Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | Tenemos que poner en las manos de Dios los errores que se han cometido a lo largo de la historia

Hacia un futuro prometedor

Conversión significa deshacernos de todo lo malo, del pecado, de lo que nos avergüenza y que quisiéramos olvidar

Por: EL INFORMADOR

     En el Evangelio se habla mucho de conversión. Pero hoy, todavía en un contexto fresco de Fiestas Patrias, con el sabor a gloria que nos ha dejado el Bicentenario, me parece muy bueno que ahondemos en el significado profundo de la palabra conversión, tal como el Señor Jesús quiso enseñarla y como la han interpretado algunos autores contemporáneos, que nos explican cómo el ser humano desde que nace va caminando hacia un futuro prometedor, pero acumula en sí mismo un pasado que inevitablemente lleva a cuestas.

     En un determinado momento, este ser humano decide despojarse de todo cuanto significa un peso decisivo, y llevar de su pasado, hacia su futuro, únicamente aquello que es significativo y bueno para él.

     Conversión, por lo tanto, es una opción.

     Por ella hay la posibilidad de dejar atrás el pasado, todo cuanto estorba, para avanzar decididamente hacia donde Dios nos invita y nos quiere llevar.

Sobre todo en forma personal significa deshacernos de todo lo malo, del pecado, de lo que nos avergüenza y que quisiéramos olvidar. Bien podemos poner todo eso en las manos amorosas de Dios, ya que Él sabe perdonar, consolar y aliviar todo aquello que nos duele en lo más hondo del corazón.

Comunitariamente, como sociedad, como nación, también necesitamos hacer un camino de conversión, mirando detenidamente cuáles fueron los ideales de aquellos hombres que lo apostaron todo y ofrendaron hasta sus vidas para darnos Patria.

     Tenemos igualmente que poner en las manos de Dios los errores que se han cometido a lo largo de la historia, para que Él los sane y purifique.

Es preciso rescatar lo bueno, renovar los ideales de justicia, libertad y fraternidad, que han germinado en nuestras mentes y en nuestros corazones, para hacerlos vivir y fructificar.

     Urge construir la paz y valorar el respeto a la vida.

     El ejemplo de nuestros antepasados no se pierde, y las palabras de Cristo Jesús no resuenan en el vacío.

     Todavía es posible aspirar a una vida plena, libre de ataduras y condicionamientos; todavía podemos luchar por la justicia, por la paz y por el amor, que son los ejes principales sobre los que gira todo el Evangelio.

     Si no cultivamos estos ideales, si no cumplimos la voluntad de Dios, si nos quedamos en palabras o mirando lo que hacen o no hacen los otros, en vano nos llamamos cristianos, en vano nos decimos patriotas, en vano nos creemos grandes.

     La condición que el Señor pone es la fe, aunque sea pequeñita, como el grano de mostaza, pero sincera y activa.

     Fe en su Palabra, fe en su amor fe, decidida que lleva a una acción constructiva del Reino de Dios en este mundo, en nuestro México. Todos estamos llamados a dar nuestro aporte, cada uno tiene un lugar, a cada quien  se le ha confiado una parcela en la obra de Dios, y de que cada uno cumpla bien su parte, depende que el futuro sea luminoso y traiga consigo lo bueno y lo mejor que vamos anhelando.

Y luego Jesús nos dice que si cumplimos bien la parte que nos toca, Él mismo nos espera con un premio en las manos, como al peón o al pastor que regresa cansado de las labores del día y dice: “tan sólo he cumplido con una obligación; pero el Señor dice: “Es verdad; no obstante, ven, siéntate, que yo mismo voy a servirte una comidita caliente y una bebida refrescante...”.

     Por lo tanto, no es ocioso decir que el futuro está en nuestras manos, que si queremos seguir cultivando el ideal de la independencia que nos puede dar la verdadera libertad, tenemos que ponernos en pie y decidirnos a ser protagonistas, no esperar que las cosas caigan del cielo o que nos las den ya hechas.

     Los campesinos lo saben: no basta tirar la semilla, hay que abonarla, cultivarla para cosechar el buen fruto.

     Ni siquiera las cosas divinas que son tan gratuitas de parte de Dios, se nos dan sin que pongamos de nuestra parte la fe, el entusiasmo y el amor.

María Belén Sánchez  fsp

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