Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | A la Epifanía se le da justamente el nombre de llamamiento universal

Jesús nació y se manifestó a todos los hombres

Por lo mismo a esta fiesta llamada Epifanía, que significa manifestación, se le da justamente el nombre de llamamiento universal

Por: EL INFORMADOR

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Esta fiesta, antes el 6 de enero, es el relato evangélico con el anuncio a todos los hombres, mediante una estrella, de la presencia del Hijo de Dios en la tierra, para salvar no sólo al pueblo escogido --el pueblo de Israel--, sino para salvar a todos los pueblos de toda lengua, raza y cultura.

San Mateo no precisa la fecha, ni el tiempo, ni el número de los magos, ni su condición; eran magos, hombres sabios, eran de Oriente, eso es todo lo que consigna.

Según una tradición de Siria y de Armenia, eran doce; según la tradición latina, eran tres, número simbólico de los continentes de entonces: uno de rasgos occidentales, blanco, de Europa; otro, de Asia; y con las características físicas del continente africano el tercero.Ya desde antiguo les dieron nombres: Melchor, Gaspar y Baltazar. Hicieron el largo peregrinar desde el Oriente, tal vez de China o de India.

Todo queda indeterminado porque el Evangelio es testimonio nada más, y el evangelista sólo pretendió dar a conocer lo esencial, que así como se manifestó primero a los judíos, al enviar el ángel a llevar la noticia a los pastores, los no judíos recibieron la noticia con el resplandor de una estrella.

San Pablo en su carta a los Efesios lo explica así:
“También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa de Jesucristo por el evangelio”

Por lo mismo a esta fiesta llamada Epifanía, que significa manifestación, se le da justamente el nombre de llamamiento universal.

El pueblo judío vivía ansiando la llegada de un salvador, un Mesías; los profetas lo anunciaban. Sería un renuevo del tronco de Jesé, padre de David, se sentaría en el trono de David su padre y su reino no tendría fin.

Pero muchos, ofuscados, esperaban un rey exclusivo para su pueblo, sólo para ellos y con tintes de un reino temporal, y cuando apareció en la tierra el esperado, sería el esperado de las naciones. Ciertamente sería rey, mas para un reinado universal y espiritual.

La peregrinación de los magos fue una búsqueda de un rey distinto de los reyes de los pueblos.

Ellos buscan un rey: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?”.

Y como es un rey superior a todos los reyes, ellos agregan: “Porque hemos visto su estrella y...

...hemos venido a adorarle”.

A quien buscan es a Dios, pues el culto de adoración sólo se le tributa a Dios.

El hombre venera con admiración y respeto a quienes han adquirido esa dignidad; así venera a la Madre de Cristo, los santos y personas virtuosas; mas adorar es el culto supremo exclusivo para el Ser que es el principio y el fin de cuanto ha habido, hay y habrá, el creador de lo visible y lo invisible.

Para ellos, para los magos, fue un gran regalo, una gracia, la aparición de la estrella; por ella encontraron a Dios. Eran, sin duda, hombres de buena voluntad, y atentos, humildes, inquietos captaron el signo, se dispusieron, emprendieron el camino y tuvieron que superar las pruebas, porque en cierto momento se les perdió la estrella, mas perseveraron, investigaron y de nuevo apareció la luz.

Todos los hombres, llamados
para encontrar a Cristo


La estrella sigue alumbrando ahora en el siglo XXI, como ha guiado a muchos en veinte siglos de cristianismo. La estrella es la fe. La fe es oscura, pero Dios usa incontables manifestaciones para darse a conocer a todos y a cada uno en particular. Hasta se podría afirmar que cada creyente ha tenido una manifestación propia, única, singular. Es un camino distinto para cada uno.

¿Cómo fue que este o aquel encontró a Cristo? Tal vez en una alegría, tal vez en una pena, tal vez en un acontecimiento, o en el encuentro con una persona.

La Iglesia, Pueblo de Dios en Marcha, es un conjunto de magos y todos van al encuentro de Cristo.

La fe no es tranquilizadora. Recorrer el camino de la fe es un proceso laborioso, difícil, libre, meritorio.

San Agustín luchó, sufrió, soportó los años de inquietudes, de dudas, de insomnios, antes de decidirse a recibir el bautismo.

La fe es una búsqueda más allá de este mundo cargado de atractivos y de respuestas fáciles sólo a los sentidos.

La fe es subir muy alto, a lo invisible, al infinito.

El ecumenismo es el
siglo de estos tiempos


Una agradable noticia en el Concilio Vaticano II fue esa actitud inspirada en el evangelio, de abrir la Iglesia puertas y ventanas y entrar en diálogo de sincera fraternidad, de amor con todos los hombres.

En el siglo primero de la Iglesia, Pedro predicaba y buscaba a los judíos; Pablo predicaba a los gentiles --los no judíos--- Esta es la Iglesia, abierta a todos los hombres de buena voluntad. Así pensaron los obispos.

“En nuestros días el género humano, admirado de sus propios descubrimientos y de su propio poder, se formula con frecuencia preguntas angustiosas sobre la evolución del mundo, sobre el puesto y la misión del hombre en el universo, sobre el sentido de sus esfuerzos individuales y colectivos,sobre el destino último de las cosas y de la humanidad” (Gaudium et Spes No. 3).

Ante el impacto áspero de la vida diaria, ante una realidad a veces deprimente, en el hombre de hoy surge una búsqueda, una inconformidad saludable. No está satisfecho, quiere algo más. Allí está el plan de Dios, y es este:

Elevar a los hombres
a la participación de la vida divina

Hoy como nunca, la Iglesia toma conciencia de que “nada verdaderamente humano deja de hallar eco en su corazón”, y se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia.

La Iglesia, pues, tiene ante sí el mundo; esto es la eterna familia humana, con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive.

La Iglesia es el ámbito de la vocación universal del hombre de este tiempo. La Iglesia es ahora estrella para encontrar al recién nacido.

La marcha de los magos es la marcha de la humanidad. Cada hombre es un peregrino, mas no se ha de caminar a ciegas. En la Iglesia está Cristo,es el Belén de ahora. La Iglesia guía, admira, nutre, sostiene.

A la Iglesia se le ha llamado “Sacramento de Salvación”: sacramento porque es signo sensible y conduce siempre al encuentro del Rey de los Judíos que nació en Belén.

José R. Ramírez Mercado

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