Suplementos | 1o Domingo de la cuaresma La Cuaresma es ese espacio del tiempo de purificación Tiempo propicio para que el hombre se encuentre a sí mismo y reconozca su auténtica grandeza: ser hijo de Dios por el bautismo Por: EL INFORMADOR 17 de febrero de 2013 - 04:51 hs / El pueblo de la Nueva Alianza, la Santa Iglesia, cada año inicia, el Miércoles de Ceniza, un nuevo camino hacia la cumbre gloriosa de la resurrección de Cristo. El cristiano del siglo XXI, cuando entra con la luz de la fe a contemplar su propia interna condición, y según las circunstancias que lo envuelven, también se siente esclavo. Quien se mira a sí mismo y no está contento, no le agrada su imagen interior, luego busca la forma de salir de ese estado. Le apena contemplarse manchado; no le agrada ser esclavo de sus propias pasiones y, arrepentido de sus errores, ya hacia donde encuentra la purificación, el perdón, para ir en adelante con la alegría de una nueva vida. Este es el tiempo oportuno, la Cuaresma es ese espacio de tiempo de purificación. En la vida moderna ya no se puede vivir en una casa sin el cuarto de baño porque esa purificación corporal es parte de la vida diaria. El alma también necesita ser purificada. La Cuaresma es el tiempo propicio para que el hombre —en un ambiente de silencio, de soledad— se encuentre a sí mismo y, en la luz de la palabra de Dios, reconozca su auténtica grandeza: que es hijo de Dios por el bautismo; y llamado para ir más allá del tiempo, a donde ha de encontrar bienaventuranza eterna. Es el tiempo oportuno para recapacitar, para ver si ha caído en esclavitud, si ha contraído compromisos con los amos y señores del mundo, y si ha perdido su tiempo en confusos proyectos. En este tiempo de gracia puede llegar —ha de llegar— la conversión, que es una certera dirección de la vida, un sólido punto de despegue, para luego elevarse, por encima de los intereses de la tierra, a la plena realización del hombre, que es el encuentro con su Dios. “Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis vuestro corazón. Por eso es el tiempo no sólo de oír, sino de escuchar, y con atenta devoción, la palabra del Señor”. Las tres tentaciones que padece Cristo en el comienzo de su vida pública, tienen un profundo significado, porque son tres puntos cruciales y vulnerables de la naturaleza humana: “la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida”. “haz que estas piedras se conviertan en pan”. El hambre es la palabra para señalar las necesidades, la pobreza real, la miseria. Cristo quiere que el hombre se afane en luchar para que el hambre, la pobreza y la miseria desaparezcan. “Todo esto te daré, si te arrodillas y me adoras”. Muy grande ejemplo de humildad nos da Cristo, al tolerar, permitir, que le propusiera el demonio semejante absurda necedad. Por amor al dinero y al poder, muchos se postran, idolatran. Servir al dinero o al poder, es perder para siempre la paz interior, la paz del alma y correr el riesgo de perder lo que verdaderamente vale. La tercera tentación está muy en consonancia con las muchas artimañas de este siglo de apariencias, de sensacionalismo, de afán de ganar trofeos, reconocimiento y aplausos. El hombre, siempre libre y continuamente tentado, tiene en el ejemplo de Cristo la enseñanza para salir victorioso. La ignorancia, la avaricia y el afán de poder, ocultan el rostro de Dios y ocasionan idolatrías. Cristo vencedor enseña al hombre a triunfar y reconocer que hay que adorar a dios y nada más que a Dios. José Rosario Ramírez M. La divina revelación “Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación”. (Dei Verbum 2). Si leemos y meditamos con atención y calma los precedentes conceptos tomados de la Constitución Dogmática Sobre la Divina Revelación, podremos comprender la importancia que tiene la Sagrada Escritura, conocida también como la Santa Biblia y Palabra de Dios, entre muchos títulos que se le han asignado a la Divina Revelación plasmada en ese maravilloso libro, o más bien conjunto de libros (de ahí, Biblia), y hasta conmovernos por ello. Importancia tal que para Jesús fue vital en su existencia, en su ministerio y en su enseñanza, ya que toda ella la sustentó, precisamente, en dicha Revelación. Durante su vida pública manifestó, con su coherencia de testimonio, dicha importancia, siendo fiel a carta cabal, al grado de afirmar a sus apóstoles que «Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió llevar a cabo su obra”. (Jn 4, 34). Y también afirmando: “El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió”.(Jn 14,24). Jesús vino al mundo para llevar a cabo el plan de salvación del Padre, el cual se había revelado en el Antiguo Testamento que Jesús, como hombre, estudió y aprendió desde pequeño e iluminado con la luz y la sabiduría del Espíritu, conoció y comprendió a profundidad. En el pasaje evangélico de este domingo vemos precisamente a Jesús usando como argumento la misma Palabra de Dios en su defensa ante las tentaciones de Satanás en el desierto. Que en esta Cuaresma que se está iniciando, el mismo Espíritu nos conceda los dones necesarios para amar, comprender y escudriñar esa Palabra Divina, y de esa manera la pongamos en un lugar privilegiado en nuestro corazón y nuestra vida cotidiana, viviéndola con autenticidad. Francisco Javier Cruz Luna Una oración Señor Jesús, hoy que estamos al inicio de la Cuaresma, quiero mirar de frente tu persona y aprender de tus ejemplos cómo es el comportamiento que más agrada a nuestro Padre Dios. Yo quiero de verdad ser lo máximo, y llegar a cumplir bien el ideal que mi ser de cristiano y de hijo de Dios me requiere. Desde ahora pondré un empeño especial en ser como Tú, ya que solamente así, tendré posibilidades de crecer en la fe, en lo espiritual hasta llegar a la excelencia y a la plenitud a la que me invitas con tu gracia y tu amor. MBS, fsp Temas Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones