Viernes, 10 de Octubre 2025
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Los bautizados, con sus obras han de ser luz

Ser parte de la iglesia católica implica ser misionero de la fe auténtica

Por: EL INFORMADOR

El que ha tenido la gracia de recibir el sacramento del bautismo pasa de las tinieblas a la luz .  /

El que ha tenido la gracia de recibir el sacramento del bautismo pasa de las tinieblas a la luz . /

GUADALAJARA, JALISCO (09/FEB/2014).- Hoy, quinto domingo ordinario, el mensaje es del evangelio de San Mateo.

Cristo les dice a sus 12 apóstoles: “Ustedes son la luz del mundo” y los envía como antorchas a iluminar con la buena nueva, con la luz que es el hijo de Dios muerto y resucitado. Llevaron el evangelio por el mundo que conocían: Asia, Europa y África.

Los apóstoles fueron las primeras antorchas, las luces de su siglo. Con ellos empezó la misión de la iglesia, que es iluminar y hacer de cada bautizado una nueva luz, para que a su vez ilumine a otros.

El que ha tenido la gracia de recibir el sacramento del bautismo, pasa de las tinieblas a la luz y debe después vivir como hijo de la luz.

El bautizado es luz y debe alumbrar, es sal y tiene que darle sabor distinto a su propia vida, en su manera de pensar, de hablar y de actuar.

Quien de veras, de corazón desea ser luz  para los demás, es quien ha entendido la trascendencia del testimonio cristiano como exigencia permanente y eficaz, y pone en obra su fe con una vida que sea luz.

No por  vanidad, no por ostentación al estilo de los fariseos, sino como un medio para expresar su anhelo de atraer a otros a buscar a Cristo y a vivir el evangelio.

Ya que es competencia de la iglesia irradiar la luz de Cristo, todos los miembros, los bautizados, con sus obras han de ser luz.

Como pueblo de Dios, la Iglesia, con sus obras, con el ejemplo, tiene como fin dilatar el reino en extensión; y más todavía, hacia lo interno, el crecimiento en la fe y en la caridad.

El testimonio es la gran fuerza, el gran recurso para la evangelización.

“A los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios, tratando y ordenando según Dios los asuntos temporales. Viven en el siglo, es decir, en todas y cada una de las actividades y profesiones del mundo, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está entretejida. Allí están llamados por Dios a cumplir su propio cometido”.

Es decir, a ser con su vida la luz que ilumine a otros laicos en similares circunstancias, a vivir según el evangelio.

José Rosario Ramírez M.

LA PALABRA DE DIOS


PRIMERA LECTURA:

Isaías 58, 7-10


“Cuando partas tu pan con el hambriento brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.

SEGUNDA LECTURA:

Primera carta de San Pablo a los corintios 2, 1-5

“Mi predicación fue en la manifestación y el poder del Espíritu, para que su fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.

EVANGELIO:

San Mateo 5, 13-16


“Alumbre así su luz a los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo”.

• La luz

La llama de la vela representa la luz y las referencias de las Escrituras a Cristo, donde afirma ser la “luz del mundo”. Llama significa calor y la limpieza en las referencias a Cristo; es un consuelo y recordando a los miembros de la iglesia de la creencia de que un día todos los trabajos realizados por un individuo serán juzgados y tamizados por el fuego. La llama es también un recordatorio de una escritura “Tu palabra es como el fuego encerrado en mis huesos”.

Es una manifestación visible de algo invisible, por eso el creyente, cuando enciende una vela al orar, está haciendo una manifestación simbólica de su deseo de que la oración vaya al Cielo.

En cuanto a la vela o lámpara que está encendida en el sagrario, generalmente ubicada a un lado, es una forma de indicar que Jesús sacramentado está presente.

El cirio en Semana Santa representa a Cristo resucitado, luz del mundo.

La luz, más allá de los símbolos, es el gran compromiso de nuestra fe, es vivir lo que creemos, propagar nuestra fe. Así como se expande la luz en medio de la oscuridad, así es nuestra fe que se expande en nuestra sociedad, no como un desprecio a la oscuridad y a la sociedad, sino como un compromiso de lo que hemos recibido de parte de Cristo, luz auténtica del mundo.

Somos iluminados por él y enviados en su nombre, tomamos de él la luz y la llevamos a todos nuestros ambientes, no como algo opcional, sino como una obligación por lo que somos.

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