Lunes, 10 de Noviembre 2025
Suplementos | (Primera de dos partes)

Frobisher y el espejismo del estrecho

El comercio desde Europa con China, India y Japón era intenso y se requerían nuevas rutas con aquellas naciones

Por: EL INFORMADOR

El paso del Océano Atlántico hacia el Pacífico, por el norte del continente americano, fue desde los inicios de la conquista una incógnita que tardo muchos años en ser resuelta. Y el objetivo de lograr este periplo era acortar la distancia entre Europa y Asia, es decir, que los viajes comerciales entre estos dos continentes no fueran tan largos en tiempo ni en distancia, ni tan costosos además de extenuantes; casi siempre morían marineros por el escorbuto y la deshidratación.

. Hasta antes del siglo XVI, se habían hecho varios intentos, incluso se llegaron a constituir compañías dedicadas exclusivamente a la búsqueda de rutas tanto marítimas como terrestres. Se habían hecho varios intentos por el norte de Rusia, por el sur de África, por tierra a través del Oriente medio, y no siempre se obtuvieron resultados positivos, además de que si una nación lograba descubrir una ruta eficaz, las demás gobiernos tenían que pagar derechos para usarla (especie de aduanas) y no siempre resultaba redituable, por lo que se empeñaban seguir buscando nuevos caminos.

Después del descubrimiento de América por los europeos, éstos suponían que yendo por el norte de América (Paso del Noroeste) se podía llegar rápidamente a Japón y China; el viaje por aquellas gélidas tierras era verdaderamente arriesgado, los hielos flotantes parecían guardianes que resguardaban su mar, su frío mar al que no cualquiera podía entrar. El marinero inglés Martin Frobisher fue uno de los que dedicó gran parte de su vida a la incesante búsqueda del Paso, del que ya hemos  hablado en entregas anteriores.

Frobisher nació en York, Inglaterra, alrededor de 1535; luego de haber quedado huérfano de padre a muy corta edad, fue enviado a Londres y pronto se vio embarcado en una expedición comercial a Guinea, en la costa africana. Adquirió valiosa experiencia en los menesteres del mar y, luego de enterarse de las riquezas del Catay (China), de las que todo mundo hablaba en Europa, especialmente por el reciente descubrimiento de América, se propuso atravesar el ya famoso Paso del Noroeste.

La reina Isabel de Inglaterra apoyó su proyecto, el cual sería de tres viajes; luego de largos años consiguió también el apoyo de la Compañía moscovita (de la que ya dimos noticia antes) y preparó su primera expedición. Se le proporcionó equipo, tripulación y barcos, el Gabriel y el Michael, además de otra pequeña embarcación (pinaza). En junio de 1576 salieron de Blackwell, Londres, con rumbo al sur de Groenlandia. Los problemas no fueron pocos, para los 35 tripulantes esta etapa fue dura. La pequeña pinaza había naufragado y el Michael desertó porque no soportó los embates de las mareas. Al parecer, regresó a Londres y dio noticia de lo que había sucedido.

El Gabriel, Frobisher y la tripulación restante, continuaron hacia el Paso, dejaron atrás Groenlandia y atravesaron el estrecho de Davis, y entre éste y el estrecho de Hudson, se toparon con la Isla Revolución y luego la Tierra de Baffin, al noreste de Candá. Encontraron luego una amplia bahía que Frobisher creyó era el tan anhelado Paso del Noroeste. Luego de recorrerla, no en su totalidad como para descubrir que era un “callejón sin salida”, lo bautizó entonces  como “Estrecho de Frobisher”, creyendo que era esa la vía para llegar al océano Pacífico, y tratando de emular lo que en 1520 había hecho Magallanes con su “Estrecho”, en el sur del continente.

Al entrar en contacto con un grupo de esquimales de la región tuvieron fuertes conflictos en los que perdieron algunos marineros quedando sólo trece ingleses en total. Frobisher entonces tomó a uno de los nativos inuits prisionero y pidió que le regresaran a sus hombres, y ante la negativa, lo llevó con él a Inglaterra. El indígena inuit les pareció tener rasgos de los tártaros mongoles: “los esquimales son como los tártaros, con cabello largo y negro, caras anchas y narices aplastadas”, es por ello que les sirvió como prueba de que efectivamente aquel “estrecho” era la conexión entre Asia y América, por lo que la compañía le financió otro viaje en el que descubrió algo parecido al oro, de lo que hablaremos en nuestra siguiente entrega.

Cristóbal Durán
ollin5@hotmail.com

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