Suplementos | Salió el dueño a contratar trabajadores para su viña La alegría de ser invitado a trabajar Para sacar al ser humano a la existencia y a la vida, Dios a nadie le pide licencia Por: EL INFORMADOR 17 de septiembre de 2011 - 13:26 hs . / En este domingo veinticinco ordinario del año, con el evangelista San Mateo muestra el Señor Jesús --en las últimas semanas ya de su vida pública-- con una parábola el plan de Dios para la salvación de los hombres. Este plan tiene dos partes: la iniciativa de Dios llama invitando, y la respuesta del hombre es si acepta o no, pues la salvación es de absoluta libertad en la resuesta del hombre. Por eso San Agustín lo dice con ingenio: “El que te envía a ti sin ti, no te salvará a ti sin ti”. Para sacar al ser humano a la existencia y a la vida, Dios a nadie le pide licencia, pues no existen aún esas creaturas, no han sido creadas todavía; mas cuando van por por este globo llamado tierra, si quieren la bienaventuranza eterna, libremente han de conducir sus pisadas por la senda de la salvación. Esto siempre será un acto libre, porque el hombre ha sido dotado de inteligencia para entender y voluntad para decirlo. Esta doctrina la expresa así Santo Tomás de Aquino: “Es el plan preexistente en la mente divina, por el que lleva a la creatura racional hasta la vida eterna”. Este es un acto de amor de Dios, positivo y eficaz, mas pide libre aceptación y correspondencia meritoria. En el estilo propio de hacer asequibles dos misterios de la salvación, el Maestro se vale del recurso de una parábola. Salió el dueño a contratar trabajadores para su viña Los encontró. Unos, libremente acudieron temprano; otros desde a media mañana; a medio día acudieron algunos, otros desde a media tarde y por último otros al caer la tarde. Desiguales fueron las faenas de las cinco cuadrillas, mas el patrón se mostró bondadoso y a todos les pagó el salario convenido con los primeros: un denario para cada uno, sin echar una mirada a las manecillas del reloj a la hora de su llegada. Todos caben en el trabajo de la viña Esta parábola es una metáfora con varias enseñanzas. La primera es que Dios ha querido necesitar de los hombres para sus obras en medio de los hombres. Nuestro Señor Jesucristo proclamó la Buena Nueva en tres años nada más, pero envió a los doce discípulos y ha seguido enviando desde hace dos mil años, operarios a su mies, su campo de labor. En estos días el pueblo mexicano se acercará con veneración a las reliquias de un destacado obrero de la viña: Juan Pablo II, porque el pueblo católico lo considera eficaz y fiel en el manejo de la Viña. El oficio es, por amor a Dios, servir y amar al prójimo y cada uno en sus circunstancias, con sus recursos, con lo que es y con sus propios carismas. Por eso es tan rica la vocación del cristiano en su respuesta, porque podrá encontrar su lugar en la Viña con lo que es y tiene. Dos santos, Crispín y Crispiniano, alcanzaron el trofeo mayor --la salvación-- en su humilde trabajo de zapateros. Y hace poco tiempo fue elevado a los altares un alemán, luego que dejó atrás veinte años de alcoholismo. Y el reloj de Dios no tiene manecillas Para la conversión, para buscar y encontrar a Dios, cualquier momento de la vida es oportuno. Santa Teresa de Jesús (Santa Teresita) inició su camino de santidad a partir de la infancia. La niña que desde la infancia se sintió encendida de amor a Dios, tras una jornada de veinticuatro años llegó, por el camino del amor y la sencillez, a recibir el denario prometido. A San Agustín le llegó temprano la invitación de ir a la viña, pero no le era grata la invitación. El llamado seguía porque Dios es tenaz y el hombre se resistía. Hasta que entró a la Viña --como dijera Dante: “nell mezzo del camino de nostra vita”-- a los treinta y tres años. Otros han llegado a media tarde y hasta cuando el sol ya tramonta entre nubes en el ocaso, pero son bien recibidos. Son las conversiones como la de Don José Vasconcelos y otros muchos, que con una mirada sabia han valorado en su precio justo esas bagatelas que antes los atraían. Por eso Dios hace sabios a los hombres con la sabiduría de los años, y los sufrimientos, los desengaños, las ingratitudes, sirven para enriquecer el alma con algo más valioso que esos otros tesoros que roban los ladrones y corroe la polilla. Dios, que está en la eternidad, siempre ama y siempre espera. Solidarios en el Evangelio El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue una nueva luz para el mundo, no sólo para los cristianos. Fue un “aggiornamento” --actualización--, palabra del Papa Juan XXIII para invitar a todos a rejuvenecerse, empezando por la misma Iglesia, abriendo puertas y ventanas para que entraran aires frescos y se limpiara del polvo, de las telarañas, de la oscuridad. El Concilio fue un llamado no sólo a los cristianos, sino “a todos los hombres de buena voluntad, a trabajar sin rivalidades de partidos en bien de la humanidad. Y ha pasado casi medio siglo y urge seguir invitando a todos, singularmente los jóvenes, como lo ha hecho el Papa Benedicto XVI, a entregarse con generosidad a luchar para el bien de todos por la verdad, la justicia, el amor y la paz. Es necesario reconstruir un mundo futuro sin renegar del pasado, con sus ideologías ahora ya muy débiles; el socialismo burocrático, el capitalismo tecnocrático y la democracia autoritaria, ya no son instrumentos para el hombre del mañana. No hacerse sordos a la invitación El hombre de este siglo XXI oye muchas voces y está colmado de mensajes a través de la televisión y de otros recursos de las técnicas modernas de la comunicación, La multiplicidad de mensajes de esas muchas voces, producen confusiones, y los jóvenes son los más afectados. Singularmente a ellos es preciso hacer llegar la invitación del Señor a trabajar en la Viña. Los jóvenes son fuertes, inquietos. Encauzar esas inquietudes en un trabajo fecundo en la Viña, es la misión de la Iglesia y de la grey católica. José R. Ramírez Mercado Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones