Suplementos | La cruz que en la vida tiene diversos matices y dimensiones, pero siempre es cruz, siempre es oposición, siempre duele Las cosas que nos rodean: La cruz de cada día Pasamos por la vida sufriendo y preguntándonos una infinidad de cosas; a menudo sobrevienen la angustia, la depresión y el tedio… Por: EL INFORMADOR 30 de agosto de 2008 - 10:40 hs Pasamos por la vida sufriendo y preguntándonos una infinidad de cosas; a menudo sobrevienen la angustia, la depresión y el tedio… Mas no siempre nos percatamos de que la cruz está presente en todo, en todo. En torno nuestro vemos una cantidad incontable de objetos. Si nos fijamos bien, unos están ubicados en sentido horizontal y otros en sentido vertical. Cuando se encuentran o se sobreponen es cuando sobreviene el conflicto y se forma la cruz. La cruz que en la vida tiene diversos matices y dimensiones, pero siempre es cruz, siempre es oposición, siempre duele. Nuestro ser humano, material y caduco, se opone y se contrapone a la parte espiritual, trascendente y eterna de la persona. Jesús no quiso ser ajeno a la cruz y por eso no la rechazó; antes bien, nos dio ejemplo de cómo afrontarla, de cómo conciliar estos polos opuestos, de cómo convertir en fuentes de alegría y de salvación, las penas que nos hacen jirones la vida. El cielo nos llama, pero el mundo también nos reclama. Este dualismo será la cruz de siempre, de la cual no podemos desprendernos y con la que tenemos que acercarnos a nuestro propio destino dándole significado y sentido. Por eso San Pablo advierte muy claramente en su Carta a los Romanos que los criterios de este mundo son diferentes de los criterios de Dios, y que cumplir a la divina voluntad cuesta, a veces mucho, tanto como a Cristo Jesús le costó hasta dar la vida. LA PARABOLA DE LA CRUZ Un día me encontré con la cruz, la miré en silencio queriendo ignorarla, pero se me puso enfrente y suavemente me dijo: “No me rehuyas, soy símbolo de amor; abrázame, trátame con respeto y llévame contigo con dignidad. “Mira de frente a tu Señor clavado en ella, ofrendando su vida por ti y por todos. Si me desprecias o me sueltas, vendrán a ti otras cruces, porque el mundo en que vives está sembrado de ellas. Pero si me acoges, si me cuelgas a tu cuello, ya ni me mirarás, ni sentirás mi peso: seré parte de ti, iremos hasta el fin con alegría sabiendo que cumplimos lo mejor. Todo ser humano que pasa por este mundo tiene su cruz. Habrá quienes quieren vivir rechazándola, otros pretenderán ignorarla, algunos más irán por la vida en pugna con su cruz. Cuando la cruz se presenta como accidente o como enfermedad, sólo será llevadera al ofrecerla a Dios para que la una al sacrificio de su Hijo Redentor, porque tan sólo entonces se vuelve Salvación como la de Jesús. María Belén Sánchez fsp Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones