Lunes, 17 de Noviembre 2025
Suplementos | Eduardo Castañeda H.

La vida en shuffle

Que nos cuenten historias

Por: EL INFORMADOR

Hay ventanas por las que a uno le gusta mirar en la vida, regresar a ellas de vez en cuando. Algunas ocasiones para disfrutar de paisajes lejanos, con primaveras inalcanzables; en otras con ojo más bien hambriento de nuevas ideas; otras más con interés sobre las personas y los personajes; o con ganas de encontrar algo que no se está buscando. Uno sabe más o menos en qué ventana asomarse.

Una de esas ventas que me gusta mirar es la que me deja ver cuáles son las nuevas costumbres en otros lugares, qué pasa en el mundo de las pequeñas historias lejos de nuestro entorno, cómo se divierte la gente, qué le interesa, a qué espectáculos está yendo, qué se considera espectáculo, qué llama la atención más allá de una moda.

Y una de las más recientes curiosidades es la lectura de obras literarias en público, que llenan salas y su contraparte en soportes como el CD, para disfrutar en cualquier lugar.
Me parece muy interesante que esta práctica tan antigua como lo es que los humanos nos contemos historias, tenga ahora su versión en el siglo XXI. Leer en voz alta es un ejercicio, un entretenimiento que nos han recomendado desde los abuelos. Íntima generalmente, esta práctica ha quedado relegada a algunos grupos que pasan un buen rato leyendo literatura o textos propios con ganas de serlo, o bien, a la lectura para los dulces sueños de los pequeños.

De un tiempo a esta parte, el fenómeno de lectura en voz alta frente a un público en una sala, se ha convertido en una cita imprescindible para centenas de personas que acuden además, a ver a algún reconocido actor dar voz  a Dostoievski, a La Fontaine o hasta a Roland Barthes.

El fenómeno tiene lugar en Francia, donde por ejemplo, el poeta François Cheng reunió 700 personas una noche en Reims, sólo para que lo escucharan leer sus poemas. En el teatro o en las librerías, los franceses están yendo a escuchar letras.

El encargado de promover este tipo de actividades durante siete años en aquella ciudad, Emmanuel Demarcy-Mota, citado por Le Nouvel Observateur, asegura que el éxito de las lecturas públicas se debe a “un deseo no formulado de acercarse a algo íntimo. Veo una liga con la infancia. Se viene a buscar una cosa simple: que nos cuenten una historia”.

Es el contrapunto en una sociedad desmembrada e hirviente, de comunicación permanente. Es el lugar de una concentración colectiva, de una búsqueda del centro posible.

Las casas editoriales no han tardado en aprovechar estas ganas de la gente por escuchar historias y han publicado decenas de audiolibros (en Estados Unidos esta parte de la industria tiene muchos años boyante). Hasta la filosofía vende por miles: Michel Onfray está en la casa de 50 mil personas con su historia de la filosofía. Algunos autores los graban con su propia voz, otros libros tienen la de un actor o actriz conocido. Cada editorial edita en audiolibro sus libros más vendidos o los que seguro lo serán.

Las novelas, las narraciones también son ventanas que podemos leer o escuchar. Yo prefiero y me sigue pareciendo práctico lo primero, aunque lo segundo puede ser muy bueno para quien pasa horas en el auto.

Tapatío

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