Suplementos | Rolls Royce Ghost Genio y figura... Hoy, 34 años después, sigo apasionado por los autos y estoy cada vez más enamorado de los Rolls-Royce. Bien dice el dicho: “Genio y figura, hasta la sepultura” Por: EL INFORMADOR 11 de febrero de 2012 - 02:30 hs GUADALAJARA, JALISCO (11/FEB/2012).- Finales de Julio, una mañana soleada, calurosa y bella. Llegamos a esa magnifica plaza. Yo no veo ni el famoso hotel ni el aún más famoso casino. ¿Cómo verlos si el lugar está lleno de autos maravillosos? Todos entran a la obligada visita al famoso casino. Yo me quedo afuera, contemplando las bellezas ahí reunidas: un Adler, un Ferrari, al menos dos Jaguares, un Alfa con carrocería de Zagato, un montón de Mercedes, ¡caray, hasta un Hispano-Suiza! ¡Esto es increible! Tomo varias fotos. “La del Hispano-Suiza con sus puertas abiertas se verá genial, y la del Adler justo frente al casino, será memorable. ¡Juaraba que los Adler eran más grandes! Pero ¿Qué es eso? Un Rolls-Royce Silver Cloud se acaba de estacionar en el centro de la plaza, junto al Jaguar XK-E. ¡El primer Silver Cloud que veo en mi vida!”. Corro emocionado, le tomo un par de fotos. “¡Julio, calmado, hay que cuidar los rollos fotográficos pues el viaje apenas comienza! Pero, es que con tanto coche, ni cómo aguantarse...” “¡Qué bonito está este Silver Cloud! Plata sobre negro, una combinación muy típica para este tipo de coche. ¿Será un Silver Cloud I o un II? La parrilla se ve casi igual, aunque el II traía el primer V-8 de la marca, y su parrilla era ligeramente menos alta.” La serie de los Silver Cloud (I, II y III) fueron importantes para consolidar a la marca en los años 50 y principios de los 60. “Se ven tan elegantes, con su carrocería tan bien diseñada, tan regia. No como sus sucesores los Silver Shadow, o como ese Bentley T que se acaba de estacionar. A ese mejor ni foto le tomo, ¡no vaya a ser que me quede sin rollo!”. Y pensar que hoy en día se ven cada vez más bonitos esos Silver Shadows que desdeñé en ese momento. Aunque, los Silver Cloud me siguen gustando más, especialmente el III, con sus faros dobles. En eso, veo una limousina Rolls-Royce Phantom VI, con lo que debe de haber sido una familia de la India, rodeando la plaza para recoger a alguien en las puertas del casino. “¡Córrele Julio, por lo menos para que alcances a sacarle una foto, aunque sea de lejos!. ¡Qué carrazo!” Las Phantom VI fueron las últimas limousinas de Rolls-Royce construidas de la forma tradicional, completamente a mano y con todo el cuidado del mundo. Son parecidas a las que tiene la casa real inglesa, y que se ven cada vez que se casa uno de sus miembros. Enormes, imponentes, de diseño muy tradicional y muy, muy caras. “Pero esta foto va a salir toda movida, apenas si se paró la limousina cuando ya se estaba yendo. ¡Quién fuera uno de esos mocosos que iba dentro de semejante auto!”. “¡Oooooorale, un Lagonda azul se acaba de estacionar frente a la puerta del hotel! ¡Qué suerte! Esta foto si va a quedarme bien. Qué bonito está este coche, se le nota la mano de W.O. Bentley por todos lados. Si le saco una foto de perfil va a lucir más el fondo, pero que se mueva la gente. ¡Ah, bola de estorbosoooooos...! ¡No lo puedo creer, mira Julio, ese Rolls-Royce que acaba de llegar! ¿Será un Phantom I o un Phantom II? ¡Está precioso! Se va a estacionar detrás del Lagonda. ¡Bien, ésta será otra foto de concurso!”. El chofer, un señor de unos 60 años, se baja del Rolls-Royce y se queda en la puerta del hotel, platicando con alguien. Me acerco al coche, esta lleno de gente viéndolo. Su carrocería es convertible, muy deportiva, y muy bonita. “¡Qué calidad de pintura! Me puedo ver perfectamente reflejado en ella. ¡Julio, aguas con la cámara, no vayas a rayarlo! A ver, el interior es.....¡ah caray, el coche está encendido!”. Al acercarme para ver el interior mi muslo tocó la salpicadera del coche, y fue la vibración del coche la que me hizo saber que estaba prendido. “¡Pero, no se oye nada, este coche es impresionatemente silencioso!”. En un famoso anuncio de Rolls-Royce se decía que lo único que se escuchaba dentro de uno de ellos era el tic-tac del reloj. ¡Impresionante! Sí, muchas de las fotos salieron bien, aunque la mejor fue la del Hispano-Suiza. El año fue 1978, el lugar: Monte Carlo, con su famoso casino y su lujoso Hotel de París. Muchos de esos autos traían placas del Rallye de Monte Carlo. Yo era un mocoso de 16 años, apasionado por los autos y enamorado de los Rolls-Royce. Hoy, 34 años después, sigo apasionado por los autos y estoy cada vez más enamorado de los Rolls-Royce. Bien dice el dicho: “Genio y figura, hasta la sepultura”. Temas Autos Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones