Domingo, 02 de Noviembre 2025
Suplementos | Jesús nos enseña a orar

La Palabra del Domingo Jesús nos enseña a orar

5o. Domingo Ordinario, ciclo B)

Por: EL INFORMADOR

Muchos de nosotros solamente hacemos oración “cuando nos nace”, es decir, cuando tenemos ganas, cuando estamos de humor, cuando estamos en un apuro. Pero pocas veces, o nunca, oramos para agradecer a nuestro Padre Dios o para hablarle de amor.

Jesús nos enseña a orar. El Evangelio de hoy nos dice que Jesús fue a la casa de Simón y Andrés, donde curó a la suegra de Simón que estaba en cama con fiebre. Al anochecer curó a muchos enfermos y expulsó a numerosos demonios. Ya en la madrugada, Jesús busca encontrarse con Dios a solas y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar a Dios Padre.

Jesús dedicaba largas horas a la oración personal y solitaria. A pesar de que las multitudes lo seguían a todas partes, él se daba tiempo para estar en comunicación profunda con su Padre celestial: en la madrugada, en el atardecer o durante la noche, en el desierto o en la montaña. La oración y la acción redentora de Jesús son inseparables.

Jesús, en cuanto hombre, “era igual a nosotros en todo, menos en el pecado”. Jesús conoció la tentación, sintió el sufrimiento, la soledad, el miedo. Necesitaba calmarse, recogerse en su intimidad, para encontrar allí la proximidad de su Padre, para alimentar su misión salvadora, para fortalecer su misericordia con los pecadores.

Unido así a su Padre, ya no tenía más que una oración: “Padre, que se haga su voluntad”. Y luego volvía a los suyos, renov ado, luminoso, sereno, para seguir anunciando el Evangelio, para edificar en el mundo el Reino de Dios. Cristo cumplió la voluntad del Padre ofreciendo por nosotros su vida entera, con terribles sufrimientos hasta morir clavado en la cruz.

Cuando los discípulos de Jesús le pidieron: “Enséñanos a orar”, el Señor les confió a eññps y a su Iglesia la sublime oración del “Padre Nuestro”. Es una oración breve, pero rica en su contenido de fe y de amor, que se manifiesta desde la primera palabra: “Padre”. Podemos invocar a Dios como Padre, porque Jesús nos ha revelado el misterio de Dios como Padre y la dignidad de los cristianos que por el Bautismo somos incorporados y adoptados como hijos de Dios, herederos de su gloria.

Las peticiones que hacemos en el “Padre Nuestro” van dirigidas primero a la gloria de Dios y luego a la solución de nuestros problemas materiales y espirituales. De esta manera, el “Padre Nuestro” es una profesión de fe, manifestación de amor y de alabanza, una súplica de intercesión y nuestro copromiso de trabajar por el Reino de Dios.

Amiga, amigo: Hablemos con nuestro Padre Dios, unidos a Jesús Eucaristía y al Espíritu Santo, para pedirle que se cumpla su voluntad en la tierra como en el cielo. De esta manera, todas las cosas vendrán a su tiempo en la forma que Dios quiera, para gloria de Dios y nuestra salvación.

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