Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | “La vida eterna comienza hoy”

¡Levántate!

- Con cierta frecuencia solemos escuchar, por no decir que lo hacemos, que muchas personas cuando oyen el despertador, mañana a mañana, entre somnolencia y conciencia, se dice: otros cinco minutos, que después se hacen más y vamos por la vida siempre tarde.

Por: EL INFORMADOR

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LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA:

De los Reyes 17, 17-24


“Elías suplicó al Señor: «Devuélvele la vida a este niño». El Señor escuchó la súplica de Elías y el niño volvió a la vida”.

SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los gálatas 1, 11-19


“Dios me había elegido desde el seno de mi madre, y por su gracia me llamó”.

EVANGELIO:

San Lucas 7, 11-17


“Joven, yo te lo mando: levántate. Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre”.

REFLEXIONANDO LA FE...

• El señor de la vida


Los cultos naturistas del antiguo Oriente asignaban un lugar importante al mito del Dios muerto y resucitado, traducción dramática de una experiencia humana común: la del resurgir primaveral de la vida después de su sopor invernal. Osiris en Egipto, Tammuz en Mesopotamia, Baal en Canaán (convertido en Adonis en baja época) eran dioses de este género. Su drama, acaecido en el tiempo primordial, se repetía indefinidamente en los ciclos de la naturaleza; actualizándolo en una representación sagrada contribuían los ritos —así se creía—renovar su eficacia, tan importante para poblaciones pastoriles y agrícolas.

Ahora bien, desde los comienzos, la revelación del Antiguo Testamento rompe absolutamente con esta mitología y con los rituales que la acompañan. El Dios único es también el único Señor de la vida y de la muerte: “Él da la muerte y da la vida, hace bajar al seol y subir de él”, pues tiene poder sobre el seol mismo. También la resurrección primaveral de la naturaleza es efecto de su palabra y de su Espíritu. Con más razón tratándose de los hombres: él es quien rescata su alma de la fosa y les devuelve la vida; no abandona en el seol el alma de sus amigos ni les deja ver la corrupción.

Estas expresiones se entienden sin duda en forma hiperbólica para significar una preservación temporal de la muerte. Pero los milagros de resurrección operados por Elías y Eliseo muestran que Yahvé puede vivificar a los muertos mismos sacándolos del seol, al que habían descendido. Estos retornos a la vida no tienen evidentemente ya nada que ver con la resurrección mítica de los dioses muertos, a no ser esta representación especial que hace de ellas una subida del abismo infernal a la tierra de los vivos.

• No basta estar despiertos


Los textos litúrgicos que se nos presentan en este domingo tienen en común, que nos habla de la resurrección de dos jóvenes hijos de dos viudas, que al levantarse de la muerte son entregados a sus madres.

Con la resurrección de los hijos no sólo se les restituye la vida a los jóvenes, sino que se les vuelve a dar, conforme al contexto sociocultural de aquel tiempo, la dignidad a las madres y la alegría de los hijos que ya no están muertos. Porque la presencia del hijo varón les permitía poder seguir realizando su vida en medio de la sociedad.

Esa es la realidad de aquellas mujeres, una por la mediación de Elías y otra por la gracia de Jesús. Pero en nuestra realidad, hemos de entender que no basta estar despiertos, es urgente estar vivos, en una vida conforme a la gracia que sólo de Dios procede, la animación de nuestros cuerpos sin la gracia, es estar despiertos pero sin vida, hemos de estar atentos a las cosas que se nos presentan y conscientes, de que como aquellos jóvenes, somos entregados a los brazos de la madre, no para ser reconfortados sino para servir. “Entonces dijo Jesús: `Joven yo te lo mando: levántate´. Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre”.

• La vida

En el pasaje evangélico de Lucas, después de la resurrección del hijo de la viuda de Naím, la multitud proclama: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”.

Este pasaje nos permite comprender el plan de Dios así como su grandeza, y su razón de que Dios esté entre nosotros, el Enviado, Jesús, el Hijo de Dios, se presenta como el único portador de vida.

La vida de la cual es portador y dador Cristo, no se refiere simplemente a la vida del más allá, más allá de la muerte. Se trata de la vida, aquí, en la tierra. La vida eterna comienza hoy.

El auténtico cristiano no puede preparar el funeral de los vivos. No debe deformar la vida. No tiene derecho a dedicarse a prácticas muertas. Se está al servicio de la vida sólo si se tiene el gusto de la vida. Será así y sólo así, cuando entonces también la muerte, sin perder nada de lo que tiene de tragedia, puede convertirse en una fiesta.

Como ya lo ha manifestado y proclamado el místico san Juan de la Cruz:

Sácame de aquesta muerte,

mi Dios, y dame la vida,

no me tengas impedida

en este lazo tan fuerte,

mira que muero por verte,

y de tal manera espero,

que muero, porque no muero.

En el momento de la muerte de san Francisco de Asís, se dijo: “Solamente uno como él, que siempre ha celebrado la vida, puede acoger la muerte como una fiesta. Mejor: puede dejar sitio a la muerte en la vida”.

• El Dios de la vida

El Dios que nos ha revelado Cristo en su persona, el Padre, es el Dios amante de la vida. Por lo cual todo encuentro con Cristo, revelador del Padre, nos debe hacer comprender el don de la vida que nos otorga el Padre, logrando así, si el encuentro es auténtico, que se imprima en nosotros un significado pleno de la vida que se nos da, desde aquí y ahora.

Cuando uno se encuentra con el Viviente, no puede sino hacerse anunciador de un alegre mensaje de vida, para ser ante todo, alguien que vive en plenitud y no que sólo deambula, asegurando que va despierto por la vida, sin percatarse que a pesar de caminar despierto está carente de Vida.

El verdadero creyente, el que se ha encontrado con Cristo, como el joven hijo de la viuda de aquel poblado llamado Naím, se debe levantar pero en razón de la vida que se le ha dado por Jesús, para servir a los demás.

Es urgente que los creyentes nos levantemos por la gracia que sólo Dios nos da, para vivir la vida en plenitud.

DESDE LAS LETRAS

Vivo sin vivir en mí


Vivo sin vivir en mí

y tan alta vida espero

que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,

después que muero de amor;

porque vivo en el Señor,

que me quiso para sí:

cuando el corazón le di

puso en él este letrero,

que muero porque no muero.

Esta divina prisión,

del amor con que yo vivo,

ha hecho a Dios mi cautivo,

y libre mi corazón;

y causa en mí tal pasión

ver a Dios mi prisionero,

que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!

¡Qué duros estos destierros!

¡Esta cárcel, estos hierros

en que el alma está metida!

Sólo esperar la salida

me causa dolor tan fiero,

que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga

do no se goza el Señor!

Porque si es dulce el amor,

no lo es la esperanza larga:

Quíteme Dios esta carga,

más pesada que el acero,

que muero porque no muero.

Santa Teresa de Ávila

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