Jueves, 09 de Octubre 2025
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La humildad, raíz y fundamento de todas las virtudes

Una garantía para no ser excluidos del reino está en el amor desinteresado al prójimo

Por: EL INFORMADOR

Símbolo. Identificaba a los primeros cristianos, principalmente en el banquete eucarístico. EL INFORMADOR /

Símbolo. Identificaba a los primeros cristianos, principalmente en el banquete eucarístico. EL INFORMADOR /

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA:

Eclesiástico 3, 19-21. 30-31


“Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas, y hallarás gracia ante el Señor”

SEGUNDA LECTURA:

Carta a los hebreos 12, 18-19. 22-24


“Se han acercado a Dios, que es el juez de todos los hombres, y a los espíritus de los justos que alcanzaron la perfección”

EVANGELIO:

San Lucas 14, 1. 7-14

“El que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”.


GUADALAJARA, JALISCO (01/SEP/2013).- En este domingo vigésimo segundo ordinario del año, el evangelista San Lucas ofrece una escena en la que unos fariseos apresurados se abren paso para ganar los primeros  lugares —los de honor— en la mesa de un banquete.

El Señor Jesús, ante esa actitud de soberbia, propone dos caminos para llegar al reino: vivir la humildad y poner en práctica el amor desinteresado al prójimo, al desamparado, con el servicio a ellos.

Infaltable característica en la vida de los santos, ha sido la humildad.

Todos los santos —de todos los tiempos y lugares— han sido ejemplares en dos virtudes: la caridad y la humildad. Si alguna de esta falta, no hay verdadera santidad. La humildad equivale a las raíces profundas y ocultas del árbol, y la caridad, a los frutos maduros de las buenas obras.

En este siglo XXI de prisas, ruidos, presiones y apariencias, el mundo constantemente predica, y su mensaje es una invitación al dinero, al poder, a los placeres, a las vanidades, a las apariencias, a llamar la atención, a fingir, a engañar. Y logra sus triunfos, mas son pasajeros, fugaces.

Los avances técnicos y científicos de estos tiempos tienden a engañar, creando la conciencia de que el hombre se basta a sí mismo y engrandecen al hombre más allá de su auténtica limitación.

Muy conocida es la definición de la virtud de la humildad, que da Santa Teresa de Jesús: “Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsome delante de esto: que es porque Dios es suma verdad, y la humildad es andar en verdad.”

Una garantía para no ser excluidos del reino, está en el servicio humilde, en la hospitalidad a los pequeños, los ancianos, los solitarios; los muchos cerca de cada quien, a quienes se puede servir. “Ellos no pueden pagarte”, es una indicación para saber dar, para enseñarse a servir y prescindir de la paga.

La alegría de ser es mucho mayor, cuando no se espera recompensa. Es la alegría de quien espera que su nombre quede escrito… pero en el cielo.

José R. Ramírez M.

El banquete

La mesa común crea entre los comensales una comunidad de existencia. Pero la comida puede tener también carácter sagrado, tanto en las religiones paganas como en la Biblia. Puede uno sentarse a la mesa de los ídolos y unirse al desenfreno de los placeres culinarios o arrodillarse a la mesa del Señor.

Es un mismo signo que puede tener tantos significados, es entorno a una mesa, en donde se da el banquete, en donde se sustenta nuestra vida que requiere del alimento, es en la mesa que se comparte, que se integra la familia cuando se está dispuesto o es en esa misma mesa en donde se fractura lo más sagrado, por nuestra presencia distante y efímera.

Es en una mesa en donde el Señor Jesús hizo el pacto que selló su entrega, es el lugar de la donación consciente y total, pero subraya y hace constantes referencias a los banquetes: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

La perniciosa vanagloria

La tendencia de todo ser humano a buscar la recompensa y el aplauso aquí abajo, incluyendo en las obras de caridad, y a la que se le conoce como vanagloria, es connatural al mismo.
La vanagloria es una forma superficial de soberbia que rebasa los justos límites en el deseo de destacar y de recibir honores externos, y lleva a buscar parecer más de lo que en realidad se es (el soberbio pretende ser más de lo que es).
Ahora bien, desear la manifestación de la propia excelencia no es en sí malo, como lo dice Jesús en el Evangelio de Mateo: "Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los cielos" (Mt 5, 16). Sí lo es, en cambio, buscar la gloria vana o vanagloria; concretamente cuando se busca la gloria en cosas que no son dignas de tal (en cosas malas, en bienes que no se poseen, en atributos que no se tienen); cuando se busca en personas poco estimables, con poco juicio, etc.; cuando se busca sólo por satisfacción personal, con exclusión del fin recto.
El pecado capital de la soberbia es complejo y variado, a diferencia de otros vicios que se manifiestan uniformes y simples. A la vanagloria se le puede comparar a un arrecife que se oculta bajo las olas agitadas, el cual pasa inadvertido para los navegantes, llegando a causar grandes destrozos a sus naves.
Por tanto es necesario considerar, a la luz de la fe, nuestros quehaceres y la intención con la que los llevamos a cabo, para descubrir los puntos de corrupción y de vanagloria que pudieran haber en esas acciones. En la oración hecha con profundidad, podremos descubrir poco a poco la vanidad y el amor propio existente en todo corazón humano, para rectificar la intención y que todo en nuestra vida esté ordenado a la gloria de Dios. No nos vaya a suceder como la nave, que ha realizado muchos viajes, y ha escapado de muchas tempestades, pero en el mismo puerto choca contra el arrecife y echa por la borda todos los tesoros que guardaba; así, quien, después de muchos trabajos, no aplaca el deseo de alabanzas, naufraga en el mismo puerto.
Por ello debemos luchar con los medios que el Señor nos da, para vencer este pecado; uno de los principales y más poderosos es la oración, pues en ella la soberbia, manifestada en la vanagloria, puede transformarse en humildad.
De esa manera, podremos obedecer lo que Jesús en el Evangelio de hoy nos ordena, y se suscite en nuestra vida lo que Él en el mismo sentencia: " el que se engrandece a sí mismo, será humillado, y el que se humilla será engrandecido". Luchemos pues sin cuartel, en contra de este pecado de la vanagloria.

Francisco Javier Cruz Luna


LUIS MAGAÑA SERVÍN

Visitando la ciudad de Arandas, típica en la región de los Altos de Jalisco,  y famosa por diversos motivos, encontramos muchas cosas interesantes que escuchamos en diversas tradiciones, leyendas y comentarios.

Entre todo este acervo de recuerdos, es impresionante descubrir que sigue todavía vivo el recuerdo de Luis Magaña Servín, un hombre joven, trabajador, estudioso y muy dedicado a su empresa y a su familia.

Se había casado tres o cuatro años antes y ya tenía la alegría de un hijo hermoso y la esperanza de un nuevo retoño que venía en camino.

Familiares, amigos y personas que oyeron de primera mano comentarios de quienes lo conocieron muy de cerca, hablan de él en forma muy positiva.

Cuando supo que tenían detenido a su hermano, no dudó en presentarse a sabiendas de que era a él a quien buscaban y conciente de que aquello le costaría la vida,

En efecto, lo supo desde el principio y al salir de casa tuvo el presentemiento de que no volvería.
 
Por eso se despidió de su esposa y de su hijo pequeño y se encaminó decididamente a la iglesia parroquia que estaba ya ocupada por soldados federales.

Eran tiempos difíciles: el conflicto Iglesia-estado estaba a punto de explosión.

El día 31 de julio de 1926 por mandato de los obispos; se suspendió el culto público y los católicos se sintieron heridos en lo más vivo, y organizaron una resistencia que fue creciendo y creciendo en tal forma que el gobierno se veía incapaz de reprimirla.

Una guerra interna, absurda, cuyo eco se extendió muy pronto en varias regiones de la República y la violencia con la cual se intentaba reprimirla suscitaba más violencia.

Luis era ejemplar como hijo, esposo, y padre; y como patrón de los que trabajaban con él, era considerado y justo.

Para Luis Magaña Servín el centro de todo era su vida familiar, pero  la situación de los católicos parecía empeorar de día en día y más aún de los católicos comprometidos que querìan vivir sinceramente su fe.

Las autoridades militares daban órdenes que desataban los más crueles instintos y en un afán de dar escarmiento y atemorizar al pueblo, perseguían con saña a sacerdotes y a laicos comprometidos.

Luis fue puesto en la mira, y al no encontrarlo aprehendieron a su hermano. Cuando éste lo supo, se vistió para dirigirse a la iglesia donde tenìan prisionero a su hermano, con el fin de hablar con el jefe.

Este no quiso escucharlo, al enterarse de que era al que buscaba, dejó libre a su hermano y ordenó que inmediatamente sacaran a Luis al atrio y allí mismo como si se sentenciara a un peligroso delincuente, ordenó se formara en el atrio de la iglesia el cuadro para que fuera fusdilado Luis Magaña Servín, junto con José Refugio Aranda, otro prisionero.

Antes de morir Luis dijo: “Yo no he sido nunca ni cristero ni rebelde, como ustedes me acusan. Pero si de cristiano me acusan, sí lo soy...”

Los ejemplos de Luis

El ejemplo que podemos recibir de este santo es precisamente el hacerse responsable de sí mismo y de sus actos, incluso afrontar las acusaciones y no dejar que otro sufra las consecuencias o que pague en lugar nuestro.

Si fueramos capaces de dar la vida antes que tricionar nuestras convicciones, en vez de hacernos disimulados y aparentar lo que no somos o tratar de esconder lo que verdaderamente somos…

Hoy también pediremos a Dios por los que son injustamente acusados y castigados, que les dé fuerza y paciencia para ofrecer sus sufrimientos..

ORACIÓN
Señor Jesús, en tus manos divinas ponemos nuestro ser con todas sus facultades: mente voluntad y sentimientos, para que Tú nos protejas y ayudes a cuidar nuestra fe y a ser fieles a las convicciones que nos ayudan a ser mejores en todos los aspectos de personales, familiares y sociales. Te lo pedimos con todo el corazón. Amén.


María Belén Sánchez, fsp

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