Suplementos | por: érika marcela zepeda montañez Los libros y la diversión El juego de la lectura Por: EL INFORMADOR 9 de enero de 2009 - 21:21 hs Todos aquellos que lograron sobrevivir a la semana de compras navideñas y que no murieron ahogados en las jugueterías colapsadas o a manos de algún vendedor al borde de la histeria, están invitados a leer esta pequeña reflexión sobre los regalos decembrinos. En estas fechas pasadas todo se mueve alrededor de un tópico: los regalos, y muy en especial los recibidos por los niños. Abuelos, padrinos, hermanos y amigos piensan en sus opciones, y los recursos más socorridos son los juguetes. Pero jamás (salvo en contadas ocasiones) la opción recae en obsequiar un libro, pues piensan que “los libros son cosa seria, algo de la escuela. No para divertir a un niño”. La lectura y la diversión no se pueden mezclar, y es por eso que difícilmente es deseable como regalo de Navidad. Pero, ¿no es posible esa unión? Los niños conocen el mundo que los rodea tocando. Estrujan las hojas de las macetas del pasillo, giran los floreros de la casa, acarician al perro lleno de pulgas, muerden sus zapatos, tuercen alguna caja de cartón que encuentran a su paso o, sencillamente, prueban el sabor del suelo. El vasto universo tiene colores y sabores que están dispuestos a conocer uno a uno, incluso los libros (esos objetos sagrados y místicos para muchos adultos) tienen para ellos la categoría de “una cosa rara con páginas para romper”. Es por eso que la mayor parte de los padres de familia piensan mucho antes de darles algún libro a sus hijos: “puedes romperlo”, “esto es cosa de mayores”, “los niños no pueden tocar esto”, “cuando sepas leer un poco” y muchos otros argumentos son repetidos día a día. Los niños se resignan y el poco o mucho interés que tuvieron en esos objetos rectangulares se esfuma lentamente hasta desaparecer, hasta que finalmente el estante de papá o mamá se convierte en un algo muy ajeno a su realidad. Los libros, entonces, son objetos fríos, sin vida y, por supuesto, poco agradables. Lo irónico es que al pasar los años, cuando estos mismos niños expulsados del mundo de los libros entran a la escuela y los maestros piden a los padres incentivar el hábito de la lectura en sus hijos, se inicia una pequeña guerra casera para lograr “la iniciación en la lectura”. Los niños son obligados a leer (además de hacer resúmenes o comentar el texto en voz alta), y lo que no fue fomentado en su oportunidad, ahora quiere ser inculcado casi a la fuerza. Los resultados son nefastos. Así nos podemos encontrar en las librerías a niños de caras largas y aburridas siendo arrastrados por sus madres y obligados a elegir uno de esos objetos indeseables para leer en casa y cumplir con las tareas escolares. Pero tal vez es tarde, y esa antigua curiosidad despareció del todo. Más de algún padre de familia que me sigue en estas breves líneas debe tener el seño fruncido mientras se pregunta: ¿cuál es la edad para iniciar en la lectura? Según los expertos, se considera que los niños desde la más temprana edad (apenas con unos meses) son aptos para apreciar un libro. Y aunque el bebé está lejos de saber qué es lo que dice el lobo al tratar de convencer a los cerditos de salir de casa, está listo para algo que los antropólogos consideran innato en el ser humano: el juego. El juego es una actividad fundamental para nuestra especie y una de las características que nos hace diferentes del resto de los seres vivos; nadie nos enseña a jugar, nacemos “programados” para ello. Y en el caso del niño, el juego es una puerta hacia el conocimiento, el inicio de una exploración de consecuencias desconocidas. Y es éste el camino recomendado para la verdadera iniciación a la lectura. A través del juego es posible realizar lo que muchos animadores de la lectura se quiebran la cabeza por desarrollar en sus pupilos: la familiarización con el libro. Los niños juegan y se acercan a esos objetos llenos de elefantes de colores, de castillos que se arman en el aire o de piratas con sombreros aterciopelados y los convierten en parte de su cotidianidad: tan cercanos como una cuchara, pero tan atractivos como una pelota. Los libros entran a sus vidas para quedarse. Es probable que esos primeros libros no sobrevivan con todas su hojas sin rasgar o sean destruidos completamente. Pero siempre está la opción de adquirir libros diseñados especialmente para bebés; hechos con materiales (plástico o cartón resistente) que puedan soportar el trato al que inevitablemente sus dueños los someterán. Aun así, esto es lo último que los padres deben pensar. Lo que les debe interesar es que esos extraños objetos rectangulares cumplan con su papel: abrir la puerta hacia el juego de la lectura. Una puerta al conocimientoEl juego es una actividad fundamental para nuestra especie, y una de las características que nos hace diferentes del resto de los seres vivos; nadie nos enseña a jugar, nacemos “programados” para ello. Y en el caso del niño, el juego es una puerta hacia el conocimiento, el inicio de una exploración de consecuencias desconocidas. Temas Tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones