Suplementos | Ser verdadero discípulo de Jesucristo, es algo humanamente imposible Estemos atentos Es una realidad que el ser verdadero discípulo de Jesucristo, es algo humanamente no sólo difícil, sino imposible Por: EL INFORMADOR 13 de noviembre de 2010 - 07:44 hs En muchos pasajes del Nuevo Testamento encontramos hechos, sentencias y advertencias que constatan esta afirmación. El mismo Maestro nos reveló, tanto con sus hechos --Él como modelo, como ejemplo de vida, como testigo de lo que predicó-- como con sus palabras, en tantas ocasiones que así lo proclamó ante sus apóstoles y seguidores. Ya desde muy pequeño fue objeto de persecución y de amenazas de muerte, cuando Herodes manda matar a los infantes con la intención de que Jesús estuviera entre ellos. Durante su vida pública, en muchas ocasiones los judíos tramaron su muerte e hicieron lo posible para lograrla; sin embargo, como no había llegado su tiempo, siempre salió bien librado: “Se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino” (Lc 4, 29-30). Finalmente fue condenado a muerte, para librar a la humanidad del castigo y la muerte eterna, y así todo aquel que crea en Jesús y se convierta a Él y lo siga como discípulo suyo, en contraproposición tendrá la vida eterna (Cfr. Jn 6, 40). Mas, como lo decíamos al principio, seguir a Jesús es imposible, si Él no llama a ese seguimiento y si no se recibe la unción del Espíritu Santo, quien da la sabiduría, la fortaleza y el poder para afrontar todo lo que por su seguimiento se deriva: persecuciones, traiciones, dolor, sufrimiento y hasta la muerte si se recibe la gracia del martirio. Jesús mismo lo advirtió a quienes se decidirían por seguirlo, como lo señala el pasaje evangélico de este domingo: “Serán traicionados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos, y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre”.Y también afirmó que: “El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuanto más a los de su casa! El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño” (Mt 10, 24). Después de Pentecostés, cuando los Apóstoles empiezan a predicar la Buena Nueva del Evangelio, no tardaron mucho en darse las persecuciones y los ataques en contra de ellos. En los Hechos de los Apóstoles y en las cartas de San Pablo encontramos varias expresiones que hacen referencia a ello. Bástenos algunas, hechas por San Pablo de manera dramática: En la segunda carta a los Corintios, capítulo 11, versos 23 al 27, señala: “Con frecuencia estuve al borde de la muerte: cinco veces fui azotado por los judíos con los treinta y nueve golpes, tres veces fui flagelado, una vez fui apedreado, tres veces naufragué y pasé un día y una noche en medio del mar. En mis innumerables viajes pasé peligros en los ríos, peligros de asaltantes, peligros de parte de mis compatriotas, peligros de parte de los extranjeros, peligros en la ciudad, peligros en lugares despoblados, peligros en el mar, peligros de parte de los falsos hermanos, cansancio y hastío, muchas noches en vela, hambre y sed, frecuentes ayunos, frío y desnudez”. Es claro que, insistimos, no es nada fácil ser cristianos de verdad; es decir, seguir con autenticidad a Jesucristo, como algunas corrientes de pensamiento o algunas doctrinas sectarias que lo predican de una manera exclusivamente triunfalista; a un Cristo resucitado, sí, victorioso, sí, pero soslayando la cruz y todo lo que ella representa, lo que suscita la vivencia de lo que hoy se conoce como un “cristianismo light o ligero”, que proclama a un Salvador y Señor todopoderoso, misericordioso, portentoso y milagroso, pero al margen de aquello que le hizo ganar esos títulos, como dice la carta a los Filipenses: “Se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre” (2, 8-9). Estemos atentos para no confundirnos ni dejarnos llevar por esas corrientes y esas doctrinas. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones