Lunes, 20 de Octubre 2025
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La fe es seguridad para el que espera

''Señor no soy digno de que entres en mi casa… Basta con que digas una palabra y mi muchacho sanará''

Por: EL INFORMADOR

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GUADALAJARA, JALISCO (02/JUN/2013).- El centurión era un militar romano, cien soldados estaban bajo su voluntad. Su palabra era obedecida o por la buena o por temor.

Y era de buen corazón. Romano entre judíos se hizo estimar por generosidad. Hasta en un pueblo les entregó una sinagoga.

Un día, feliz para él, pasó cerca de Jesús de Nazaret.

El centurión traía una angustia; su hijo estaba enfermo, grave. Un rayo de luz llegó a su alma. Se acercó al maestro con una plegaria humilde, sencilla, confiada.

Le mandó decir “Señor no soy digno de que entres en mi casa… Basta con que digas una palabra y mi muchacho sanará”.

Y añade: Tengo soldados bajo mis órdenes  y le digo a uno ve y va; Algún otro ven, y viene, y a mi criado haz esto y lo hace.

Asi humilde y confiado reconoce que Cristo tiene poder, un poder maravilloso, poder de ordenar a la enfermedad y el mal se apartará de aquel sufriente.

Jesús admirado se volvió hacia la gente que lo seguía y les dijo: “yo les aseguro que ni en Israel he encontrado una fe tan grande”.

El hijo de Dios se hizo hombre para la salvación de todos los hombres, no un mesías, como egoístas los judías lo esperaban para ellos y solo para ellos “el que crea que Jesús es el mesías, el salvador, será salvo”.

Ahora en este precipitado ir del siglo XXI sigue presente el salvador en medio  de su pueblo. Invisible y operante para tener la gracia de alcanzar de él la salud del cuerpo y la salud del alma; allí en el centurión está el ejemplo, acercose a Jesús, con fe sin dudar en su poder, porque es Dios; además con confianza porque es misericordioso y con humildad. Humilde ha de ser que extienda la mano suplicante.

José Rosario Ramírez M.

Cuentas divinas

Aquella mañana ninguno de los discípulos de Jesús intuyó que verían con sus propios ojos otra especie de milagro; ya no se trataría de ver la sanidad de un leproso o un paralítico, o quizá una tormenta aquietada en el mar, sino que ese día ellos podrían confirmar la autoridad de Jesús sobre la materia, a través de la multiplicación.

Todo se fue preparando paso a paso, la gente llegó por miles, con hambre de escuchar la palabra de Dios; pasaron las horas y el hambre de la palabra se convirtió en hambre de comida. Para entonces, la hora era muy avanzada, y el lugar se encontraba muy alejado de las aldeas, por lo que la opinión de los discípulos era que ya se había llegado el tiempo de despedir a la gente, por lo que algunos tomaron la iniciativa de compartir con Jesús su preocupación.

La respuesta del Maestro les sorprendió: “ustedes den de comer a la gente”. No se imaginaron que el Señor les lanzaría este reto. Un cálculo rápido les hizo comprender que la inversión de miles de pesos (que por cierto no tenían) no sería suficiente ni para que cada persona tomara un pequeño bocado.

Entonces llegó el momento en el que aparecieron las cuentas divinas. Las cuentas humanas decían que  ni siquiera doscientos denarios de pan podrían ser suficientes; las cuentas divinas establecían que cinco panes y dos pescados podrían alimentar a la multitud, y además sobrarían por lo menos doce canastas.

Cuentas humanas vs cuentas divinas ¿Con cuál vive usted?

Angel Flores Rivero   iglefamiliar@hotmail.com

Una oración

Señor Jesús, Tú eres el Salvador de mi vida; el Rey de mi corazón, la esperanza de mi porvenir.

Todo mi pasado te pertenece y mi futuro está en tus manos.

Ayúdame, Señor, a ser fiel a tu causa,a compartir contigo la esperanza feliz.

Quiero estar contigo siemprey te pido que Tú estés conmigo,

Que seas mi alegría y el fuego de mi corazón.

María Belén Sánchez, fsp

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