Viernes, 10 de Octubre 2025
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''¡Lázaro, sal afuera!''

El que cree en Cristo ya ha pasado de la muerte a la vida

Por: EL INFORMADOR

La Resurrección de Lázaro, por el pintor italiano Giotto di Bondone. Se encuentra en la capilla de los Scrovegni de Padua.  /

La Resurrección de Lázaro, por el pintor italiano Giotto di Bondone. Se encuentra en la capilla de los Scrovegni de Padua. /

GUADALAJARA, JALISCO (06/ABR/2014).- Son los últimos días de la vida pública del Señor; Él continua en Perea, al otro lado del Jordán, predicando la buena nueva, consolando, bendiciendo, curando. Luego subirá a Jerusalén , la postrera vez.

María y Martha —las de Betania, una aldea cercana a Jerusalén— envían un mensajero al Señor: “Señor, el amigo a quien mucho estimas está enfermo”.

Oído el mensaje, el Señor comenta: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para dar gloria a Dios, para que el hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Cristo llega tarde a casa de sus amigos, llega cuando ya lleva cuatro días en el sepulcro su amigo Lázaro. Martha le dice con tristeza: “Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”.

Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Pregunta: “¿Dónde lo han puesto?”. “Ven, Señor y lo verás”. Jesús lloró y los judíos decían: “Cómo lo estimaba”.

Entonces ordenó Jesús: “Quiten la losa”. María repuso: “Señor, ya huele mal, ya lleva cuatro días”.

Ya han quitado la losa; la multitud, en expectante silencio, rodea al Maestro. Entonces Él se manifiesta como lo que es: Enviado del Padre, y a Él se dirige: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas pero por la muchedumbre que nos rodea lo digo, para que crean que tú me has enviado”.

La fe en Cristo decide en última instancia el destino final del hombre. Pero debe ser una fe libre, voluntaria, total y sin condiciones.

Para confirmarlos en la fe, para que crean en Él que es el enviado del Padre, allí ante la multitud grita: “¡Lázaro, sal afuera!”, y salió el muerto, envuelto y atado con vendas de pies y manos. Ordena Cristo: “Desátenlo, para que pueda caminar”.

Las tres lecturas de la celebración eucarística de hoy tienen el tema único de la vida. En la primera el profeta Ezequiel anuncia: “Les infundiré mi espíritu y vivirán”.

En la segunda lectura, San Pablo —en su carta a los romanos— asegura: “El Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales”.

La muerte, inherente al gran acontecimiento de haber nacido, a la condición humana y ante la cual siempre se siente desarmado, sólo encuentra respuesta en Cristo, porque sólo Él ha afrontado la muerte victoriosamente.

El que cree en Cristo ya ha pasado de la muerte a la vida.

Pbro. Rosario Ramírez M.

LA PALABRA DE DIOS


PRIMERA LECTURA:

Ezequiel 37, 12-14


“Les infundiré mi espíritu y vivirán, los estableceré en su tierra y ustedes sabrán que yo, el Señor, lo dije y lo cumplí”.

SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los Romanos 8, 8-11

“El Espíritu de aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes”.

EVANGELIO:

San Juan 11, 1-45


“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá, y todo el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.

¿AYUNAR SIN AYUNAR?


San Juan Crisóstomo, en una homilía pronunciada el día de Pascua, resume su forma de interpretar el ayuno. Adopta la paradoja, pero quienes le escuchan no pueden menos de quedar más impresionados por lo esencial de las exigencias que les enuncia: “Cuando ayunéis, os decía que podíais muy bien hacerlo sin ayunar; hoy os digo que se puede ayunar igualmente no ayunando. Quizás os parezca enigmático este lenguaje; voy a daros enseguida la clave. ¿Cómo es posible, ayunando, no ayunar?

Así ocurre cuando, renunciando al alimento acostumbrado, no renuncia uno a sus pecados. ¿Cómo es posible, no ayunando, ayunar? Así es cuando uno usa el alimento sin usar el pecado. Este ayuno es mucho mejor que el otro, y no sólo mejor sino además más fácil”.

Volvemos a encontrar aquí exactamente la forma de pensar y de expresarse de San León Magno: “A lo que cada cristiano debe hacer en todo tiempo, debe ahora dedicarse con mayor fe y amor; de este modo satisfaremos esta obligación que se remonta hasta los apóstoles, de ayunar durante cuarenta días, no sólo reduciendo nuestra alimentación sino sobre todo absteniéndonos del pecado”.

San Agustín, en repetidas ocasiones, utiliza el mismo lenguaje: “Ante todo se trata, para ayunar de veras, de abstenerse de todo pecado”.

La Cuaresma es ante todo una cura del alma. No sólo el recién llegado a la fe cristiana debe pensar en cuidar su alma sino que ningún cristiano, incluso de tradición, puede tener la seguridad de una solidez sin grietas. Hablando a los que van a recibir el bautismo y dirigiéndose a quienes ya lo han recibido, expresa San León Magno el interés y la necesidad que todos tienen de tal cura de alma: “Los primeros lo necesitan para recibir lo que no poseen aún; los segundos, para conservar lo que recibieron”. El apóstol Pablo dice en efecto que el que se gloria de estar en pie tenga cuidado de no caer.

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