Viernes, 17 de Octubre 2025
Suplementos | La humanidad de hoy es una humanidad huérfana de padre

Humanidad huérfana

Todos los días nos damos cuenta de situaciones por demás absurdas y no sólo amorales, sino también antinaturales

Por: EL INFORMADOR

     Una de las definiciones más exactas de la persona humana, y que los católicos y cristianos en general creemos, es la que afirma que ésta es un espíritu encarnado. Esto infiere por tanto que la dimensión espiritual es la más importante y valiosa por sí misma, porque el espíritu del ser humano es infundido por Dios en el momento de la concepción, así como porque es la dimensión que permanece eternamente, la que no muere jamás.

     Es realmente preocupante, por tanto, para el futuro de la salud espiritual de la población, esa salud tan descuidada, minimizada y hasta negada. Y si la salud de una de las tres dimensiones que la conforman --las otras dos, como sabemos, son la física y la psicológica-- está disminuida o deteriorada, la salud y el bienestar general se verán afectados. Es preocupante, decíamos, cómo, conforme pasa el tiempo, el origen, el sentido y el valor del espíritu humano se tergiversan o se devalúan, al trastocarse, o de plano negarse, los valores trascendentales, morales y espirituales.

     Todos los días nos damos cuenta, a través de los diversos medios de comunicación, en los variados ámbitos laborales, familiares y sociales, de situaciones por demás absurdas y no sólo amorales, sino también antinaturales, y qué decir de su calidad de anticristianas.

     Así nos enteramos --lo decimos con el ánimo de aportar un poquito en la difusión de la Verdad que Jesucristo vino a predicar con su palabra, su ejemplo y su vida-- de que por oponerse a la esterilización masiva y sin la aprobación de las afectadas, han despedido a médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud; así como que se han entablado acciones judiciales a quienes se han opuesto a que menores de edad que --por la razón que sea-- han resultado embarazadas, permitan que sus pequeñitos sean arteramente asesinados por la práctica del aborto.

     También conocemos la aprobación de los matrimonios de personas del mismo sexo, y la pretensión de que sea considerada legal la adopción de niños y niñas por parte de estas personas; el pretender darle un cariz de normales a las relaciones homosexuales, contraviniendo a la propia naturaleza, ya no digamos al plan de Dios. Y así tantas y tantas realidades que de verdad deberían avergonzarnos.

     La causa principal de todo eso es que, en general, la humanidad de hoy es una humanidad huérfana de padre, al no reconocer a Dios como tal; por tanto, no es porque no lo tenga, sino porque muchos lo han ignorado, abandonado, subestimado y hasta renegado de Él. Y, ante tal cruel y fatal realidad, todo puede pasar.

     En el Evangelio de hoy, Jesús nos enseña a orar dirigiéndonos precisamente a ese Dios que es nuestro Padre, con la oración conocida como “el Padre Nuestro”, la cual, además de ayudarnos a saber dirigirnos a Él, nos ayuda a reconocerlo, aceptarlo y hablarle como tal; sobre todo, a vivir con coherencia con lo que decimos. Por ello:

     -- Digamos “Padre”, si cada día nos portamos como hijos y tratamos a los demás como hermanos.

     -- Digamos “nuestro”, si no nos aislamos con nuestro egoísmo.

     -- Digamos “que estás en los cielos”, cuando crezcamos en la dimensión espiritual y no pensemos sólo en lo material.

     -- Digamos “santificado sea tu nombre”, si amamos a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas.

     -- Digamos “venga a nosotros tu Reino”, si de verdad Dios es nuestro Rey y Señor, y trabajamos para que Él reine en todos los corazones y en todas partes.

     -- Digamos “hágase tu voluntad”, si la aceptamos y no pretendemos que sólo se haga la nuestra.

     -- “Digamos “danos hoy nuestro pan”, si sabemos compartir con los pobres y con los que sufren.

     -- Digamos “perdona nuestras ofensas”, si en verdad queremos cambiar y perdonar de corazón.

     -- Digamos “no nos dejes caer en tentación”, si de verdad estamos decididos a alejarnos del mal.

     -- Digamos “líbranos del mal”, si nuestro compromiso es por el bien.

     Y digamos “amén”, si tomamos en serio las palabras de esta oración.

     Nosotros podemos ayudar a que la humanidad reconozca y asuma la paternidad de un Dios que nos ama infinita, incondicional y eternamente, si confesamos y damos testimonio coherente ante los demás de que la vivimos.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx

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