Jueves, 13 de Noviembre 2025
Suplementos | Y es que conociendo a la persona humana podemos observar que existe cierta tensión en sí mismo

La caridad cambia los corazones

Es común que al inicio del año se formulen propósitos de diversa índole. Ahora que han pasado ya varias semanas, es buen momento para examinarnos si ha habido progresos

Por: EL INFORMADOR

Pbro. José Martínez Colín

1) Para saber

     Es común que al inicio del año se formulen propósitos de diversa índole. Ahora que han pasado ya varias semanas, es buen momento para examinarnos si ha habido progresos.
     No extraña que algunos se hubieran abandonado. Y es que conociendo a la persona humana podemos observar que existe cierta tensión en sí mismo. Por una parte desea unas cosas y, por otra, muchas veces no puede conseguirlas. Y no solo en el ámbito externo, sino lo que es más llamativo es que esa tensión o lucha se da en sí mismo, en su interior. A veces quiere hacer una cosa, pero él mismo desiste. Por ejemplo, desea hacer ejercicio o aprender un idioma, y al final lo abandona.

2) Para pensar

    Se cuenta que un viejo anacoreta o ermitaño --es decir, una de esas personas que por amor a Dios se refugian en la soledad del desierto, del bosque o de las montañas, solamente para dedicarse a la oración y a la penitencia--, se quejaba muchas veces de que tenía demasiado quehacer. La gente no entendía cómo era posible que tuviera tanto trabajo en su retiro y le pidieron que les explicara.
     El ermitaño les contestó: “Ustedes no saben, pero tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león”.
     Los visitantes, extrañados y admirados, le preguntaron: “No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales?”.
Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron.
     “Estos animales los llevamos dentro: Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo. Tengo que entrenarlos para que sólo se lancen sobre presas buenas… Son mis ojos.
     “Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir… Son mis manos.
     “Y los conejos quieren ir a donde les plazca, huír de los demás y esquivar las situaciones difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos donde deben estar, aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta… Son mis pies.
     “Lo más difícil es vigilar la serpiente, aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula; si no la vigilo de cerca, hace daño… Es mi lengua.
      “El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día… Es mi cuerpo.
     “El camino, ¡qué cuesta empinada tiene! Ya lo sé. Pero, ¡adelante!: nadie será premiado –¡y qué premio!– sino el que pelee con bravura  por su modo de ser”.
padrejosearticulos@gmail.com_)

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