Lunes, 27 de Octubre 2025
Suplementos | Schmidt-Welle asegura que los nuevos tiempos no dan espacio para historias más largas

Los 'Micro' del arte en la era de infoxicación

Friedhelm Schmidt-Welle, investigador del Instituto Iberoamericano de Berlín, asegura que los nuevos tiempos no dan espacio para historias más largas

Por: EL INFORMADOR

Aunque parezca que en la creación lo poco es mucho, aún hay quienes prefieren lo mucho. EFE / R. Escobar

Aunque parezca que en la creación lo poco es mucho, aún hay quienes prefieren lo mucho. EFE / R. Escobar

GUADALAJARA, JALISCO (24/MAY/2015).- Publicaciones en Facebook, ideas de Twitter, videos en Youtube, noticias a través de televisión, radio y periódico, publicidad en las calles, más publicaciones, más ideas, más videos, más noticias, más publicidad, publicaciones, ideas, videos, noticias, publicidad… tantos elementos tan rápido que nos sobrepasan.

La carga de información que a diario recibimos es demasiada y eso muchas veces ocasiona que la gente ya no tenga paciencia para ver cosas, un mal de los tiempos actuales que es parte del éxito de los microrrelatos, minificciones en cine  o microteatro, que si bien los dos primeros ya existían desde antes de la era de la información y el último nació por una causa distinta, su poca duración les ayuda para llegar a un segmento de la población con poco tiempo de leer, ver películas o  ir al teatro.

El doctor Friedhelm Schmidt-Welle, quien es investigador en publicaciones, literatura y estudios culturales del Instituto Iberoamericano de Berlín, considera —según lo estableció durante y después de la ponencia “Minificciones literarias y cinematográficas en México a partir de los años ochenta del siglo XX”, que impartió en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH)— que las nuevas tecnologías han propiciado este fenómeno, conocido como infoxicación. “Nos confrontamos con imágenes virtuales y eso para mí termina en una falta de concentración, supone un predominio de la atención instantánea que se olvida después. Es un problema no resuelto el cómo convertir esa atención instantánea en memoria”.

Las plataformas digitales, de acuerdo al académico, son idóneas para el boom de los microrrelatos, ya que los hace más visibles para cierto público. “El microrrelato siempre ha existido en forma de aforismos desde la antigüedad, sólo que ahora hay más lectores”. Para  Friedhelm Schmidt-Welle ningún otro género ha aprovechado el internet como el microrrelato, pese a que hay críticos se quejan de que no vende, lo cual es cierto si se compara con las novelas o los cuentos, aunque la diferencia de éstos es que llega a más personas a una mayor velocidad.“Es interesante la condensación de los elementos literarios y fílmicos, tiene que ver con los mensajes en redes sociales, si el mensaje quiere tener éxito en internet tiene que ver con lo corto”.

Visiones fragmentadas


Friedhelm Schmidt-Welle encontró que en México las minificciones literarias y cinematográficas hablan de cosas distintas. En su investigación escogió a los autores Guillermo Samperio y  Bernarda Solís, así como cortos fílmicos y spots publicitarios.

Halló que en algunos de los textos los autores tienen a la capital como protagonista, aunque sus miradas no tengan relación entre ellas. Dijo que Samperio no logra trascender las noticias sueltas y escribe desde una perspectiva unilateral. “Refleja la problemática de una visión superficial más que una fatalista, trata de un a ventana a la metáfora aunque no la deja fluir”.

Considera que el autor trata de formar un mosaico de microrrelatos que representen el espacio de la gran urbe, pero lo hace de manera arbitraria, lo cual se debe a la complejidad social y contemporánea y no solamente es culpa de un cierto autor, ni tampoco una característica del microrrelato en general: “Es decir, ya no vamos a tener novelas que tratan de representar la totalidad de una metrópolis como ‘Ulises’ de James Joyce o ‘La Región Más Transparente’ de Carlos Fuentes”.

Empero, de acuerdo con el académico, el género más idóneo para representar las grandes ciudades es la crónica, ya que ésta pertenece a las formas más elementales para relacionar la tradición literaria con la realidad social, mientras que el microrrelato es más ensayístico y refiere a la misma literatura, por lo que se puede entender más como un texto que se refiere a otros textos que como uno que retrate a la realidad social.
En el caso de Solís, aunque trate temas parecidos, resalta que la escritora se distingue de Samperio por su enfoque de género y hasta feminista, con la característica de que la escena contemporánea la ve de una forma más íntima, lo cual se nota en el libro “Mi vida privada es del dominio público”.

Mientras que Samperio y Solís intentan construir una mirada de la vida cotidiana, Schmidt-Welle ve que en los cortometrajes —a diferencia de largometrajes como “El Callejón de los Milagros” o “Amores Perros”— no está marcada la visión de ciudad. Como ejemplo de microrrelato con una intención cinematográfica el académico pone a “Pasajera”, de Jorge Villalobos, un cortometraje sobre miradas mal interpretadas, además de tres anuncios publicitarios de las Funerarias J. García López que exhiben una intertextualidad, característica de los microrelatos.

Indefinible y democrático

Aunque predomina su intertextualidad y la particularidad de que mezcla géneros en poca extensión, el microrrelato lucha por no ser definido, a decir de Friedhelm Schmidt-Welle.

Explica que el intento de definir por parte de los académicos ocurre por la necesidad de poner las cosas en su lugar a causa de que en las redes sociales hay cada vez más información, aunque no signifique más comunicación, algo que hace más difícil ordenar la vida y nuestra visión del mundo.

“Ordenar o definir ciertos textos también es una respuesta al caos total que produce la sobreinformación que vivimos”.

A su vez, la variedad de los microrrelatos lo vuelve un género democrático en el que convergen muchas visiones, aunque de manera aislada, como pasa con los textos de Guillermo Samperio y  Bernarda Solís.

Es así que el espectador entra a un museo de palabras o de miradas, en el caso de las películas. En estos recintos se juntan las piezas sueltas que a la mejor formarán una colección de fragmentos en el cual dejan ver la complejidad del mundo que representan. La condensación y la elipsis estética permitirán un diálogo entre el escritor y el lector de cine y el espectador. El microrrelato abre un espacio para ese diálogo democratizador o que permita al visitante del museo construir referencias subjetivas que complementan los discursos de las piezas de su colección.

Lo que Schmidt-Welle trata de ver es si en ese museo de letras e imágenes hay más que una muestra de piezas sueltas; un mosaico que permita acceder al contexto de la sociedad como conjunto.

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