Suplementos | Primera parte La experiencia de Dios Se ha dicho que la humanización comenzó cuando los homínidos primitivos manifestaron señales de culto Por: EL INFORMADOR 24 de abril de 2011 - 01:57 hs GUADALAJARA, JALISCO (24/ABR/2011).- La historia del hecho religioso va irremediablemente ligada con la historia de la humanidad. Se ha dicho que la humanización comenzó cuando los homínidos primitivos manifestaron señales de culto, ya sea a sus antepasados fallecidos, o a alguna divinidad. El sentimiento de esta divinidad surge en los humanos primitivos y en los modernos con características similares, de entre las que destaca el temor ante el misterio tremendo y fascinante de la deidad, la reverencia a algo o alguien muy superior al hombre, o la necesidad de encontrar un sentido al mundo, a la propia existencia, a la vida y a la muerte. Algunos pensadores modernos, como Francisco J. Ayala argumentan, a este respecto, que “la conciencia de la muerte, que a su vez es una consecuencia de la conciencia del propio yo, predispone a los hombres hacia las creencias religiosas. Como consecuencia de tener conciencia del carácter transitorio de su existencia individual, los hombres ven con ansiedad el hecho de la muerte; y tal ansiedad o angustia es aliviada, al menos en parte, por medio de las creencias religiosas que dan significado trascendental a la vida individal”. La experiencia psicológica directa de Dios, relacionada intrínsecamente con el hecho religioso no es posible, sencillamente porque no podemos encerrar a la divinidad en la finitud humana. Sin embargo, para muchos hombres y muchas mujeres ha sido posible llegar a experimentar la presencia divina en su búsqueda de lo trascendente. Esta presencia sólo puede entenderse como un misterio, puesto que el verdadero Dios es el Misterio Absoluto y Santo con quien el hombre sólo puede relacionarse a través de la oración, la plegaria y el silencio. De acuerdo con estos pensamientos, el físico y teólogo contemporáneo Ian Barbour en su obra “Religion and Science” describe una tipología de las diferentes experiencias religiosas que se han dado a lo largo de la historia: (1) La experiencia de lo sagrado, experiencia del misterio fascinante que de alguna manera se impone al ser humano. (2) La experiencia de lo sublime, del orden y de la belleza de la naturaleza. Esta es la experiencia que hacía reclamar al salmista: “Cuando contemplo el cielo obra de tus manos, la luna y las estrellas que tú formaste, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él” (Sal 8, 4-5). (3) La experiencia que se manifiesta en muchas personas como un cambio de rumbo en la vida, es decir, la conversión, lo que trae consigo un cambio de manera de pensar. (4) Para otros muchos seres humanos la experiencia del dolor, en sí mismos o en otros, les lleva también a profundizar en lo más radical de su propio ser. Por otro lado, para el filósofo Immanuel Kant la experiencia religiosa aparece como el imperativo moral: “Hay dos cosas que llenan mi mente de admiración y respeto: el cielo estrellado, encima de mí, y la ley moral, dentro de mí. Para mí son pruebas de que hay un Dios por encima de mí y dentro de mí”. Esta experiencia del imperativo moral ha sido la que ha provocado la conversión del científico Francis Collins, según él mismo la describe en su obra “¿Cómo habla Dios?”: “Al encontrar este argumento a los veinte y seis años, su lógica me dejó pasmado. Aquí, escondido en mi propio corazón como algo tan familiar en la experiencia diaria, pero ahora surgiendo como un principio esclarecedor, esta ley moral envió su brillante luz blanca hacia los rincones de mi infantil ateísmo, y exigió una seria consideración de su origen. ¿Estaba Dios mirando hacia mí?”. Juan Martín Velasco, en su obra “El fenómeno místico”, distingue dos formas fundamentales de experiencia de la divinidad: la mística y la profética. La primera niega de alguna manera a la persona en una experiencia de unión con la divinidad realizada en el éxtasis. En cambio, la profética confirma a la persona para que se comprometa en la historia, buscando una salvación escatólogica. La misión del profeta es el cambio y la transformación del mundo, como la llamada de un Dios personal con quien el profeta dialoga en su oración. La realidad de la experiencia de Dios se ha estudiado desde las neurociencias como después tendremos ocasión de ver y sus benéficos efectos los hemosdisctido en varias ocasiones. Continuaremos con el tema. Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara@up.edu.mx Temas Fe. Lee También Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Evangelio de hoy: El justo vivirá por su fe Evangelio de hoy: El inmenso abismo Evangelio de hoy: La lógica del mundo y la lógica del Reino Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones