Suplementos | 2 de mayo 2010 Hablar de amor Cuando una persona se enamora, todo el mundo y la vida cambian de forma y de color Por: EL INFORMADOR 30 de abril de 2010 - 13:22 hs Cuando una persona se enamora, todo el mundo y la vida cambian de forma y de color. Ya es posible salir cantando y realizar lo bueno y lo mejor. Hoy toca hablar de amor, aunque hablar de amor tendría que ser la tarea y el compromiso de todos los días, de todos los momentos y de toda la vida; porque la vida humana se realiza en el amor, o no sirve para nada. Hace ya más de dos mil años que vino Jesús a decirnos, a explicarnos estas cosas, y todavía no lo hemos entendido. Dos milenios que los seguidores de Cristo Jesús nos han insistido en este tema y no acaba de convencernos, a pesar de que lo hemos visto y comprobado en infinidad de ocasiones. Lo que acaso no hemos llegado a entender es de qué se trata verdaderamente cuando el Señor Jesús nos habla de amor, porque nosotros hemos ido deteriorando y minimizando la palabra y su real significado hasta vaciarla de su contenido original y primigenio, el cual tiene su origen en Dios y nos muestra el camino para llegar a Él mediante la vivencia del amor. Si de veras aprendiéramos a vivir de amor y en el amor, no habría en nuestro mundo guerras, ni luchas racistas, ni envidias… No habría pugnas entre los pueblos. No habría asesinatos ni crímenes ni otros atentados contra la vida. No habría personas injuriadas, ofendidas y humilladas. No habría mujeres maltratadas, ultrajadas ni utilizadas por la fuerza. No habría niños abandonados, abusados ni profanados. No habría niñas violadas, deshonradas ni burladas… En fin, son tantos y tantos los pecados que se cometen contra el amor, que llegan a acumularse socialmente hasta formar una nube negra de angustia y pesimismo, que nos impide ver lo bueno y descubrir el camino para llegar a ser felices. El amor que Jesús nos enseña es el mismo de Dios Padre que crea y hace maravillas, que se nutre de respeto, condescendencia, comprensión, ternura, cariño, dulzura, bondad, generosidad, indulgencia, misericordia, perdón y mucho más. Por eso, Jesús nos dice que el amor de Dios es el único que puede darnos la perfecta alegría. Dios es amor, y todo cuanto de Él emana es amor. Ahora bien, si lo que nosotros llamamos amor no entra dentro de los parámetros divinos, podríamos llamarlo con cualquier otro nombre, menos amor. Dios nos ha elegido así como somos para amarnos ilimitadamente; Él es fiel, pero también pide respuesta de la misma calidad, y una fidelidad semejante a la suya. Dios nos ama incondicionalmente, pero como sabe de qué barro somos, también se compromete a perdonarnos. El amor puede perdonarlo todo, menos el no ser amado. En este amor podemos fincar una seguridad inconmovible, porque ser cristiano es creer y vivir el amor que Cristo le comunica y le hace permanecer en los ámbitos de la verdad y de la fe, allí donde todo el ser se transforma y se hace uno con Cristo Jesús, con Dios y con toda la humanidad que ama. Ser fieles al amor es un compromiso ineludible, pero no basta decirlo con palabras, ni podemos vivirlo sin decirlo. Es necesario también saber hablar de amor, en forma correcta, concreta y adecuada como lo hizo Jesús. Es necesario cultivar el amor en el corazón, dejar que la semilla que Dios ha sembrado germine y florezca, que llegue a dar frutos, y esos frutos serán las palabras que vamos dejando salir de nuestros labios y de nuestro corazón, para que se vuelvan también semillas que se siembren y produzcan más amor que tenga la misma calidad que el amor de Cristo. Empezamos el mes de mayo y tenemos que seguir hablando de amor. Es inevitable, es indispensable si queremos que nuestro mundo se salve, que logre iluminarse y ser feliz. María Belén Sánchez Bustos fsp Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones