Domingo, 02 de Noviembre 2025
Suplementos | La Palabra de Dios puede trasmitirse a los demás desde cada uno de nosotros, desde nuestra voz y nuestra conversación

Las cosas que nos rodean: La voz y las palabras

Hoy es un día especial, en el cual evocamos la persona de Cristo Jesús nuestro Señor invitando a todos a hacerse portavoces y repetidores de su mensaje

Por: EL INFORMADOR

     Hoy es un día especial, en el cual evocamos la persona de Cristo Jesús nuestro Señor invitando a todos a hacerse portavoces y repetidores de su mensaje.
     El quiere que todos y cada uno vayamos por el mundo anunciando su Evangelio, para que nadie se quede sin oír la Palabra divina que le dice al corazón: “Dios te ama, te quiere feliz y salvo”.
     Desde esta perspectiva podemos contemplar al apóstol san Pablo, que tras ser rescatado por el Señor Jesús cuando era Saulo de Tarso, dedicó el resto de su vida a recorrer todos los caminos y ciudades a predicar el nombre y la Palabra de Jesús, porque El sabía bien que el que escuchara esas palabras y las llevara a la vida, encontraría la felicidad ya desde esta tierra.
     Por eso hoy es bueno poner atención y escuchar nuestras propias palabras, y cuando oigamos resonar en el ambiente nuestra propia voz, reflexionemos un poco en qué mensaje estamos trasmitiendo.
     Todo cuanto es bueno, noble y santo es directa o indirectamente mensaje de divino… pero si nuestra conversación está plagada de palabras hirientes, groseras o desconsideradas hacia los que nos rodean, no habrá condiciones para que el mensaje de amor y de vida que el Señor Jesús nos trajo de parte de nuestro Padre Dios, pueda enraizar y dar frutos capaces de transformar nuestro mundo en algo nuevo, mejor, más hermoso y más digno.
     La Palabra de Dios puede trasmitirse a los demás desde cada uno de nosotros, desde nuestra voz y nuestra conversación, desde las palabras que decimos y las que a veces callamos, porque eso es precisamente lo que Dios quiere.

ORACION DE LAS PALABRAS

Señor, Tú diste a los seres humanos
el inefable don de la palabra
para que pudieran comunicarse
y trasmitir desde el corazón de cada uno,
lo más bello y lo mejor
que Tú siembras allí.

Lo malo es que muchas veces
los hombres transforman
tu don divino en palabrería;
y en vez de dar vida hecha palabras
dan voces incoherentes
que siembran desconcierto.

Señor, vuelve otra vez a hablar
con tu voz fascinante
que convence y enseña,
para que nuestro mundo pueda recuperar
en toda su extensión y profundidad
el don de la palabra evangelizadora
que salva y que da vida.

     Es muy deseable que hoy aprendamos a escuchar nuestra propia voz como si viniera de fuera, como si otro se dirigiera a nosotros, y ver si el tono, el contenido y el mensaje que llevamos a otros, nos convence.
     Es necesario también recordar la fuerza arrolladora que tienen las palabras, y volver a encontrar en ellas sus características de medicina, de caricia, y ver que encierran en sí mismas las mayores posibilidades de bien, pero también de dolor y destrucción cuando no llevan el mensaje de Dios.

María Belén Sánchez fsp

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