían y cubrían su cara con una aleta cuando no acertaban en el juego. Llegó la hora de comer, y Cherie sugirió “Doney”, se encuentra en el centro, en el número 610 de Mariano Escobedo, ocupa una fresca casona de antaño. La minuta es variada y comprende carnes, pescados, mariscos y platillos mexicanos. El restaurante fue fundado en 1959. Yo saboreé un rico filete de pescado. El café lo degustamos a pocos pasos, en el “Café Pacífico”. Del café caminamos una cuadra y media a ver el legendario teatro “Ángela Peralta”, soprano lírica y compositora, superó su bagaje en Milán y debutó en 1861, cantando “Lucia”, en el teatro de la Scala. En 1883 murió de cólera a sus 38 años, luego de haber hecho vibrar el teatro que lleva su nombre. Recorrimos más de dos cuadras y apreciamos el palacio municipal y a un constado la plaza, con su precioso kiosco. Nos sentamos en una banca y nos deleitamos con la excelsa y ecléctica fachada de la catedral, ostenta de tres esbeltos arcos góticos que delimitan el insólito portal, embellecido por dos campanarios de dos cuerpos, con un arco gótico por cara y una columna en cada esquina, el remate es piramidal y con desplante octagonal. La entrada luce un frontón triangular. Más tarde gozamos de la sensacional playa Las Gaviotas, donde rodaba sobre la compacta arena un carro de nieves y paletas de la neveria “La Morenita”, manjar que deleitamos en aquel agradable entorno. Vicente García Remus Temas Pasaporte Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones