Suplementos | Fray Francisco nos enseñanó que la santidad es un proceso de conversión La sabiduría de un pobre La estigmatización se refiere a heridas semejantes a las infligidas a Jesús durante la crucifixión Por: EL INFORMADOR 19 de febrero de 2011 - 13:22 hs San Francisco de Asís es uno de los santos más populares de todos los tiempos, desde la Edad Media. Su predicación data del siglo XIII, la plenitud del medioevo, y 800 años después siguen vigentes su carisma y sus eñanzas. Es tal su influencia que el estereotipo actual de clérigo, es el que viste el hábito pardo del fraile, ceñido con una cuerda a la que se hacen tres nudos que recuerdan a la Santísima Trinidad, a las virtudes teologales, y que representan los tres votos de la vida religiosa: pobreza, castidad y obediencia. Fray Francisco nos legó la gran enseñanza de que la santidad es un proceso de conversión que se realiza día a día, y que puede llevarse a cabo por toda persona que busca la perfecta (verdadera) alegría, la auténtica libertad y la paz genuina. Cierto es que todos los santos y todos los fundadores de órdenes religiosas han encontrado lo mismo y han mostrado que el camino de la santidad puede recorrerlo todo aquél que se lo proponga. Sin embargo, el hermano Francisco parece estar rodeado de un halo especial, gozar de una gracia única que lo hace igualmente diferente. ¿Podríamos, entonces, decir que es porque ha sido estigmatizado, convirtiéndose materialmente en otro Cristo? Tampoco, pues a lo largo de la historia ha habido diversos casos de estigmatización, como la Beata María de Oignies (1177-1213), Santa Catalina de Siena, la venerable Teresa Neumann, la laica pasionista Santa Gema Galgani y el santo capuchino Pío de Pietrelcina. La cuestión de los estigmas merece más atención. En primer lugar, la estigmatización se refiere a heridas semejantes a las infligidas a Jesús durante la crucifixión. La Iglesia católica reconoce alrededor de doscientos cincuenta de estos casos para los que no existe una explicación científica. Las características que presentan son: a diferencia de las heridas comunes que cicatrizan en personas sin problemas de coagulación, los estigmas no se curan por medio de tratamiento médico ninguno; también a diferencia de heridas graves de larga duración, los estigmas no emiten olores fétidos, con la excepción del estigma de Santa Rita de Casia, pero que al morir, su estigma en la frente emitía una fragancia dulce. Además de ello, los estigmas no supuran ni causan alteraciones mórbidas en los tejidos circundantes. Por estas características se dice que su aparición es un hecho milagroso en el sentido estricto del término. Volviendo a la pregunta inicial, ¿qué puede ser aquello que tuvo el Pobrecillo de Asís por lo que su popularidad es más que notable? Vayamos a sus escritos, donde es probable que encontremos una respuesta. Un documento con muchos indicios es su Testamento Espiritual, en el que hace un recuento de su vida, da indicaciones y, al final bendice a todo aquel que observe las cosas que manifiesta. Para comenzar, el hermano Francisco siempre se presenta como una persona en penitencia por sus muchos pecados. Hemos de recordar que su juventud la vivió de manera disipada y hedonista, al grado de gozar de gran popularidad entre los jóvenes de Asís. Podríamos decir que, si estuviera viviendo en este momento entre nosotros, sería como aquellos que se la pasan en antros y fiestas, dilapidando la fortuna familiar. Sin embargo, en algún momento de su alocada vida, toca fondo --como decimos en la actualidad-- y se da cuenta del vacío existencial que lo domina. Comienza a alejarse de sus compañeros de juerga y duda sobre su forma de ser. Otras circunstancias lo envuelven, participa en una batalla y es hecho prisionero, padece una larga enfermedad y, como corolario, el Cristo de San Damián le habla y le dice: “Francisco, ¿no vez que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala”. Al respecto, todos sus biógrafos coinciden en señalar como éxtasis o visión esta experiencia de Francisco en la iglesita de San Damián. El inicio de su Testamento es particularmente iluminador, pues afirma que como estaba en pecado, le parecía muy amargo ver leprosos. Sin embargo, Dios lo condujo hacia ellos, practicó la misericordia y, como resultado, lo que le parecía amargo se le volvió dulzura de alma. Fue después de ello que, en sus propias palabras, salió del siglo, es decir abandonó el mundo y se consagró a la vida espiritual. Este asunto de los leprosos es especialmente significativo como veremos más adelante. Que el Señor nos bendiga y guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara@up.edu.mx Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones