Suplementos | La familia es, ciertamente, la célula de la sociedad. La doctrina social de la Iglesia 'La familia, comunidad natural en donde se experimenta la sociabilidad humana, contribuye en modo único e insustituible al bien de la sociedad' Por: EL INFORMADOR 4 de abril de 2009 - 08:38 hs Segunda parte: La familia “La familia, comunidad natural en donde se experimenta la sociabilidad humana, contribuye en modo único e insustituible al bien de la sociedad”, leemos en el apartado 213 de la obra “Compendio de Doctrina Social de la Iglesia”, publicada por la Conferencia del Episcopado Mexicano. Esa frase se relaciona con la que escuchamos en repetidas ocasiones: “la familia es la célula de la sociedad”. Para comprender entonces el papel de la familia en la sociedad, debemos ponernos de acuerdo con algunos conceptos. La sociedad la entenderemos como una colectividad de personas que comparten algún rasgo en común. Por ejemplo, la sociedad jalisciense comparte la característica propia de pertenecer a un Estado particular dentro de la República, aunque difiera en otros rasgos como puede ser el origen, la costa o los altos. Al decir que tenemos rasgos en común, hacemos referencia a que la sociedad, desde la óptica de la Iglesia, es una comunidad que nace de la comunión entre personas. En el caso de la familia, Juan Pablo II dice en la Carta a las Familias Gratissiman sane: “La comunión se refiere a la relación personal entre el ‘yo’ y el ‘tú’, que da origen a una comunidad en la cual se da el paso hacia el ‘nosotros’. De esta manera, la familia, comunidad de personas, es la primera sociedad humana”. La concepción católica afirma que es en la familia donde se inculcan, desde los primeros años de vida, los valores, se transmite el patrimonio cultural de la Nación y se aprenden las responsabilidades sociales y la solidaridad. De acuerdo con la Carta de los Derechos de la Familia, publicada por la Santa sede en 1983, la familia “tiene una función original e insustituible en la educación de los hijos”. La palabra educación, entendida en su amplio sentido de perfeccionar, viene de “educere”, que significa ayudar a extraer lo mejor de una persona. En la familia, esta acción encuentra su plenitud, pues el amor de los padres se pone al servicio de los hijos para educarlos. Como complemento, la constitución pastoral Gaudium et spes afirma que en la educación de los hijos habrá que ejercerse la autoridad con respeto y delicadeza, pero también con firmeza y vigor: debe ser una autoridad creíble, coherente, sabia y siempre orientada al bien integral de los hijos. Además de los documentos citados, existen muchos que tratan otros aspectos; no obstante, el cuarto mandamiento de la ley de Dios ha sido fundamental para el desarrollo del tema. Las obligaciones que establece el cuarto mandamiento son tanto para los hijos, como para los padres. Ambos deben recordar que un día le rendirán cuentas al Señor, lo que debería motivarlos para mejorar sus conductas. Lo debe recordar el padre ambicioso que descarga en su familia la tensión nerviosa acumulada durante la jornada; la madre que abandona a sus hijos por sus distracciones y “deberes” sociales; los que reúnen en casa amigos bebedores y de lengua suelta que llegan a ofender sobre todo a las hijas; los que discuten y gritan a menudo delante de los hijos. Es algo que debe recordar todo padre o madre que olvida que el negocio más grande de su vida es criar a sus hijos en un lugar lleno de cariño, alegría y paz. Una serie de preceptos para convertir a los hijos en delincuentes, los escuchamos en muchos foros y, a veces, no prestamos atención. Algunos de ellos son: Dale desde pequeño cuanto desee, para que crezca convencido de que el mundo se lo debe todo; ríanse si dice tonterías y hace majaderías, así creerá que es muy gracioso; nunca le digas que algo que hace está mal, pues podría adquirir complejos de culpabilidad, así cuando más adelante lo detengan por cometer algún delito, crea que es la sociedad la que está mal y no él; recojan todo lo que deje tirado, así creerá que todos están a su servicio; denle siempre la razón, ya que son los profesores, la gente, la sociedad quienes la tienen tomada contra el hijo o hija. Y cuando su vida sea un desastre, proclamen que “así salió”, o “que no pudieron hacer nada por él” (Jorge Loring, Para Salvarte, pag. 258). La familia es, ciertamente, la célula de la sociedad. ¿Cómo queremos que ésta sea? Depende de cómo queremos que sea nuestra familia. Que el señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara(arroba)up.edu.mx Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones