Lunes, 27 de Octubre 2025
Suplementos | Lujo para hedonistas

La Riviera sin límites

Darse el gusto de tener experiencias sin restricciones: cenas, vida salvaje, sanaciones, romance y una alberca privada, un lujo que te espera

Por: EL INFORMADOR

Afuera. Además de las satisfacciones que ofrecen algunos hoteles en este destino, hay muchas maravillas por conocer fuera de éstos.  /

Afuera. Además de las satisfacciones que ofrecen algunos hoteles en este destino, hay muchas maravillas por conocer fuera de éstos. /

GUADALAJARA, JALISCO (23/SEP/2012).- La selva es una coqueta de cabellera salvaje. Anoche, en la intimidad, me cantó al oído. Me hundió en un sueño profundo, entre sábanas sedosas de algodón y almohadas mulliditas.

Hoy, me despertó muy de mañana, hablándome bonito al oído, fresquita y perfumadita, ella. Desprendía esencias de hierbas y flores –que Chanel envidiaría– y brisa de mar.

Una lagartija escapó del Parque Jurásico y ahora nada en mi alberca de un extremo al otro. La veo haciendo bucitos, a la muy conchuda.

Está bien, el chapuzón lo dejo para más tarde. Me quedo con la hamaca. Me acomodo en posición de loto y en la respiración número 10 me notó espantando un terco mosco rondándome la nariz y el muslo izquierdo. Ahora entiendo por qué colocaron una vela de citronella y un repelente en la terraza.

Cuatro minutos más tarde me doy por vencida. Abandono la meditación. Encima de mi cabeza, los árboles se zangolotean como si fuera una broma: una familia de monos araña salta de rama en rama siguiendo al macho dominante; la madre con su crío montado en la espalda va detrás; y otros cuatro, entre ellos un joven que se acerca para mirarme con curiosidad.

Dicen que la selva hace estos regalos todos los días a los huéspedes del Viceroy Riviera Maya, un refugio para el romance con la naturaleza a la orilla del mar, en la playa Xcalcoco, a las afueras de Playa del Carmen.

El pequeño hotel fue hecho a mano, para viajeros que huyen de las tropas de turistas, de las familias con niños y de los hoteles de mil cuartos. Buscan que los mimen, que a su llegada un mayordomo les dé a elegir la barra de jabón artesanal de su preferencia; esperan encontrar más vegetación que cemento y más cultura local que música electrónica en la alberca.  

Resguardada entre helechos, palmeras y árboles de guayaba, se vive la intimidad en una de las 41 villas privadas, tan privadas que puedo bañarme teniendo de techo el cielo mismo y hasta un ave y un mono araña fisgones.

Esta jungla es el hogar de los mayas, es la madre sabia y protectora; la que les da comer; en donde “todo ser viviente, tanto árboles, plantas y animales son sagrados y forman una unidad”. Así me habla José Colli, chamán residente del hotel.

La buena vibra se baña en miel

Al llegar al spa, el chamán ya tiene en las manos el sahumerio con copal para limpiar mi aura, equilibrar la energía y armonizarla con el entorno cándido. Frente a mí susurra en maya una oración que no entiendo hasta después: “Ayhum Huna ku Eva Maia Ema Ho” (Que la paz y la naturaleza del Cosmos esté con nosotros). En verdad que me lo tomo en serio. Si no, entonces, ¿a qué vine?

El aroma relaja y apapacha. Me transporta a otra dimensión. Los mayas, dice el chamán, creían que las plegarias se iban junto con el humo del copal al cielo. Así los dioses podían escucharlas. Y, ¿saben qué?, también me lo creo.

José Colli aprendió todas estas cosas en X-pichil, su pueblo, que aún conserva la arquitectura de casitas blancas con techo de guano. Nació en una familia de chamanes que ha transmitido las enseñanzas y tradiciones de la comunidad a sus hijos. Pero no se trata sólo de aprender. Este guía espiritual y ser sabio posee una gran paz interior y está en sintonía con la Madre Tierra. Recorre un proceso de iniciación con ayunos, meditaciones, incluso, experimenta viajes astrales. Para él no existen apegos materiales ni egos. Se considera un canalizador de espíritus y dioses con el mundo físico. De ahí viene su sabiduría y poder de sanación.

Cinthya Alva, directora del spa Wayac, reconoce a chamán José como un gran maestro en el uso de plantas medicinales. Él comparte su conocimiento y cultura para el cuidado del jardín donde se cultivan las hierbas que se utilizan en limpias energéticas, masajes y otros tratamientos.

Spa Wayac, “el soñador”, se construyó con forma circular para que la energía fluya bajo una palapa alineada con las estrellas.

Igual que en los pueblos aquí se dan sobadas, se aplican ventosas, se hacen limpias con huevo y se ofrecen, en cortesía, algunos remedios de la abuela: que para las quemaduras de sol, una penca de aloe con hielo que se aplica suavemente en el área afectada; que para los moscos, un repelente de citronella, hoja de tabaco machacada y alcohol.

Se equilibran chacras y se desbloquean emociones mediante las técnicas orientales tradicionales. También se trata la depresión, el cansancio crónico, la mala digestión y el insomnio. Pero es necesario que el huésped crea y llegue con la mente abierta y dispuesta a recibir. En los tratamientos sello del Viceroy se utilizan productos suizos de la firma Valmont.

El mío se llama Kuxtal, un baño maya de 80 minutos dentro de un vapor circular, de luz cálida, que me debe remontar al vientre materno.

En un inicio sólo pienso en mi terapeuta que debe estar pasando las de Caín, encerrada aquí conmigo, mientras yo disfruto de lo lindo con sus sobadas dejándome consentir entre fragancias de cítricos y de romero.

Mi baño consiste en una exfoliación con paños de algodón para activar la circulación; en mis piernas y espalda se restriegan hierbas curativas que nutren la piel; después, me bañan en leche y miel de abeja melipona, cuyas propiedades son ocho veces más poderosas, me cuenta Cinthya, que las de la miel de una abeja normal; un masajito en la cara y, por último, cuando creo que no podré estar más tiempo en la panza de mi madre, caen chorros de agua fresca en todo mi cuerpo. El contraste entre el calor y el agua fría vigoriza. La piel queda tan sedosa que no dejo de sobarme los brazos después, durante la cena.

El Viceroy busca rescatar el cultivo de la abeja melipona que se ha perdido entre las comunidades indígenas. Se trata de una abeja maya, especie endémica de la región, que carece de aguijón y es más pequeñita que la normal. El jobón entero, que tiene alrededor de 150 abejas, produce un litro y medio de miel por año.

Los senderos que llevan a las villas esquivan los árboles para dejarlos en el mismo sitio donde nacieron. En el trayecto cruzo un puente de madera y me topo con una mujer escondida entre las plantas, pintando un cuadro sobre un caballete. El material está disponible para cualquier huésped que guste expresarse mediante la pintura.

Por las noches hay que encender una lamparita integrada a la llave de la habitación porque en la oscuridad es muy fácil perder el rumbo. Y a la mañana siguiente, muy discretamente, el personal deja en la mesita de mi terraza, mis chilaquiles y unas conchitas deliciosas recién horneadas, dentro de una bandeja.

Cuando llegue mi último día no querré salir al mundo. Extrañaré el olor del chocolate de las barras de jabón, el cobijo de los árboles, la hamaca y la cama de día en mi terraza, mi alberca privada, las conchas recién horneadas en el desayuno, el risotto con queso de bola de Yucatán, preparado por la chef Jetzabel; el joven mono araña de brazos enclenques.

No sé cuánto me dure la buena vibra ni la crema de miel de abeja melipona que conseguí en el spa. Todavía quiero creer que la paz del Cosmos estará conmigo.

PARA SABER


Cómo llegar

- Vuelos redondos de Guadalajara a Cancún desde $3,000, por VivaAerobus.

- Ingresa a www.despegar.com para buscar otras opciones y paquetes con hotel incluido.

- Con www.expedia.com podrás organizar tu viaje de manera más completa.

TOMA NOTA


Hospedaje

- Viceroy Resort & Spa Riviera Maya (www.viceroyrivieramaya.com), desde $3,900.

- Krystal (www.krystal-hotels.com/Cancún), desde $1,000.

- Great Parnassus Resort & Spa (greatparnassuscancun.com), desde $2,281.

*Los precios son por noche, por persona.

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