Martes, 14 de Octubre 2025
Suplementos | Amarás a tu prójimo como a ti mismo

La Ley es vivir el amor

El Evangelio es el amor que no excluye ni al forastero, ni al extraño y, más aún, ni siquiera al enemigo

Por: EL INFORMADOR

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     La palabra evangelio viene del idioma griego (evangelos) y significa buena nueva. El mensaje nuevo hace dos mil años llegó del cielo a la tierra, con la presencia del Hijo de Dios.

     Y ese mismo anuncio, antiguo y siempre nuevo, ha renovado muchas vidas cuando ha hecho eco en muchos corazones.

     Es alegre y es nuevo, porque el Evangelio es el mensaje de amor de Dios a los hombres; amor puro e infinito hasta entregar al Hijo Único a la muerte, y entregarse el Verbo hecho carne hasta la muerte, y muerte en el suplicio de la crucifixión.

     Una leyenda oriental habla de un rey recorría caminos y más caminos asistiendo a sus vasallos, y siempre con un libro en mano para leerlo, por sus ansias de adquirir sabiduría. Pues bien, este rey pidió a los sabios de su reino algo no sólo difícil, sino imposible: un libro, uno solo, con toda la sabiduría de los hombres. “No podemos”, le respondieron.

     Para Dios no hay imposibles: tal sabiduría está contenida no en un libro, sino en una sola página: el Calvario. Una página escrita con la sangre del Hijo y las lágrimas de la Madre, es admirable síntesis del amor. No hay amor más grande que el de quien da la vida por justos y pecadores.

     El Evangelio, la buena nueva, es Cristo; y Cristo es el amor, y su enseñanza es “ámense unos a otros como yo los he amado”.

El Evangelio es vivir el amor


     Vivir el amor, y no como algunos neciamente pronuncian una frase falsa, equivocada: hacer el amor. El amor no se hace, se vive. Vive el amor el recién nacido, cuando descubre el rostro de quien lo llevó en sus entrañas.

     El poeta Virgilio, gigante de las letras clásicas, en su Égloga cuarta expresa ese amor: “Empieza, oh niño, con una sonrisa a conocer a tu madre”. Una sonrisa del niño a la madre y una sonrisa de la madre al pequeño, eso es el amor.

     Y amor es un sol con miles de rayos de luz, ya que de mil maneras se vive el amor.

     Un día 14 de febrero, el conductor de un programa de radio entrevistó a un señor ex presidente municipal, sobre la fundación de Guadalajara y sobre el Día del Amor. La respuesta, muy sabia, sobre el segundo tema fue: “El amor en mi casa”. Sin duda los oyentes, con el auxilio de la imaginación, vieron la mesa familiar, la esposa, los hijos, las personas de servicio, todos viviendo --sí, viviendo-- el amor todos los días, cuando hay alegrías y cuando asoman las inevitables preocupaciones, los problemas, las enfermedades, el dolor. Porque el dolor es cercano, casi gemelo, del amor.

     El domingo pasado la Palabra de Dios aclaró el privilegio de esa prerrogativa única del ser humano, la libertad. Sólo es capaz de amar quien es libre. No hay amor a fuerzas. Para el amor fue creado el hombre, para que libremente busque a Dios, libremente le ame, libremente le sirva y... libremente se salve.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo

     Toda la ley se resume en esta única característica, y pocos, muy pocos, si han de ser sinceros, podrán decir que aman al prójimo a ese nivel: como a ti mismo.

     Mas hay grados para ir saliendo del propio yo hacia el ti, ustedes y ellos. Amar es saludar con cariño --no sólo de los dientes hacia afuera--, y así el saludo es un buen deseo. Antes de las prisas de este tiempo, el saludo era de más palabras: “buenos días te dé Dios”. Amar es saber escuchar a otros y propiciar un trato amable. Amar es, ante todo, servir. Cristo es el modelo. No ha venido a ser servido, sinno a servir. En este aspecto, buena educación de los padres de familia es el enseñar a sus hijos no sólo a recibir y ser servidos, sino a dar y darse en el servicio.

Amar es compartir, es remediar, es corregir. Amar es tener paciencia, esa virtud indispensable en estos tiempos con incontables fatigas y tropiezos.

Paciencia en el hogar, en el trabajo, en la calle, ante el volante del automóvil, y con paciencia disminuye la violencia.

Amar es perdonar

     La antigua Ley del Talión dictaba: ojo por ojo, diente por diente. La nueva ley, la del amor, es difícil, complicada, utópica, imposible dirán los incrédulos; mas el seguidor de Cristo, quien deveras desea vivir el Evangelio,

ha de encontrar posible aquello que es absurdo: dar amor a cambio de ofensas y agravios.  

“Padre, perdónalos que no saben lo que hacen”

     Estas palabras que salieron desde el pecho de Cristo en la cruz, fueron pronunciadas por unos labios secos y enrojecidos por la sangre derramada.

     Amar es remediar, aunque sea con un insignificante acto, los muchos males que agobian a los prójimos, esos que vemos cargando su cruz muy cerca. No una inútil queja, no una compasión estéril, sino una ayuda aunque sea con una palabra, con un caricia. Muchos viven en abandono en soledad, y muchos pasan cerca y siguen su camino sin querer verlos, con la prisa de la vida y el egoísmo de su correr.

Amor para todos

     El amor de Dios es para los justos y para los pecadores. Ni el sol, ni la lluvia, ni los frutos de la tierra tienen el signo de exclusividad.

     Amor sin exclusiva sólo para grupos familiares, clasistas, raciales, de partido político, regionales... El amor de la buena nueva no conoce fronteras, ni lenguas, ni razas.

     El Evangelio es el amor que no excluye ni al forastero, ni al extraño y, más aún, ni siquiera al enemigo.

     Dirán que eso es el colmo; y sí, es cierto, porque no debe ser una actitud natural, sino sobrenatural. No es guiado por la sola naturaleza --como es amar a los amigos, a aquellos por quienes se siente afecto, y lo mueve un sentimiento muy humano, de simpatía--, sino amar al que nos pidió prestado y no pagó, al que nos arrebató alguna posesión y corrió con ella.

     Nadie puede afirmar que es fácil amar, así como tampoco decir que es fácil escalar la senda de la santidad. Ser santo es vivir el amor bien, con la frente en alto, el corazón limpio y fortaleza de espíritu.


José R. Ramírez Mercado    

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