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Viernes, 15 de Noviembre 2019
Suplementos | Es muy interesante leer la vida de Juan el Bautista, quien fue enviado por Dios como un mensajero que debía preparar el camino a Jesús

Gritando en el desierto

El mensaje de Juan fue muy congruente tanto en su manera de vestir, comer, hablar y vivir

Por: EL INFORMADOR

     Es muy interesante leer la vida de Juan el Bautista, quien fue enviado por Dios como un mensajero que debía preparar el camino a Jesús. Todo era peculiar en él: no se vestía con las telas usuales para la gente, sino que estaba vestido con una piel de camello, y una correa de cuero a la cintura; tampoco comía lo que la mayoría de las personas consumían, sino que se alimentaba de saltamontes y miel silvestre; tampoco escogió como lugar de predicación de su mensaje el patio del Templo de Jerusalén, o una sinagoga, sino que se dirigió al desierto de Judea, y aprovechó las aguas del río Jordán para bautizar a sus seguidores, cosa que ningún profeta había hecho antes.
    ¿Por qué escogió Juan el Bautista esa manera de vivir? ¿Era una especie de “rebelde sin causa” de su tiempo? ¿Quería dar un mensaje con su manera de vestir y comer? ¿Pensaba iniciar un nuevo grupo radical entre sus simpatizantes?
    Juan entendió que su labor era como precursor de alguien que, una vez llegado, opacaría para siempre su ministerio; el mismo Juan dijo una vez: “Conviene que Él (Jesús) crezca, y que yo mengüe”. La labor del profeta Juan era, entonces, sólo preparar el camino para que la gente estuviera dispuesta a recibir el mensaje de la salvación que escucharía en labios de Jesús de Nazaret.
    El mensaje de Juan fue muy congruente tanto en su manera de vestir, comer, hablar y vivir: en todo momento su manera de vivir gritaba “¡cambien, arrepiéntanse, dejen sus comodidades y sus afanes, para que puedan encontrar el camino de la salvación!”.
    Para esos tiempos (y también en los actuales), la gente estaba muy interesada en comer bien, vestir bien, tener toda la comodidad posible y escuchar palabras que les endulzaran el oído; por eso Dios mandó una voz que sacudiera sus conciencias cauterizadas, y que les desafiara para buscar vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios.
    El desierto era un lugar inhóspito, lleno de animales salvajes e incomodidades. Juan escogió ese lugar para que la gente no tuviera una banca dónde sentarse, o una sombra que le cobijara. Ahí, en medio de la incomodidad, la gente era tocada por el mensaje de Juan y, arrepentida, confesaba sus pecados, se bautizaba en las aguas del río y regresaba a casa con el propósito de vivir de una manera diferente. Esta actitud era la mejor preparación para que su corazón que una vez estuvo endurecido, pudiera recibir las palabras de vida eterna que un poco tiempo después escucharían de los labios de Jesús.
    En nuestra vida actual, Dios prepara algunos “desiertos” que despierten nuestra conciencia, para que dejemos los afanes y el egoísmo, y nos volvamos a Dios para conocer cuál es su voluntad. En estos tiempos casi nadie le pide a Dios su opinión para tomar decisiones importantes, tales como casarse, elegir una carrera o un trabajo, iniciar un negocio, y muchas cosas más.
    Muchos piensan que a Dios quizá no le interesan ese tipo de detalles de nuestra vida, y otros pensarán que no es asunto de Dios meterse en nuestra privacidad. Pero Dios es dueño de nosotros por ser nuestro Creador, y además tiene la sabiduría y el amor perfectos para guiarnos a las decisiones que nos proveerán una vida en abundancia.
    Si Él te está hablando a través de algún “desierto”, no cierres tus oídos a su amorosa voz.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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