Suplementos | Mucho se habla, se comenta y se elucubra de la honda problemática por la cual atraviesa en el presente nuestro mundo La Familia en el mundo de hoy La familia está devaluada, no goza de credibilidad, ha perdido su categoría y son precisamente familias bien constituidas lo único que podría salvar a nuestro mundo Por: EL INFORMADOR 30 de enero de 2010 - 09:18 hs 31 de enero 2010 Mucho se habla, se comenta y se elucubra de la honda problemática por la cual atraviesa en el presente nuestro mundo, y no acabamos de darnos cuenta donde está el origen y la raíz del problema. Cierto, vemos sus efectos: gente desubicada, personas sin sentido de la vida, jóvenes suicidas, madres solteras, etc., etc. Buscamos causas y culpables y no queremos entender que la raíz de muchos, muchísimos males que nos aquejan, está precisamente en el deterioro de la familia. La familia está devaluada, no goza de credibilidad, ha perdido su categoría y son precisamente familias bien constituidas lo único que podría salvar a nuestro mundo. Pero veamos las realidades: para muchas mujeres es mejor, más fácil, más práctico atender un hijo –o dos, o más–, que atender, soportar y aguantar también a un marido… De la misma manera, para los varones es mucho, muchísimo más cómodo procrear unos hijos y visitarlos los fines de semana, sin tener que hacer frente a los cuidados diarios, a los pequeños y grandes detalles que implica tener que estar todos los días al pendiente de los hijos, educarlos, verlos crecer, compartir con ellos sus problemas y, sobre todo, darles buen ejemplo. Y no se diga cuando los hijos ven a papá y mamá divididos, compartiendo la vida, los intereses y con otra pareja. Así las cosas, vamos dejando que el río siga su curso por donde pueda, sin intervenir para nada… así se van creando esas dicotomías que dan como fruto personas, a lo mejor muy inteligentes, pero incapaces de cualquier compromiso serio. En situaciones semejantes, es casi imposible que pueda surgir una religiosidad sana, que dé estructura a la persona y la haga capaz de enfrentarse a la inevitable problemática de su condición humana y que le ayude a afrontar el mundo y la vida, sin dejarse aplastar por las circunstancias, sabiendo que la verdadera grandeza del ser humano radica en su interior, en centro de su espíritu donde Dios quiere habitar como en su templo, para colmarlo de dones, y desde donde irradia toda su plenitud y su grandeza… Todo esto, aún siendo gratuito, entraña un compromiso muy grande de correspondencia y de amor. No obstante, vemos con frecuencia que muchos hombres declinan sus derechos y los ponen en manos de la mujer, por falta de responsabilidad, y luego se quejan porque no tienen toda la autoridad y valoración que suponen, fundadamente, que les corresponde en el hogar,. Pero aprecio, prerrogativas y privilegios se van ganando día con día, como quien sabe que invierte en donde su riqueza fructifica. No se reparten, no se desperdician en vicios o placeres que no dejan después sino insatisfacción y amargura. Si toda la sociedad fuera por estos derroteros, muy pronto veríamos el mundo en manos de las mujeres. Un matriarcado, tal vez absurdo, volvería a implantarse, y entonces sí sería de veras lamentable; porque Dios creó a los seres humanos para que formen familia en pareja, de la misma manera que creó a las abejas en colmena, a los peces en cardumen y a las aves en parvadas. La diferencia es que los animales siguen su instinto primigenio, y los seres humanos dotados de inteligencia y razón, que están llamados a formar familia en el amor, son los únicos que no saben seguir el plan preestablecido por Dios y hacen las cosas a su modo, llevándolo todo a la deriva y con mucha frecuencia haciendo naufragar su vida y la de aquellos con quienes la comparten. En la actualidad se va devaluando también el Sacramento del matrimonio, que dignifica y eleva la calidad del amor de una pareja, para que llegue a adquirir dimensiones de santidad. Todavía tenemos dos semanas antes de que empiece la cuaresma, en los cuales podemos ahondar sobre la importancia de la familia en nuestro mundo y en nuestra sociedad, y la grandeza que podría adquirir cada persona si construye con amor ese nido, que por cálido y acogedor le llamamos “hogar”. Es cierto que no todo es fácil, que hay que invertir mucho de la propia persona, pero a la larga las ventajas y los frutos que se recogen son mucho muy gratificantes. María Belén Sánchez Bustos fsp Se aceptan observaciones y comentarios a: palabradomingo@hotmail.com Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones