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Lunes, 12 de Noviembre 2018

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Suplementos | El Papa Benedicto XVI decía que un don ofrecido a la Iglesia con el papa Juan XXIII fue el Concilio Ecuménico Vaticano II

La Voz del Papa: Recordando al “Papa bueno”

Hace unos días el papa Benedicto XVI estuvo presente en un homenaje que se le tributó a su predecesor el beato Juan XXIII, con motivo del cincuenta aniversario de su elección a la cátedra de San Pedro

Por: EL INFORMADOR

Para saber
     
     Hace unos días el papa Benedicto XVI estuvo presente en un homenaje que se le tributó a su predecesor el beato Juan XXIII, con motivo del cincuenta aniversario de su elección a la cátedra de San Pedro.
     El Papa pronunció un discurso en la Basílica de San Pedro, en el cual recordó cómo Juan XXIII, a quien se le llamaba el “Papa bueno”, supo vivir su paternidad espiritual a través de sus gestos, palabras y servicio eclesial.
      “En su pontificado”, dijo el Papa, “supo ser muy dócil al Espíritu Santo, y así ser dirigido para hacer germinar la concordia, la esperanza, la unidad y la paz para el bien de toda la humanidad”.

Para pensar
     

     El Papa Benedicto XVI decía que un don ofrecido a la Iglesia con el papa Juan XXIII fue el Concilio Ecuménico Vaticano II, decidido por él, así como su preparación y su inicio.
     Se cuenta que la mañana en que el Papa Juan le comunicó a su secretario la decisión para convocar al Concilio, le comentó, con su característico buen humor, que había pensado que realmente el Papa no era asistido por el Espíritu Santo. El secretario se quedó sorprendido ante tal comentario, pues el Espíritu Santo asiste siempre a la Iglesia y en especial al santo Padre.     
     Entonces el secretario con delicadeza le peguntó al Papa la razón por la cual hacía esa afirmación. El Papa, sonriendo ante el desconcierto de su secretario, le aclaró: “No se confunda, Monseñor. Efectivamente, el Espíritu Santo no asiste al Papa, sino que el Papa es el asistente del Espíritu Santo”.
     Con ello dejaba claro que quien lleva la Iglesia es Dios mismo, y el Papa solo ha de obedecer y llevar a cabo las inspiraciones que recibe del Espíritu Santo: el Concilio Vaticano era una de esas inspiraciones queridas por Dios.
     Podemos pensar con qué actitud escuchamos a Dios, y si somos diligentes para poner por obra lo que nos inspira.

Para vivir


     Pero no pensemos que el Espíritu Santo sólo inspira al Papa, pues al encargarse de dirigir a su Iglesia, se dirige a cada uno de sus miembros. La Iglesia la conformamos todos los fieles que, gracias al Bautismo, nos incorporamos, como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “La palabra ‘Iglesia’ significa ‘convocación’. Designa la asamblea de aquellos a quienes convoca la palabra de Dios para formar el Pueblo de Dios y que, alimentados con el Cuerpo de Cristo, se convierten ellos mismos en Cuerpo de Cristo” (n 777).
     Por ello el Papa Benedicto XVI recordaba unas palabras del “Papa bueno”, en que invitaba a todos los fieles a ser dóciles al Espíritu Santo, para ser “como centellas de luz, viveros de amor y levadura para toda la masa. Efecto que será tanto mayor cuanto más estrecha sea la unión de cada alma con Dios” (Pacem in terris, n. 164).
     El Espíritu Santo no sólo habla en los corazones, con sus inspiraciones, sino también de modo muy claro a través de la Iglesia. El Papa Juan XXIII presentó a la Iglesia como madre y maestra, pues ella nos ama y cuida como verdadera madre y, a la vez, nos enseña todo lo necesario para guiarnos a la vida eterna y al amor de Dios.
     Hemos de vivir la docilidad a todas las indicaciones que la Iglesia nos señala, en materia de fe y moral, sabiendo que es Dios el que nos marca el rumbo que nos dirige al Cielo junto a Él.

Pbro. José Martínez Colín
padrejosearticulos@gmail.com

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