Domingo, 09 de Noviembre 2025
Suplementos | Tuve a tu hijo en mis entrañas y no quiso nacernos, pequeñísima gota de cristal, escapó de mi cuerpo hacia la nada nuestro hijo

Literatura: ¿Quién habla?

Veo, huelo, toco, escucho, saboreo, y me parecen pocos verbos, no me sirven para nada, yo lo único que quiero es comerme las estrellas.

Por: EL INFORMADOR

Por: Guadalupe Ángeles

A E. R.

Dios no es más grande que tú, ni es más poderoso que el amor que te tengo.

Desde mi lecho, donde el dolor me hace el amor todos los días, a cada rato, miro a lo lejos mis posibles destinos, y estoy segura de que amarte, fue la mejor manera de burlarme de la muerte.

Yo fui la madre tierra, tú mi niño monstruoso.

En mi lengua fuiste la miel y el veneno, gusté sobre tus párpados la sal con que nació el delirio.

Miré en lo profundo de abismos cuando tus infidelidades viera, porque te amé contra mí, haciéndome enemiga de la que antes era, antes de empeñar mi alma para comerme tu corazón a puños. ¿Qué amé de ti sino la renovada ausencia de mí misma?, ¿el ser en tus ojos aunque tus ojos no me vieran? Pero tú también me amaste más allá de ti, de la terca locura de la sangre, yo sé que me amaste más allá de tu cuerpo, más allá de la conciencia plena de lo que tú eras.

Tuve a tu hijo en mis entrañas y no quiso nacernos, pequeñísima gota de cristal, escapó de mi cuerpo hacia la nada nuestro hijo.

Veo, huelo, toco, escucho, saboreo, y me parecen pocos verbos, no me sirven para nada, yo lo único que quiero es comerme las estrellas.

Tapatío

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