Sábado, 15 de Noviembre 2025
Suplementos | La soberbia es un vicio (entendido como lo contrario a virtud)

La nociva soberbia

En lenguaje más sencillo, podemos decir que la Soberbia es amarnos demasiado a nosotros mismos

Por: EL INFORMADOR

La soberbia es un vicio (entendido como lo contrario a virtud) que se considera, en la tradición cristiana, como pecado capital (porque da origen a muchos otros pecados. Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana caída está principalmente inclinada). En su naturaleza la soberbia implica la sobreestimación propia acompañada de la actitud despectiva para otros, bajo la firme presunción de la propia valía, poder o superioridad. Es fuente de otros muchos desórdenes éticos. Se suele considerar como el peor de los pecados y se atribuye al demonio la rebelión contra Dios por soberbia, aplicándole el texto profético puesto en su boca: "Escalaré el trono del Altísimo y me haré semejante a Él" (Is. 14.14).

En lenguaje más sencillo, podemos decir que la Soberbia es amarnos demasiado a nosotros mismos, al grado que nos hace despreciar a Dios y a los demás. Somos soberbios cuando creemos que podemos hacerlo todo, que no necesitamos de Dios ni de los demás; cuando nos creemos mucho (que somos los más listos; los más perfectos, y los demás son unos tontos); cuando somos presumidos o nos gusta llamar la atención; cuando nos aferramos a que todo se haga como nosotros queremos; cuando creemos que todo nos lo merecemos, cuando sólo hablamos de nosotros mismos.

Cae por su peso, pues, que este vicio es realmente nefando, no sólo en el ámbito moral y espiritual personal de nuestra vida, sino también en el laboral, social, cívico y eclesial.

Podemos así, concluir, que una persona que se deja dominar por la soberbia, estará, mientras así lo permita, alejada de Dios; carecerá de una buena relación con Él, y por tanto, estará cerrada, "impermeabilizada" para recibir su gracia, sus dones, su amor, su salvación, ya que si lo minimiza, lo subestima, lo menosprecia y lo margina de su vida, obviamente, no le interesará recibir de Él nada; ni siquiera le toma en cuenta para su manera de vivir.

Lo mismo dígase en cuanto a la relación con los demás, en los diversos ámbitos de la vida. Ellos no serán considerados como semejantes, mucho menos como hermanos, sino que representarán para ella unos instrumentos para servirse de ellos y satisfacer sus necesidades, para el logro de sus fines individuales; unos peldaños para escalar y llegar a la "cumbre del éxito", aunque para ello tenga que pisotearlos, humillarlos, sin importarle la reacción que aquéllos puedan tener, sea ésta de violencia, de venganza, porque en lo posible se aprovechará de ello para arremeter contra ellos, con prepotencia acrecentada.

Por ende, podríamos afirmar que la paz, la concordia, el respeto, el progreso de una sociedad y un país, son inversamente proporcionales al número y la "calidad" de hombres y mujeres miembros de esa sociedad y de ese país, que estén dominados por la soberbia… Así que ustedes juzguen.

La virtud que deberemos cultivar para atacar la soberbia es la HUMILDAD. Ser humilde es pensar que Dios nos creó y que no somos nada en comparación a Él, que no podemos dar un paso siquiera sin que Él lo permita. Ser humilde es pensar que lo bueno que tenemos, no lo hemos logrado nosotros, sino que Él nos lo regaló gratuitamente, sin condición alguna, y, así mismo, reconocer que también tenemos mucho malo por corregir. Ser humilde es negarse a buscar y a aceptar que los otros te aplaudan; es buscar pasar desapercibido, buscar ocupar el último lugar.
"Aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón", dijo Jesús a sus discípulos.

Es por ello que, como lo podemos inferir en el pasaje evangélico de hoy, cuando sus discípulos dieron señales de ensoberbecerse, pues le contaban las maravillas que habían obrado, los lleva a un lugar solitario, tranquilo, en el que podían reflexionar a solas, sin la presencia de la gente con la que se podrían envanecer, pensando que habían sido ellos los autores de dichas maravillas, cuando en realidad fueron tan sólo instrumentos.

El día de hoy, el Señor nos da la oportunidad y la luz del Espíritu para que hagamos una sincera revisión, para darnos cuenta de cuán soberbios somos, y por tanto, qué tan alejados de Él y de nuestros semejantes estamos, y cambiemos de actitud, pidiéndole ese auxilio de su Espíritu y la virtud de la humildad para tener éxito en ello.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com

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