Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | La verdadera libertad está en Cristo, encuéntralo

Llamados a la libertad

Para seguir a Jesús debemos dejar atrás nuestras seguridades, nuestras condiciones, ya que nos da la libertad para poderlo seguir en cualquier momento de nuestra vida, el llamado de Jesucristo es claro y permanente

Por: EL INFORMADOR

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LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA:


Libro de los Reyes 19, 16. 19-21

“Eliseo se levantó y siguió a Elías”.

SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los gálatas 5, 1. 13-18


“La vocación de ustedes es la libertad”.

EVANGELIO:

San Lucas 9, 51– 62


“Jesús tomó la firme determinación de ir a Jerusalén… Te seguiré a donde quiera que vayas”.

REFLEXIONANDO LA FE…

• La libertad del hombre


Dios nos ha creado dándonos la dignidad de personas dotadas de iniciativa y de dominio de nuestros actos, por tanto, nos deja en nuestras manos tomar nuestras propias decisiones que deben ir encaminadas a la búsqueda de Dios y podamos llegar a la perfección.

La libertad para el católico debe estar enmarcada en la razón y la voluntad de llegar al bien, ejecutando acciones deliberadas que nos conduzcan al bien supremo que es Dios, evitando el libertinaje que es la tendencia a hacer lo que quiero y me lleva al mal, al plan opuesto de lo que Dios quiere para mí.

En la medida en que vamos haciendo el bien, nos vamos también haciendo más libres. La verdadera libertad está cuando se busca hacer el bien y se es justo, ciertamente cuando se elige la desobediencia a Dios y se busca el mal es un abuso de la libertad y nos conducimos a la esclavitud del pecado.

Toda persona humana creada a imagen de Dios es libre y por tanto merece nuestro respeto al elegir el bien, esto no implica que la persona tenga el derecho de hacer y decir cualquier cosa, en el sentido de que busque su propio interés, teniendo en cuenta que para ser libres, Cristo nos ha liberado.

• El llamado

Sabemos que Jesús constantemente nos está llamando, en algún momento nos decidimos a seguirlo y pudiera decir que no tiene dónde reclinar la cabeza, es como decir que antes de decidirte a seguirlo, calcules bien las consecuencias, Jesús quiere que hagas una elección en completa libertad. Nadie podrá decir que ha sido engañado por Cristo.

En el segundo encuentro es Jesús mismo quien hace la invitación a seguirle y la respuesta es que después de enterrar a su padre, sin embargo en otra ocasión, Jesús afirma con fuerza el deber de honrar al padre y a la madre, además dice que no es lícito privarlos del apoyo material, aunque éste fuera un apoyo necesario para hacer una ofrenda y es que ve el corazón de aquella persona y sabe que en la petición hay una indecisión, el deseo de tomarse tiempo, pudiera ya no encontrarse de nuevo en el camino. Cuando Dios llama, cualquier otro deber pasa a segundo término.

En el tercer encuentro, ante la llamada de Jesús la petición es despedirse de su familia primero, sin embargo el seguimiento no admite sentimientos o volver a pensar, lo pudiéramos comparar con las parábolas del tesoro escondido en el campo y la perla. Ni el ciudadano ni el mercader tienen tiempo para calcular o sopesar a fin de no perder el tesoro y la perla, lo venden todo y de inmediato, no tienen tiempo de mirar hacia atrás.

La enseñanza de esta parte del evangelio es que no podemos poner nuestra mirada en un solo ángulo de nuestra vida, anteponiéndolo al trabajo, a los negocios, al deporte, a la familia.

• Libertad


La palabra libertad domina a todas las demás en el pensamiento moderno. Los símbolos de libertad están en todas las naciones como emblema de nuestra sociedad actual, inclusive este ideal ha entrado a formar parte de todas las declaraciones de los derechos humanos. Se habla de libertad de conciencia, de pensamiento, de palabra, de imprenta, de investigación, de libertad política, religiosa.

El mundo moderno, lo sabemos bien, está no obstante lejos de realizar en la práctica todas estas libertades, que él mismo ha aprobado, sobre todo la más elemental de todas, que es la libertad de necesidades. Pero, la palabra de Dios nos revela, incluso, que si un día se consigue, no por ello la humanidad sería sin embargo verdaderamente libre.

Busquemos de qué libertad se trata. Sabemos que estamos llamados para hacer el bien, aunque a veces hacemos el mal, uno entiende perfectamente que fumar, pasarse con el alcohol, la droga, frecuentar los juegos de azar es la ruina, la persona lo ve con lucidez y se promete no hacerlo, pero después cuando llega la ocasión, hace exactamente lo contrario de lo que se había propuesto.

El que mejor describe esta situación anterior es Pablo: “Realmente mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco …aunque quiera hacer el bien es el mal el que se me presenta… ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?” Romanos 7, 15-24.

• La propuesta de Pablo

Pablo nos indica la respuesta sobre de quien nos va a librar y es la gracia de Cristo, ya que nos libra del pecado, que nos lleva a hacer el mal, y de la ley, que nos conduce a hacer el bien, pero, por miedo y no por amor. Jesús nos hace libres como libre era Él.

El deber nuestro es ahora permanecer libres y no volver a caer en una de las dos esclavitudes anteriores: el pecado y cumplir por miedo. En nuestra sociedad actual pareciera no tener miedo al castigo, ni siquiera al castigo del infierno. Vivimos en una sociedad permisiva, donde nuestro mayor riesgo es ser esclavos de las pasiones y de los instintos o hasta de las opiniones de la gente. Nuestra ley pareciera justificarse en “así lo hacen todos”.

San Pablo nos alienta y nos dice: Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad 2 Cor. 3, 17. Por tanto donde está el espíritu de
Cristo, su gracia, nos ayuda a hacer las cosas ella misma, a hacer lo que Dios quiere.

DESDE LAS LETRAS

Cuántas veces señor me habeís llamado


-¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,

y cuántas con vergüenza he respondido,

desnudo como Adán, aunque vestido

de las hojas del árbol del pecado!

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,

fácil de asir, en una cruz asido,

y atrás volví otras tantas, atrevido,

al mismo precio que me habéis comprado

Besos de paz Os di para ofenderos,

pero si, fugitivos de su dueño,

hierran, cuando los hallan, los esclavos,

hoy me vuelvo con lágrimas a veros:

clavadme vos a vos en vuestro leño

y tendreisme seguro con tres clavos.

Lope de Vega

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