Sábado, 15 de Noviembre 2025
Suplementos | El Señor ha dado una ley: que se amen los unos a los otros

“La paz es la seguridad del espíritu”

El Señor ha dado una ley: que se amen los unos a los otros

Por: EL INFORMADOR

/

/

GUADALAJARA, JALISCO (05/MAY/2013).- Este es el sexto domingo de pascua, con la alegría, la victoria de Cristo sobre la muerte, el pecado y el maligno. El ¡aleluya! Sigue en boca de todos los cristianos, porque en Cristo van todos hacia la propia resurrección.

Para todos el Señor nos ha dejado en la tierra su reino, la Iglesia, Sacramento —signo sensible— de salvación y ha dado una ley, única ley: que se amen los unos a los otros, porque lo aman a Él.

El amor a Cristo ha de estar orgánica y armoniosamente asociado a lo cotidiano, que son las intenciones y acciones de cada día, conforme al estado de vida de cada uno, a las propias facultades y carismas, y al quehacer ordinario, donde y como cada cual lo desempeñe.

El cristiano del siglo XXI sabe que los hombres de este tiempo están cansados de palabras, de superabundancia de ofertas y engaños, quiere testimonios, y ante los testimonios, se rinde.

Los jóvenes, inquietos buscadores, hartos de las tristezas del presente se  lanzan valientes a las audacias de la entrega y fervor cuando son testigos de este auténtico modo de conjugar el amor a Cristo con la acción congruente.

Sin la paz no puede haber felicidad verdadera. Las riquezas, la ciencia, los honores, la fama, el poder, las amistades, no pueden hacer feliz a un corazón atormentado.

Quien posee la paz, sabe sobrellevar tribulaciones y trabajos.

Gran tesoro es la paz interior. Ricos son —con verdadera riqueza— quienes llegan a estimar, buscar y adquirir la paz, la cual tiene su origen en la justicia y el amor.

San Agustín dice así: “La paz es la seguridad del espíritu, la tranquilidad del alma, la sencillez del corazón, el vínculo del amor, la compañera de la caridad”.

Santo Tomás De Aquino dice, al comentar esta frase de San Agustín: “La seguridad del espíritu se refiere a la razón, que debe estar libre de toda atadura, de todo afecto desordenado; la tranquilidad del alma se refiere a la sensibilidad, que debe estar libre de la tiranía de las pasiones; la sencillez del corazón se refiere a la voluntad, que debe estar orientada única y totalmente a Dios; el vínculo del amor y la caridad, regula las relaciones con Dios y con el prójimo.”

Esa paz es el gran tesoro, mayor que todos los bienes terrenos.

Muchos quieren la paz, mas no conocen bien, ni saben en dónde encontrarla; sólo se le halla cuando se encuentra a Dios, y, según los verdaderos sabios, es “la tranquilidad del órden”

José Rosario Ramírez M.

¿Paz o anestesia?

Me tocó conocer a un hombre terriblemente dañado por el alcohol. Ahí, en la cama de hospital, trataba de recuperarse (si eso pudiera ser posible), de todas las complicaciones médicas que había desarrollado durante los años en que se refugió en el alcohol. El médico especialista, trató de advertir lo más seriamente posible a su paciente: “Amigo, lo voy a dar de alta para que vaya a su casa, pero le anticipo que si usted vuelve a tomar alcohol, es como si se diera un balazo en la cabeza, pues morirá en breve”.

El paciente fue dado de alta, se fue a su casa, y en cuanto pudo, se acercó una botella y comenzó a tomar, y como era de esperarse, murió. Lo recuerdo porque fue uno de los primeros casos que me tocó ver en mi vida profesional, durante el tiempo de internado en el hospital,  de alguien que tenía una buena posición económica, un buen trabajo, y una buena familia, y a pesar de ello decidió refugiarse en el alcohol para aliviar sus penas y frustraciones.

    Los reflectores no deben dirigirse hacia el alcohol, aduciendo que es uno de los males de la humanidad, porque hay muchas otras cosas en las que la gente puede refugiarse para mitigar su dolor, y que aún pueden parecer loables: gente que trabaja en exceso, no porque desee ser más productiva, sino porque no quiere enfrentar la realidad que tiene en casa; gente que gasta su vida en proyectos de terceros, porque no soporta estar solo con sus pensamientos; gente que persigue cualquier tipo de placer, ya sea comer, beber, jugar, apostar, chatear, navegar, o mil cosas más, porque está buscando calmar el dolor de su corazón.

    Esta realidad sirve de marco para considerar las palabras de Jesús: “Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia ni miedo”. La paz de Jesús es verdadera, y sobrepasa todo entendimiento.

Angel Flores Rivero   iglefamiliar@hotmail.com

Una oración


Señor Jesús que miraste con agrado la valentía y firmeza de José Luis Sánchez del Río, y lo recibiste en tu gloria para premiarlo con la corona del martirio, hoy te pedimos por nuestros jóvenes y por las madres que son las primeras encargadas de guiar a sus hijos por el camino del bien y conducirlos hasta Ti.

Te lo pedimos, Cristo Jesús, por tu santísima madre, nuestra Señora de Guadalupe, también madre nuestra. Amén

María Belén Sánchez, fsp

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones