Jueves, 16 de Octubre 2025
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La verdad nos hará libres

La verdad ha de decirse siempre y en todo momento

Por: EL INFORMADOR

     Un conocido cuento árabe dice que, en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un adivino para que interpretase su sueño. ¡Qué desgracia mi señor!--exclamó el adivino. --Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad. --¡Qué insolencia! -- gritó el Sultán enfurecido. --¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? Fuera de aquí. Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde ordenó que le trajesen otro adivino y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: !Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes. Iluminóse el rostro del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro. Cuando el adivino salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: --¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma del primer adivino. No entiendo porqué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. --Recuerda bien amigo mío --respondió el segundo adivino-- que todo depende de la forma en el decir. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, es innegable, mas la forma como debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.

     Esta historia nos enseña que la verdad ha de decirse siempre y en todo momento, aunque en ocasiones deba manifestarse con tiento, eligiendo las palabras cuidadosamente. Pero, ¿qué entendemos por Verdad? Siguiendo la filosofía aristotélico-tomista, la verdad es la adecuación del intelecto a la realidad, es decir, cuando nuestro pensamiento y nuestras obras se encuentran en sintonía con lo que se es, o sea, con la evidencia contundente. De aquí que la verdad se considere un valor universal y ha sido apreciada desde el principio de la civilización. No abundaremos en esto pues la evidencia histórica es categórica. La verdad implica responsabilidad, razón por la que es posible que no se practique con la frecuencia que nos gustaría a todos, y podemos relacionarla con una cualidad humana de inconmensurable valía: la honestidad. La honestidad es una forma de vivir congruente entre lo que se piensa y lo que se hace. En consecuencia, una persona honesta es altamente apreciada puesto que garantiza confianza, seguridad, responsabilidad y lealtad. Una persona honesta se distingue porque empeña su palabra y la cumple, actúa con rectitud de acuerdo con valores universales, usa bien su tiempo en beneficio propio, dice siempre la verdad como una forma de respeto a los demás y hacia ella misma.

     Por otro lado, ser honesto es ser sincero y transparente, lo que significa desprenderse de las máscaras que el ser humano usa para defenderse o para ocultar sus inseguridades y sus miedos. El recelo, la agresividad y la apariencia, por la que con frecuencia nos preocupamos por el “qué dirán”, son algunas de esas máscaras. Si realmente una persona quiere ser honesta, debe empezar por aceptarse tal y como es, con sus errores, defectos y virtudes para que, asímismo, pueda respetar a sus semejantes. La aceptación es el primer paso para superar tales defectos y hacer crecer las virtudes.

     La honestidad es la virtud distintiva del cristiano, pues Dios “quiere la verdad en el centro del alma” (Sal 51 (50), 8) y, como dice el profeta: “Estas son las palabras que debéis practicar: Decíos mutuamente la verdad (...) no penséis en hacer mal el uno al otro, no seáis partidarios del juramento falso. Porque yo detesto todas estas cosas, palabra del Señor “ (Zac 8. 16). San Pablo reafirma la enseñanza con las siguientes palabras: “Por esto, desterrad la mentira y que cada uno diga la verdad a su prójimo” (Efe 4, 25). La evidencia histórica, la opinión de expertos psicólogos y el pensamiento de numerosos filósofos coinciden con las enseñanzas bíblicas. La verdad es un bien que todos deseamos, que nos trae paz y tranquilidad interior. Pidamos pues al Altísimo que enderece nuestros caminos en la verdad (Ecle 37, 15) para alcanzar la felicidad en el mundo. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS

Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx 

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