Viernes, 24 de Octubre 2025
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Las mil y una sorpresas de Caracas

La capital venezolana, entre la belleza y la nostalgia

Por: EL INFORMADOR

A la cima. El teleférico Waraira Repano sube a la cumbre del Ávila; bella panorámica de Caracas.  /

A la cima. El teleférico Waraira Repano sube a la cumbre del Ávila; bella panorámica de Caracas. /

GUADALAJARA, JALISCO (22/JUL/2012).- Uuuf… ¡Caracas es muy peligroso! Nos dijeron nuestros amigos. Bueno… en general todo Venezuela está terrible… ¡Peligrosísimo! Mejor no vayan. Insistían con vehemencia preocupados. Agradecidos por sus advertencias, partimos aventureros hacia aquel “terrorífico” país, del que siendo advertidos sus bemoles, sus atractivos naturales y selváticos nos cautivaban de tal manera que las ciudades pasaban para nosotros a un tercer plano nada interesante.

Sin embargo, La Gran Caracas nos hizo detener un poco la carrera, para pasar unos días conociéndola y disfrutando, tanto sus bondades como averiguando sus intríngulis de los que tanto habíamos sido advertidos.

La verdad es que sin haber tenido contratiempo alguno, ni tan siquiera sospecha de ello, nos encontramos una ciudad moderna, tranquila, pacífica y amable. Pues´n: una ciudad normal y cosmopolita (con todos los riesgos que esto implica), sin más pena ni gloria que cualquier otra ciudad de América Latina.

La gente que tuvimos la suerte de encontrar, no hacía más que demostrarnos hospitalidad, amabilidad y cortesía. Justo también será puntualizar que el personal femenino con el que cuenta la ciudad, nos dejó más que limpias las pupilas para el resto del viaje.  

La historia de Caracas, bien sabemos que ha transcurrido penosamente de dictador en dictador -uno peor que el otro- prometiendo y volviendo a prometer “el oro y el moro” a sabiendas de que nunca será cumplido.

En una curiosa e increíble “rueda de la fortuna” en donde el que promete, a sabiendas de que lo que está diciendo es mentira, se lo dice a un auditorio que está conciente de que lo que está oyendo es falso, y que sin embargo finge -mintiendo- estar creyendo en ello, fabricándose así una nueva mentira en la que ciegamente cree a sabiendas que es mentira, tanto lo dicho como lo supuestamente creído… etcétera. Un círculo fantástico en el que todo mundo-nadie cree… (?)  “Al pueblo pan y circo”,  se vuelve a repetir una y otra vez como una novedad.

Este sentimiento me vino a la mente, al ver decenas de edificios, hoteles y comercios, bellos, carísimos y con amplia visión hacia el futuro, que ahora están abandonados o siendo brutalmente ocupados por gente gandaya que -amparados por el gobierno- poco apoco, con indolencia, los destruye al ocuparlos anárquicamente sin motivo y sin cuidado. Tristeza da ver estupendos edificios que pertenecieron a prestigiosas cadenas hoteleras “del imperio”, siendo invadidos por familias amparadas por los kilométricos discursos de su presidente. Esta realidad, a ojos vista, opacó para nosotros la belleza de la Gran Caracas. Sin embargo creo que es justo comentar este sentir, al hacer una descripción personal -fría y real- de la capital de Venezuela.    

El barrio del Hatillo, -honor a quien honor merece- es un bonito y hospitalario barrio antiguo, lleno de casas vetustas y leyendas (de la época de la colonia), en donde, restaurantes y casas de antigüedades,  recordando los tiempos idos, vuelven a hacer vivir a sus paseantes las épocas de bonanza y parsimonia de la época. La calma y la tranquilidad que se respira en el lugar -debo repetirlo- es para disfrutarse hurgando los aparadores, y las delicias ¡más que abundantes! de comida típica que sirven en los restaurantes.

El teleférico Waraira Repano, no se lo pueden perder. Desde el centro de la ciudad sube, en góndolas súper modernas hasta la cúspide del Cerro de Ávila, de donde una panorámica de toda la ciudad, y hasta el Mar Caribe un poco más allá, se puede contemplar entre las nubes y la abundante vegetación.

No les sorprenda al llegar a la cima de la montaña encontrar un enorme y redondo hotel -bautizado con el nombre de Humboldt, de más de 30 pisos, casi abandonado, coronando la cima de la montaña como si se hubiera tratado de hacer un carísimo monumento a la megalomanía de los mandatarios.

Todo es diferente al voltear al otro lado de la montaña, desde donde se divisa allá muy abajo la Galipán de los sueños, abrazada por una cañada verde y tranquila, donde pequeñas casitas y granjas se acurrucan entre los cerros. Un pueblito que pareciera aferrarse a las cosas sencillas y naturales, en donde con gran cariño sus pobladores se dedican al cultivo de flores de todas especies. Flores que últimamente, agregando arte y buen humor, hacen las delicias de un amable turismo campirano.

CÓMO LLEGAR

Opciones de vuelo

En promedio los vuelos a la capital venezonala oscilan entre los mil 100 y mil 700 dólares. La variacion está en la aerolínea que ofrece el servicio, así como en la cantidad de escalas, que puede ser, en la mayoría de los casos, una o dos. Por lo pronto no hay vuelo directo desde esta ciudad.

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